(260719) -- NUEVA YORK, 19 julio, 2026 (Xinhua) -- Jugadores de ambos equipos se alinean previo al partido final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 entre España y Argentina, celebrado en el Estadio Nueva York Nueva Jersey, en Nueva York, Estados Unidos, el 19 de julio de 2026. (Xinhua/Chen Yichen) (rtg) Chen Yichen
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SEÑOR DIRECTOR:

Terminó el Mundial y quedó una sensación difícil de discutir: fue uno de los campeonatos que menos entusiasmo despertó en décadas. Atrás quedaron esos tiempos en que los hinchas veían desde el partido inaugural hasta la final. Esta vez, muchos recién se conectaron en cuartos de final.

No faltó fútbol, pero sí emoción. La expansión del torneo terminó diluyendo el atractivo de una primera fase y con escasos encuentros memorables. De hecho, las conversaciones giraron más en torno a las intervenciones de la FIFA, la presencia del presidente de EE.UU. y las polémicas externas que sobre partidos destinados a quedar en la historia. El interés masivo apareció recién al final, cuando el margen de error desaparece y los encuentros comienzan a adquirir verdadero dramatismo.

Pero este Mundial deja una lección para Chile. Ver competir a selecciones como Curazao, Cabo Verde, Uzbekistán, Jordania o Haití no responde a la casualidad. Detrás hay planificación, trabajo formativo y dirigentes capaces de sostener un proyecto en el tiempo.

Mientras otros países construyen su futuro, el fútbol chileno sigue buscando soluciones de emergencia para problemas estructurales. Ojalá nuestros dirigentes entiendan el mensaje. El próximo Mundial no comienza el día del sorteo. Comienza hoy, con decisiones inteligentes, un plan serio y la convicción de que el éxito no se improvisa. El cambio de entrenador no es la única solución.

Porque los mundiales no solo coronan campeones; también dejan al descubierto a quienes hicieron la tarea y a quienes siguieron viviendo de los recuerdos. El fútbol no premia la nostalgia: siempre termina recompensando el trabajo.

Juan Francisco Ortún

Periodista y académico U. Central

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