La tensión entre Brasil y Argentina ha escalado en los últimos días, provocando una crisis inédita en los más de doscientos años de relación entre ambos países. Poco después de que Brasilia decidiera reducir la relación bilateral a nivel de encargado de negocios, el gobierno de Javier Milei precisó que no pedirá disculpas al gobierno de Luis Inácio Lula da Silva por los insultos que le ha propinado, tales como que es un “exconvicto”, un “ladrón” y un “corrupto”.

“Ha habido expresiones de ambos lados que transparentan esas diferencias políticas e ideológicas. Argentina decidió no trasladarlas al ámbito diplomático; lamentablemente, Brasil tiene todo el derecho a decidir lo que ha decidido. Lo lamentamos porque entendemos que hay otro camino para preservar las relaciones entre nuestros países”, dijo el miércoles el canciller argentino, Pablo Quirno.

La decisión de Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil) se produjo el mismo día en que la administración Trump anunció la revocación del visado de la embajadora brasileña en Estados Unidos, Maria Luiza Viotti, lo que imposibilitó que la diplomática desempeñara sus funciones con normalidad.

En este contexto, el diario Clarín señaló que el embajador argentino en Brasil, Daniel Raimondi, volverá a Buenos Aires en los próximos días, en principio de “vacaciones”. Y la sede argentina en Brasilia quedará así bajo el mando del encargado de negocios, la ministra de carrera María Emilia Cortés.

El martes en la noche, el canciller brasileño Mauro Vieira le entregó al embajador argentino Raimondi una protesta formal por los insultos de Milei a Lula, con una decisión incluida, la de rebajar, por primera vez en décadas, su vínculo con la Argentina al nivel de encargado de negocios. Y pospuso sin fecha el regreso del embajador Julio Bitelli a Buenos Aires. También pidió la salida del propio Raimondi de Brasilia, algo que se terminó de confirmar recién hoy.

Vieira afirmó este miércoles que la medida regirá “hasta que cesen las condiciones que provocaron esa decisión” y que se requieren “explicaciones satisfactorias” por parte del gobierno argentino. “La educación y el respeto son fundamentales, sin eso no hay diálogo”, dijo el canciller brasileño al programa Modo Fontevecchia.

Estas medidas tienen su origen en los reiterados insultos de Milei a Lula da Silva. Todo comenzó el 25 de julio durante un acto en Sao Paulo en el que el libertario estuvo presente para apoyar la candidatura a presidente del derechista Flavio Bolsonaro. En esa ocasión el mandatario argentino no sólo no se reunió con su homólogo, sino que calificó a Lula de “corrupto” o “presidiario” cuando estaba en el escenario.

Brasil respondió llamando a consultas a su embajador en Argentina, Julio Bitelli. El canciller, Mauro Vieira, criticó como “sumamente grave e inaceptable” la actitud de Milei, pero Lula se mantuvo relativamente al margen.

Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva. Foto: Archivo.

Pero no se quedó ahí; una semana después dijo: “Cuando respondo con verdades, ¿se siente atacado Lula? Es un estafador y un ladrón. Es un convicto”. “Si hay alguien que interfiere políticamente en la región, es Lula, contaminándola por completo con las ideas inmundas del socialismo”, añadió.

En este contexto, el que se salió de protocolo de la diplomacia brasileña fue el ministro de Economía, Dario Durigan, que llamó “payaso” a Milei en una entrevista, y rebatió sus argumentos catastrofistas sobre las políticas de izquierda, recordando que Brasil tiene mejores indicadores económicos.

El diario español El País recordó que la mala relación entre ambos comenzó incluso antes de que Milei llegara a la Casa Rosada. Durante la campaña presidencial argentina de 2023, el mandatario brasileño advirtió, en el marco de una visita a Estados Unidos, que en Argentina “peligraba la democracia”. Aunque no mencionó a Milei, el entonces candidato interpretó esas declaraciones como una referencia directa a su figura, en un momento en el que disputaba el liderazgo de las encuestas. La tensión aumentó cuando asesores que habían trabajado en la exitosa campaña de Lula se incorporaron al equipo electoral de Sergio Massa, su contrincante, para el balotaje. Milei leyó esa participación como una intervención política del presidente brasileño en la elección argentina, reforzando la idea de que Brasil se alineaba abiertamente con su rival y que el propio Lula consolidaba su larga historia de afinidad política con el kirchnerismo.

