Los planteles educativos recorrieron las avenidas Quito y 9 de Octubre, centro de la urbe porteña.
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25 de julio, 2026 - 11h21
Desde antes de las 08:00 de este sábado, 25 de julio, el parque Victoria comenzó a llenarse de los sonidos que anuncian cada año las fiestas julianas.
El redoble de los tambores, el brillo de las liras, el retumbar de los bombos y los últimos ensayos de las bastoneras rompieron el silencio de la mañana.
Cientos de estudiantes se concentraron para participar en el tradicional desfile cívico estudiantil por los 491 años del proceso fundacional de Guayaquil, que esta vez recorrió las avenidas Quito y 9 de Octubre y calles como Clemente Ballén y José Vélez.
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En distintos puntos del parque Victoria, las bandas repasaban una y otra vez sus coreografías.
Los directores corregían posiciones, ajustaban el ritmo y daban las últimas indicaciones a los estudiantes de las más de 50 instituciones educativas que se congregaron en el centro de la urbe para homenajear a Guayaquil.
Las bastoneras, en los primeros metros del desfile, realizaron giros y lanzamientos de sus bastones, mientras los músicos entonaron melodías representativas de la Perla del Pacífico como Guayaquileño, madera de guerrero, además de las marchas tradicionales por parte de planteles militares como la Unidad Educativa Teniente Hugo Ortiz, el Liceo Navegantes del Guayas, entre otros.
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Cerca de las 10:00, las aceras que rodean el parque Victoria y hacia la avenida Quito se repletaron de espectadores.
Padres, abuelos, hermanos y amigos buscaban un espacio desde donde observar el paso de los estudiantes. Muchos llegaron con varias horas de anticipación para acompañar a los jóvenes que durante meses ensayaron para esta jornada.
Entre ellos estuvo Blanca Moreira, quien acudió junto con su hija de 15 años. Para ambas, el desfile se ha convertido en una tradición familiar.
La adolescente participa como bastonera desde que tenía 10 años. Primero representó a su escuela y, con el paso al colegio, continuó formando parte de las bandas estudiantiles.
Este año volvió a desfilar con la misma emoción de sus primeras presentaciones respaldada por su madre, quien no quiso perderse el recorrido. “A ella le encanta ponerse su traje, las botas y salir a desfilar. No le importa el sol o el calor, lo disfruta”, dijo.
Ornella Ayala resaltó que cada julio aguarda por el desfile del 25: “Me encanta recorrer mi ciudad. Creo que muchos jóvenes ya no se emocionan tanto, pero yo sí, yo adoro saber que estoy festejando a mi ciudad”.
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Las instituciones educativas participaron distribuidas en bloques, mostrando uniformes con toques de brillo y resaltando los colores de Guayaquil.
Coreografías sincronizadas y bandas musicales de colegios como el Instituto Coello, San José La Salle, Speedwriting y Sadowinski marcaron el ritmo de la jornada.
A lo largo del recorrido, los aplausos del público acompañaron el paso de cada delegación.
Las banderas celestes y blancas ondeaban no solo entre quienes desfilaban, sino también entre los asistentes que también buscaban rendir homenaje a la ciudad que los acoge a diario.
“Que esta tradición, que es de las más representativas de las fiestas julianas, no se pierda, porque siempre... siempre nos va a gustar ver a nuestros chicos emocionados y gritando: ‘Viva Guayaquil’”, señaló un asistente del desfile.
Ciudadanos que llegaron al centro de Guayaquil y desconocían el evento señalaron que este tipo de actividades refuerza la identidad del guayaquileño.
“Guayaquil es esto, es color, es lo bonito y julio siempre nos va a hacer sentir vivos, emocionados y más guayaquileños que nunca”, manifestó Francisco Zambrano, quien llegó al desfile cívico desde el noroeste de Guayaquil. (I)