29 de agosto, 2026 - 07h30

El 5 de agosto de 1938, Ecuador promulgó su primer Código del Trabajo. Era otro Ecuador: la economía era predominantemente agrícola; la industrialización apenas comenzaba; las preocupaciones giraban alrededor de jornadas largas, ausencia de vacaciones y condiciones laborales precarias. El Estado intervino para equilibrar una relación empleador-trabajador.

El Código de Trabajo fue pensado para una economía de fábricas. Hoy convivimos con teletrabajo, plataformas digitales, inteligencia artificial, automatización y profesiones que ni siquiera existían hace una década. Seguimos respondiendo preguntas del siglo XXI con herramientas diseñadas para el siglo XX.

A veces, las instituciones o las leyes que nos rigen no cambian cuando cambia la realidad sino cuando ya no pueden ignorar que la realidad es otra. Tomemos el ejemplo del sucre. Antes de que Ecuador dolarizara oficialmente su economía, los ecuatorianos ya habían empezado a dolarizarla. Durante más de un siglo, el sucre fue la moneda del país. Pero llegó un momento en que la realidad económica había cambiado tanto que mantener el sucre se volvió insostenible. En 1999 perdió 67 % de su valor frente al dólar y, para enero de 2000, la cotización llegó a 25.000 sucres por dólar. La economía ecuatoriana ya se había adelantado a la decisión política: antes de la dolarización oficial, una parte importante de las transacciones, depósitos y créditos ya se hacía en dólares. A finales de 1999, el 56 % de los depósitos y 66 % de los préstamos estaban en dólares.

En su momento, sucretizar y luego dolarizar la economía fueron conquistas socioeconómicas enormes. Lo mismo ocurrió con la promulgación del Código del Trabajo. Pero, así como los trabajadores se jubilan, las leyes también.

Las instituciones exitosas son las que conservan sus principios, pero se atreven a adaptarse cuando cambia la realidad. Una ley no es la excepción. El Código del Trabajo ha sido reformado una y otra vez durante 88 años, pero no hemos hecho la pregunta incómoda: ¿cuándo una reforma deja de ser suficiente y llega la hora de jubilar la ley?

El desempleo nacional es de apenas 3 %. Esta es una cifra que, vista de manera aislada, parecería una excelente noticia. Sin embargo, el empleo adecuado apenas alcanza alrededor del 36,6 % de la población económicamente activa. La formalidad es tan cara que la mayoría del empleo se esconde en la informalidad, con la ironía de que el Código del Trabajo no protege a esos trabajadores. El problema del Ecuador ya no es únicamente cuántas personas trabajan. Es cómo trabajan. Para un joven, el mayor temor no suele ser perder un empleo estable, sino nunca conseguir el primero.

En 1938 el Estado preguntaba: ¿cómo protegemos al trabajador del abuso? Hoy la pregunta debería ser: ¿cómo protegemos al joven de la falta de oportunidades? Las leyes laborales nacieron para proteger al trabajador. La tarea hoy es que además protejan la oportunidad de encontrar trabajo.

Hay que jubilar al Código del Trabajo. No porque sus principios hayan dejado de ser válidos, sino porque el Ecuador para el que fueron diseñados dejó de existir. (O)