
Cada 19 de agosto la Iglesia católica celebra a San Ezequiel Moreno y Díaz, religioso agustino recoleto nacido en España y obispo en Colombia, cuya memoria litúrgica quedó unida a su condición de patrono e intercesor de los enfermos de cáncer porque murió a causa de esa enfermedad en 1906, tras una operación fallida en su país natal.
Según ACI Prensa, fue beatificado en 1975 por el papa san Pablo VI y canonizado el 11 de octubre de 1992 por san Juan Pablo II durante la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, en República Dominicana, en el marco del V Centenario de la Evangelización del Continente Americano.
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Ezequiel Moreno Díaz nació el 9 de abril de 1848 en Alfaro, en La Rioja, España. Fue hijo de Félix Moreno y Josefa Díaz, una familia humilde y devota que, de acuerdo con la publicación, marcó desde la infancia su inclinación hacia la vida religiosa.
Durante la adolescencia, esa disposición tomó una forma concreta: en más de una ocasión dejó de asistir a fiestas del pueblo para cuidar a amigos o familiares enfermos. Después de pasar la noche velando por otros, retomaba sus hábitos juveniles, entre ellos cantar y tocar la guitarra.
Con 16 años, siguió el ejemplo de su hermano mayor Eustaquio e ingresó al convento de los agustinos recoletos de Monteagudo, en Navarra, el 21 de septiembre de 1864.
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Un año después hizo su profesión religiosa y, cuatro años más tarde, fue destinado a Filipinas como misionero.
Allí completó su formación y fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1871. Tiempo después fue enviado junto con su hermano a la isla de La Paragua, hoy Palawan, donde evangelizó a sus habitantes hasta que contrajo malaria, una enfermedad que entonces solía ser mortal y que lo obligó a regresar a Manila para interrumpir su ministerio.

En 1876 fue nombrado párroco de Lespinasse. Cuatro años después pasó a ser predicador conventual en Manila y asumió la administración de una finca de los agustinos recoletos en Imus, desde donde impulsó obras de caridad.
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En 1888 regresó a Monteagudo como prior. Durante tres años trabajó en la formación de los novicios, con énfasis en la espiritualidad agustiniana y en el amor a los pobres; en ese período, él y la comunidad redujeron varias veces sus raciones de comida para abastecer a mendigos y personas sin hogar.
A comienzos de la década de 1890 volvió a partir como misionero, esta vez hacia Bogotá, en Colombia, donde vivió cinco años con austeridad como provincial de su orden. En ese tiempo predicó, atendió enfermos y realizó viajes a Casanare, una región poco explorada entonces, para evangelizar y administrar los sacramentos.
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En 1894 fue nombrado obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare. Como obispo puso en marcha el programa de trabajo “Dios y Colombia” y mantuvo sus visitas a zonas apartadas o de difícil acceso, guiado por una frase que el medio recoge como emblema de su tarea: “Una sola alma vale más que toda mi vida”.
Dos años después, en 1896, fue designado obispo de Pasto. Sus prédicas contra los malos políticos y contra doctrinas que consideraba confusas, como el liberalismo, desataron ataques de adversarios que, según el diario, incluyeron incluso a algunos obispos que lo cuestionaron desde la prensa local.
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La respuesta de Ezequiel Moreno ante esas agresiones fue mantener la misericordia hacia quienes lo criticaban e incluirlos en sus oraciones. Esa firmeza, unida a su actividad misionera en América Latina y Filipinas, sostiene la veneración que lo presenta como uno de los grandes apóstoles de la evangelización en ambas regiones.
En 1905 le diagnosticaron cáncer. A pedido de sus hermanos y de personas cercanas, viajó de regreso a España para someterse a una operación, pero la intervención fue muy dolorosa y no tuvo éxito.

Su salud se deterioró de forma progresiva, aunque continuó con la oración. Entre las palabras que se le atribuyen en ese tramo final de su vida figura esta súplica: “Dios mío, dame valor para sufrir por ti”.
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San Ezequiel Moreno murió el 19 de agosto de 1906. La fecha de su fallecimiento es la misma en la que hoy se lo recuerda como patrono de los enfermos de cáncer.