Mapa conceptual que resalta el territorio peruano en amarillo y el Cinturón de Fuego del Pacífico en rojo, mostrando puntos de alerta sísmica sobre Arequipa, Lima y Pasco, con logos de IGP e Indeci. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El riesgo sísmico figura entre los principales desafíos para el Perú debido a su ubicación geográfica y a la frecuencia de los movimientos telúricos que se registran cada año. Aunque numerosos sismos pasan sin consecuencias de gran magnitud, especialistas advierten que la preparación continúa como un factor determinante para reducir pérdidas humanas y económicas ante un evento de mayor intensidad.

Durante 2026 se registraron cerca de 400 sismos en el territorio nacional, según los datos expuestos por la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES). Ese escenario mantiene vigente el debate sobre las condiciones de las viviendas, la capacidad de respuesta de las instituciones públicas y el nivel de preparación de la población frente a un terremoto de gran magnitud.

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Sismo en Lima y Callao de 8.0 dejaría a más de 7 millones de personas afectadas| TV Perú/Andina
Sismo en Lima y Callao de 8.0 dejaría a más de 7 millones de personas afectadas| TV Perú/Andina

La economista de Redes Paola del Carpio explicó a Latina Noticias que la cantidad de sismos registrada durante el año demuestra la actividad permanente del territorio peruano. La especialista precisó que 14 movimientos telúricos superaron la magnitud 5 en la escala de Richter durante 2026, una cifra que refleja la necesidad de fortalecer las medidas de prevención.

La experta indicó que el principal problema aparece en la superficie debido a las condiciones de la infraestructura urbana. Según señaló, tres de cada cinco viviendas del país corresponden a construcciones informales, muchas levantadas mediante autoconstrucción y sin criterios antisísmicos.

Del Carpio también sostuvo que la expansión urbana sin una adecuada planificación incrementa la vulnerabilidad, sobre todo en ciudades como Lima y Callao. Además, recordó que el Servicio Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred) estima que alrededor de 14 millones de personas afrontan un riesgo muy alto frente a un sismo debido a las características de sus viviendas o al tipo de terreno donde se ubican.

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Terremoto en Pisco de 2007 (AFP)
El terremoto de Pisco (2007) dejó pérdidas cercanas a 2.700 millones de dólares, afectó hospitales, colegios y provocó la pérdida de unos 14.800 empleos. AFP PHOTO/ERNESTO BENAVIDES (Photo by ERNESTO BENAVIDES / AFP)

La especialista recordó las consecuencias del terremoto ocurrido en Pisco el 15 de agosto de 2007 como referencia para dimensionar los efectos que podría provocar un evento similar.

De acuerdo con la información presentada por REDES, las pérdidas económicas alcanzaron aproximadamente 2.700 millones de dólares. Entre los sectores con mayores daños figuró el sistema de salud, debido al colapso y destrucción de hospitales que resultaban indispensables para atender a los heridos y damnificados durante la emergencia.

El sistema educativo también sufrió consecuencias importantes. Varias instituciones educativas quedaron destruidas, situación que impidió la continuidad de las clases para numerosos estudiantes. Del Carpio explicó que muchos escolares dejaron de asistir debido a los daños en sus colegios o porque destinaron su tiempo al apoyo económico de sus familias.

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Como resultado de ese escenario, la probabilidad de culminar la educación secundaria disminuyó cerca de 7 %, según las cifras compartidas por la especialista. Además, las pérdidas económicas ocasionaron la desaparición de aproximadamente 14.800 empleos en Pisco, un efecto que trascendió la etapa inmediata posterior al desastre.

Durante la entrevista, Del Carpio afirmó que la inversión en prevención representa un ahorro considerable frente a los costos posteriores de reconstrucción. En ese sentido, indicó: “por cada dólar que invertimos en prevenir nos ahorramos quince en reconstruirlo todo”.

La especialista añadió que el beneficio económico no constituye el único aspecto relevante, puesto que la prevención también permite reducir la pérdida de vidas humanas durante una emergencia.

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Entre las cifras expuestas por REDES también aparecen limitaciones dentro de las instituciones públicas. Solo el 30 % dispone de planes de gestión del riesgo de desastres, mientras un porcentaje similar realiza estudios de suelo antes del otorgamiento de autorizaciones para actuaciones urbanas.

Del mismo modo, alrededor del 20 % cuenta con protocolos destinados a mantener la continuidad de sus operaciones si una sede resulta afectada por un terremoto. Del Carpio advirtió que esa situación podría comprometer el funcionamiento de hospitales, comisarías y otras entidades esenciales justamente durante los momentos de mayor necesidad.

La especialista también señaló que parte del presupuesto destinado a la gestión del riesgo de desastres permanece sin ejecución, especialmente en gobiernos municipales. Cuando esos recursos sí reciben destino, la mayor proporción financia acciones vinculadas con lluvias e inundaciones, mientras la prevención frente a sismos ocupa un lugar menos prioritario.

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Multitud de personas de espaldas y perfil evacúan una plaza central de ciudad peruana, con edificios, palmeras y señalizaciones verdes en el suelo y un cartel azul del IGP.
Miles de personas participan en un simulacro sísmico en una plaza central peruana, evacuando ordenadamente siguiendo la señalización de seguridad y carteles del Instituto Geofísico del Perú (IGP). (Imagen Ilustrativa Infobae)

Otro aspecto abordado durante la entrevista corresponde a la participación ciudadana en las medidas preventivas. Según las estadísticas mencionadas por Del Carpio, tres de cada cuatro personas participan en simulacros; sin embargo, explicó que ese indicador incorpora actividades obligatorias desarrolladas en centros laborales e instituciones educativas.

La representante de REDES sostuvo que la preparación familiar ofrece una evaluación más precisa del nivel de respuesta de la población. En ese contexto, indicó que apenas el 12 % de los hogares dispone de una mochila de emergencia correctamente equipada.

Para la especialista, esos datos evidencian la necesidad de fortalecer las acciones preventivas tanto desde las instituciones públicas como dentro de cada vivienda, especialmente en un país que mantiene una actividad sísmica constante durante todo el año.

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La prevención ante desastres naturales es la mejor herramienta para mitigar los efectos de un fuerte sismo en territorio peruano. Resulta vital diseñar un protocolo de seguridad que asigne tareas específicas a cada miembro del hogar y asegurar la disponibilidad de la mochila de salvamento. Ubicar los puntos estructurales más firmes del entorno habitual es una tarea que debe realizarse con anticipación.

En el momento del desastre, el control de las emociones es clave para desplazarse con cuidado hacia los exteriores transitables. Si la evacuación rápida se complica, hay que resguardarse bajo umbrales seguros o junto a columnas resistentes mediante la técnica de autoprotección. Es imperativo no utilizar elevadores bajo ninguna circunstancia, ya que los cortes de energía son comunes durante estas contingencias.

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Al finalizar la sacudida, se aconseja revisar visualmente la edificación antes de reingresar y cortar los suministros principales de energía y combustible. Para coordinar el contacto con los seres queridos sin congestionar las líneas, se debe optar por mensajes SMS o la plataforma de emergencia 119. Estar atentos a los reportes de los equipos de primera respuesta garantizará un retorno seguro a las actividades.