En la toma de posesión del mandatario argentino, en diciembre de 2024, fue invitado a la Casa Rosada con todos los honores el expresidente Jair Bolsonaro. Lula, agraviado, se quedó en el Palacio de Planalto. Meses después el argentino haría su primer viaje a Brasil, y lejos de reunirse con Lula participó en una convención de la extrema derecha en que volvió a insultarlo.

El mandatario argentino, Javier Milei, junto al candidato opositor de Brasil, Flavio Bolsonaro. Foto: archivo

Patricia Bullrich, líder en el Senado del partido de Milei, La Libertad Avanza, mencionó la visita que Lula realizó en julio del año pasado a Cristina Kirchner, la expresidenta argentina bajo arresto domiciliario. “Argentina no respondió con un gesto diplomático, ya que los intereses de los Estados prevalecen sobre las actividades políticas de los gobiernos en el poder. Desafortunadamente, parece que Brasil está optando por un camino diferente”, escribió en su cuenta de redes sociales.

En la conferencia de prensa del miércoles, el canciller argentino Quirno no mencionó directamente una disculpa, algo que Lula había sugerido en 2024, refiriéndose a los ataques de Milei durante su victoriosa campaña presidencial del año anterior. En aquel entonces, el argentino respondió que había cosas más importantes que “el ego inflado de algún izquierdista”.

Quirno también mencionó la tensión entre Brasil y Paraguay que se desencadenó después de que Lula declarara, durante una visita a una empresa de defensa en el interior de Sao Paulo el 24 de julio, que “Paraguay decidió una vez invadir Brasil”, en referencia a la guerra del siglo XIX.

La declaración desató una crisis entre ambos países. Sin embargo, tras entregar una nota de repudio al embajador brasileño en Paraguay, el vicepresidente paraguayo, Pedro Alliana, afirmó que no quería prolongar el asunto en vísperas de las elecciones. “Lo que menos deseamos es que piensen que pretendemos interferir en las elecciones”, declaró.

Quirno, también, expresó su esperanza de que Brasil se sume a la ola conservadora que atraviesa Sudamérica y confirmó la organización de una cumbre de líderes de derecha de la región en Buenos Aires. “La región está cambiando su rumbo ideológico. Celebramos esto y esperamos que lo mismo ocurra en Brasil”, indicó.

Al referirse al evento en la capital argentina, atribuyó el auge de la derecha en la región al presidente Javier Milei. “Este liderazgo es lo que nos ha permitido tener hoy un grupo de 12 países alineados con estas ideas y que se apoyan constantemente entre sí. Esto probablemente resultará en una invitación del presidente Milei para una reunión en Buenos Aires tan pronto como sus agendas lo permitan”, continuó.

Las diferencias entre Lula y Milei, indicó El País, son patentes tanto a nivel ideológico como económico, y donde más se marcan es en el Mercosur. “Los dos países son los pilares del grupo y cada uno mira en una dirección: para Lula, tiene que fortalecerse porque es la única manera de que Sudamérica tenga una voz en el mundo. Para Milei, es una pesada losa que le impide negociar libremente. Aun así, y aunque esas diferencias han ralentizado al grupo, no han impedido que se firmara el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, un hito después de dos décadas de negociaciones”, indicó el diario.

“El intercambio comercial tampoco parece haberse resentido: el año pasado el comercio bilateral alcanzó los 31.200 millones de dólares, el valor más alto en 13 años. Brasil es el principal destino de las exportaciones argentinas, y Argentina compra buena parte de los productos industriales de Brasil. El año pasado, las exportaciones brasileñas al país vecino crecieron por encima del 30%, sobre todo gracias a la industria del automóvil. El divorcio aquí es impensable: un coche fabricado en la periferia de São Paulo puede tener un motor procedente de Córdoba. La interdependencia es total”, añadió.