4 de agosto, 2026 - 06h30
Diosdado Cabello Rondón, el más recalcitrante líder antimperialista del gobierno del depuesto Nicolás Maduro, ahora socializa con los diplomáticos y generales estadounidenses destacados en Caracas. Todo esto sucede mientras que la recompensa que EE. UU. ofrece por su cabeza ($ 25 millones) está todavía vigente. La transformación de este personaje es uno de los resultados más sorprendentes de la intervención militar de enero de este año y del poderío militar de Trump.
Marco Rubio, el secretario de Estado de EE. UU. de origen cubano, controla el aparato financiero de Venezuela, la distribución de su petróleo y el manejo del gobierno. A Trump se le ocurrió despacharlo a Caracas permanentemente para ser el próximo líder de Venezuela, pero fue disuadido por sus asesores: Rubio no necesita mudarse a Caracas, pues desde Washington maneja el país caribeño. La intervención de Venezuela y el control de sus recursos naturales ha develado la inoperancia del marco legal internacional y de sus instituciones frente a las decisiones unilaterales de Trump.
Por el lado doméstico, en abril del 2025 Trump inició una reforma arancelaria que ha caotizado el comercio mundial. En febrero del 2026, casi un año después, la Corte Suprema (CS) dictaminó que Trump no tenía la potestad de aplicar aranceles y se ordenó la devolución de lo recaudado. De la misma manera en que arrasó con el orden internacional al tomar control de Venezuela, Trump hace un mes ignoró el marco institucional e implantó otra capa de aranceles, demostrando así que podía circunvalar las decisiones de la CS.
Trump ha hecho declaraciones que insinúan que su poder no tiene límites, pero todo podría estar cambiando. La aplicación del modelo venezolano fracasó en Irán. Ya transcurrió casi medio año del inicio de esta guerra y el conflicto se complica y se expande. Los soldados estadounidenses fallecidos van aumentando y Trump ha tenido que llevar a cabo la ingrata tarea de recibir los cadáveres. Al mismo tiempo, el armamento estadounidense se va reduciendo y el precio de la gasolina en EE. UU. sigue subiendo. Trump da directivas contradictorias, a veces promete pulverizar la civilización iraní y luego anuncia negociaciones. Este vaivén ya va por la quinta iteración.
Pero lo más saltante en estos últimos meses es la caída en la aceptación de su gestión. Tres de las últimas encuestas (The Economist, CNN y AP-NORC) le dan a Trump una aprobación del 33 %. A los 560 días de su mandato esta cifra es incluso menor que la de su primera administración (2017-2021).
En cuanto a la política interna de EE. UU., el Partido Republicano, que hasta ahora ha estado bajo su control, ha mostrado grietas. Los legisladores se rehúsan a pasar leyes que Trump está exigiendo. Al igual que otras medidas que está intentando poner en marcha, estas leyes buscan alterar las elecciones de medio ciclo, que se estarían llevando a cabo en noviembre. Expertos opinan que por lo menos uno de los dos aparatos legislativos, Senado o Cámara de Representantes, pasará a los demócratas, lo cual aumentaría la posibilidad de un juicio político. El enriquecimiento personal de Trump y su familia en su mandato ha sido demostrado. (O)