Osamenta y Patria, obra que acabamos de estrenar en el bellísimo y entusiasta Teatro del Pueblo, intenta dar cuenta de distintos temas, entre los más visibles están: la idea de patria, el viaje, la búsqueda y sobretodo la diferencia. Probablemente lo que me resulta más interesante de este material es eso, la diferencia. Todos los personajes tienen algo particular, algo extraño que los hace artefactos únicos. Esto podría ser una obviedad, todos los personajes de la dramaturgia universal tienen la vocación, probablemente la más importante, de ser singulares, de ser únicos, pero en este caso lo interesante es que lo particular es en sí y también es en el sistema de relaciones que hace que estén juntos, es decir que formen parte del mismo universo. Un sistema de relaciones que se inspira en una forma clásica de escritura, la querida e inefable narrativa del camino, el relato de carretera o como prefiere llamarlo el cine, no sin cierta pretensión de hallazgo: road movie. Y a mí se me viene siempre a la cabeza La Odisea como origen de este tipo de historias, pequeñas odiseas que permiten estas licencias poéticas… Es en el camino, como en la vida misma, que uno se cruza con todo tipo de personajes, desde Polifemos a Circes, desde Calipsos a encantadoras sirenas y es con ellos que construye un episodio y luego sigue el viaje. A lo mejor la efectividad de la estructura tenga que ver precisamente con eso, es un tipo de relato completamente disparatado pero que se parece mucho a la vida misma.

En el caso de Osamenta y patria partimos de una carreta que cruza la pampa. Una carreta en la que hay un baqueano que nos guía en esa inmensidad; junto a él, Tránsito, su mujer y mujer de la tierra. Tienen la misión de llevar a una paleontóloga, Catalina Raush, hasta un fortín en la búsqueda de una osamenta extremadamente particular, el esqueleto de una especie de vaca voladora del período mesozoico; este hallazgo viene a confirmar que en esta patria hace cuarenta millones de años las vaquitas ya se tomaban el trabajo de volar. En el camino se van a encontrar con dos maestras que vagan, cual espectros isabelinos, perdidas en la llanura, maestras del siglo diecinueve que han sido desbordadas por el entusiasmo de sus alumnos, a los que ellas llaman personas sin luz, cometiendo un exceso etimológico, a-lumnos dicen las maestras, sin ninguna luz… sin ningún tipo de luz. También en este periplo se encontrarán con Marianito, cacique indio que habla con los animales y que tiene el sueño profundo de ir a la ciudad, de vivir cómo un porteño de ley. Al llegar al fortín se encontrarán con Lezama, cabo de fortín y primer trabajador, probablemente el único que hace un esfuerzo grande por mantener el orden y la limpieza en estas tierras olvidadas de dios y de los hombres. Y finalmente Gutiérrez, capitán de fortín, figura estoica que está cavando la zanja de Alsina, y en esta patriada de muralla china invertida, desentierra la osamenta, entre otros huesos, teclas de piano, porrones de ginebra, relojes de arena, espuelas y vaya uno a saber qué más… un capitán de frontera que de tanto contacto con la tierra se ha vuelto folclórico en exceso, al punto tal que sólo habla en verso.

Es en este territorio del desparpajo que se construye la hipótesis central de la obra: ¿Qué es la patria? ¿Cómo se habita eso que llamamos patria? Por supuesto que ante semejante pregunta sólo podemos responder de una manera, se la habita desde la farsa, desde la carcajada limpia, desde la actuación que pelea contra la solemnidad del teatro “serio”. Pareciera que estos personajes que van tierra adentro y luego vuelven a la ciudad nos estuvieran diciendo: esto también es la patria, nosotros, así como nos ven, también somos la patria y por lo tanto eso que algunos con voz solemne llaman patria también; gracias a nuestra presencia, gracias a la diferencia que portamos como personajes, somos la patria que en estos momento y a pesar de nosotros mismos también es una farsa.

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*Dramaturgo, director y docente teatral. Egresado de la carrera de Puesta en Escena de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Docente a cargo en diferentes instituciones. Integrante de la Fundación SOMI/Teatro Del Pueblo.