David y Luis David Carrasco llevaban ya días luchando contra el incendio en su localidad de residencia, la abulense Casillas, asediada por las llamas. Pero la noche del domingo al lunes no la olvidarán. El fuego llegaba a apenas unos metros de su vivienda y amenazaba con llevársela por delante, junto al resto del pueblo. 

Horas antes, los dos habían estado trabajando mano a mano haciendo un contrafuego en una zona del municipio conocida como Las Apreturas, donde, según cuentan a 20minutos, el fuego estaba prácticamente controlado. No obstante, explican que fueron evacuados de ese lugar tras recibir un aviso de que las llamas les rodeaban. "Si no hubiese sido por eso, el incendio lo habríamos parado mucho antes de que llegara al pueblo", sostiene Luis David.

Por la noche, un pregón alertó de que era posible que el incendio alcanzase el casco urbano. Desde la plaza de la localidad vieron cómo las llamas coronaban los pinos y comprendieron que el peligro era real e inminente. "Pensaba que nos quedábamos sin pueblo", recuerda David. Fue entonces cuando padre e hijo organizaron a los vecinos para proteger el perímetro de las viviendas y evitar que el fuego entrara en el núcleo del municipio.

Antes de que el fuego pudiera entrar a las primeras viviendas, Luis David intentó junto a otros vecinos frenar su avance aprovechando las carreteras de acceso al municipio. Al comprobar que no se detenía, decidieron reorganizarse y distribuir a los voluntarios alrededor del perímetro del pueblo para impedir que las llamas entraran al casco urbano.

Según relatan padre e hijo, la defensa de esa zona recayó prácticamente por completo en los vecinos. David asegura que al lugar donde se encontraban, una franja de seis o siete chalets situada en la parte más alta del pueblo, no llegó ningún medio de extinción durante los momentos de mayor peligro. "Aquí no apareció ningún medio de nada, todos fueron voluntarios del pueblo", recuerda. 

Luis David también cuestiona algunas de las decisiones adoptadas durante la emergencia y considera que la estrategia empleada en ese sector no fue la más adecuada. A su juicio, la prioridad debía ser proteger las primeras viviendas que iban a recibir el impacto del fuego. Pese a ello, destaca que la coordinación entre los propios vecinos permitió contener el avance de las llamas hasta la llegada de una situación más favorable.

Fue con herramientas rudimentarias como azadas, rastrillos y mangueras domésticas con lo que ambos consiguieron contener unas llamas que ya estaban a solo 40 metros de las casas, incluida la suya. Luis David admite que sintió "impotencia" al ver que podían perderlo todo cuando creían que el incendio ya estaba controlado, aunque finalmente consiguieron salvar tanto su vivienda como el resto del pueblo. Ambos alaban y destacan el esfuerzo de todos los voluntarios que permanecieron durante toda la noche defendiendo la zona.