Este lunes, la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) advirtió sobre una crisis sin precedentes en el sector: desde diciembre de 2023 cerraron 41.000 kioscos tradicionales en todo el país. Según la entidad, unos 50 comercios bajan la persiana cada día, lo que redujo el número de locales de 100.000 a apenas 59.000.
En un contexto marcado por la caída del consumo, la pérdida de rentabilidad y el incremento de los costos fijos, los kiosqueros aseguran que atraviesan una situación comparable con la crisis de 2001, aunque sostienen que el deterioro actual fue “mucho más brusco”.

En ese marco, el vicepresidente primero de la Unión de Kiosqueros de la República Argentina, Néstor Adrián Palacios, dialogó este martes con FM 89.3 Santa María de las Misiones y describió el difícil panorama que atraviesa el rubro.
“La realidad que viven los kiosqueros y almaceneros en todo el país está marcada, en primer lugar, por la falta de consumo interno. No hay consumo”, afirmó. Como ejemplo, señaló que las ventas de golosinas, alfajores, galletitas y otros productos típicos del sector cayeron entre un 50% y un 65%.
A esa situación se suma la disminución en las ventas de productos de la canasta básica. “Arroz, fideos, yerba, azúcar, los artículos de primera necesidad, también registran una baja cercana al 30%. Y eso se agrava con los aumentos de la tarifa eléctrica, los alquileres y otros costos fijos”, explicó.

Según Palacios, esa combinación de factores terminó expulsando a miles de comerciantes del mercado. “Muchos kiosqueros que tenían locales sobre las avenidas principales primero se mudaron a calles paralelas, donde los alquileres son más bajos, o a espacios más pequeños para reducir gastos y sostener el negocio”, relató.
No obstante, advirtió que, si la situación no cambia, el proceso continúa. “Si el consumo no repunta, el dueño del kiosco termina en el kiosco ventana, en el kiosco garage o directamente en el kiosco de su casa”, sostuvo.
Explicó que esa decisión responde a la necesidad de eliminar costos. “En la casa no se paga alquiler, la tarifa eléctrica es residencial y desaparecen muchos gastos fijos, como empleados o traslados”, indicó.
El dirigente también manifestó su preocupación por la falta de señales de recuperación del mercado interno. “La crisis continúa y el Gobierno nacional no da ninguna señal para reactivar el consumo. No hay medidas que inyecten dinero en el bolsillo de los trabajadores”, cuestionó.
Además, señaló que el deterioro del mercado laboral impulsa a muchas personas desempleadas a abrir pequeños comercios como alternativa de ingresos. “Quien pierde su trabajo y cobra una indemnización muchas veces decide poner un kiosco o un almacén en su barrio o en su casa. Pero al no conocer el rubro, muchos duran apenas unos meses o un año antes de cerrar”, afirmó.
Esa dinámica, agregó, también incrementó la competencia. “Hoy hay varios kioscos y almacenes en una misma cuadra. Incluso las verdulerías incorporan heladeras para vender bebidas, las carnicerías suman panificados y otros productos que históricamente comercializaban los kioscos”, describió.
Sin embargo, aclaró que no responsabiliza a quienes emprenden. “No le echo la culpa a los trabajadores que buscan una salida laboral. El problema es que el Gobierno nacional no genera empleo genuino y eso deriva en competencias desleales. Como el comerciante no vende, incorpora nuevos productos para sobrevivir y termina compitiendo con otros rubros”, sostuvo.
Finalmente, remarcó que el comercio de cercanía continúa siendo el principal abastecedor de alimentos para muchas familias. “La comida es lo primero que se compra. Hoy la gente va cada vez menos a las grandes superficies y hace las compras del día en el almacén o el kiosco del barrio”, concluy
