Teresa, una mujer de 85 años y que tiene el grado II de dependencia concedido, vive encerrada en las cuatro paredes de su casa desde hace ya un año. En su edificio, considerablemente antiguo, no cuentan con ascensor, y es que, a pesar de que lo habrían instalado recientemente, aún no ha podido ser inaugurado por diversos trámites burocráticos.

"Lo que más echo de menos es ver el sol", indica Teresa, quien admite que lo más frustrante para ella y su familia es saber que el ascensor está allí y no pueden utilizarlo. A pesar de que las obras iniciaron en 2024 y terminaron el mayo de 2025, por "problemas burocráticos" no pueden ponerlo en marcha.

La hija de Teresa, Maite, de 54 años, es la que atiende diariamente a su madre, la levanta, la viste, la ayuda en el aseo y la acuesta. Por la casa, Teresa se mueve en una pequeña silla de ruedas a veces y otras, con un andador, aunque en este caso, tarda media hora para llegar al baño. "Mi hija me asiste en todo, porque yo no tengo autonomía ninguna", dice Teresa, mientras Maite asegura que "lo primero" es que ella esté atendida. "Luego va todo lo demás. Nos organizamos día a día, poco a poco, como podemos", reconoce.

Sin contar con las visitas obligatorias al médico, la última vez que Teresa bajó a la calle por su propio pie fue el 28 de julio de 2025. Desde entonces, vive un "confinamiento obligatorio" que cada vez se hace "más cuesta arriba" y cuenta que en este tiempo ha perdido citas médicas. "Sentimos mucha frustración y mucha impotencia también a la vez porque te das cuenta de que lo tienes ahí y por problemas burocráticos, de papeles que siempre faltan, pues no llega nunca, te sientes impotente", explica la hija.

Entre las situaciones más críticas que han vivido este último año, recuerdan cuando se cayó y tuvieron que llamar a través de la pulsera de teleasistencia para que la llevaran a urgencias. "Nos atendieron muy bien y rápido y nos enviaron una ambulancia", detallan.

La última vez, cuando la subían a pulso por las escaleras de la vivienda, una de las técnicos de la ambulancia se cayó y aunque, por suerte, Teresa no llegó a caer al suelo, sí le repercutió el golpe y desde entonces, le han salido magulladuras por todo el cuerpo.

La situación afecta también al marido de Teresa, Juan Manuel, quien resume sus sentimientos en "frustración e impotencia total". "Te mina los ánimos y el carácter. Puedes coger una depresión por menos de nada porque te das cuenta de que les importamos un pimiento", añade su hija. "Estar encerrada por obligación es muy triste", zanja.

Según apunta, les han dicho que el ascensor no puede ponerse en funcionamiento porque está pendiente el visto bueno al proyecto de pocería. Desde el Canal de Isabel II han explicado que el problema radica en la incapacidad de la empresa de pocería contratada por la comunidad para tramitar correctamente los expedientes.

Tras conocer la situación de Teresa, el Canal de Isabel II, con la voluntad de facilitar la situación, se puso en contacto con la empresa de pocería para insistirles en la documentación pendiente y, según aseguran, en esta semana, la empresa ya les ha remitido algunos de los documentos que faltaban, avanzando así en las diligencias.