(Imagen Ilustrativa Infobae)

Miles de niños de 4 años fueron vendidos a deshollinadores en Inglaterra, Francia, Italia y Estados Unidos desde el siglo XVIII (Imagen Ilustrativa Infobae)

Imagina a un niño de apenas 4 años, separado de su familia y vendido a un deshollinador en la oscura Inglaterra del siglo XVIII. Su niñez, en lugar de juegos y risas, transcurría ascendiendo por angostos conductos de 23 x 23 cm, donde apenas podía moverse y la oscuridad era absoluta. Como él, miles de pequeños vivieron la misma pesadilla en Inglaterra, Francia, Italia y Estados Unidos, en una práctica que se expandió sin control con el auge de la Revolución Industrial.

Día tras día, estos niños enfrentaban una vida de semiesclavitud, sufriendo graves lesiones, inhalando hollín y arriesgando su vida cada vez que el aire escaseaba. Muchos no sobrevivían, quedando atrapados en las chimeneas que debían limpiar, víctimas anónimas de una época ferozmente desigual. Así lo reveló National Geographic, arrojando luz sobre uno de los capítulos más oscuros de la historia infantil.

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El procedimiento era físicamente devastador. Para poder deslizarse hacia arriba sin quedar atrapados, los pequeños debían trabajar sin ropa. Se impulsaban con rodillas y codos, como si fueran orugas humanas, mientras la piel se les desgarraba contra las paredes de ladrillo. Los maestros, lejos de protegerlos, frotaban las heridas abiertas con salmuera frente a una fogata como método para “endurecerlos”.

Los niños que limpiaban chimeneas desnudos y morían asfixiados por hollín - Deshollinador
La Revolución Industrial expandió el trabajo infantil en chimeneas y sometió a los niños a semi-esclavitud, lesiones graves y muerte por asfixia

El riesgo de muerte era constante. Muchos niños terminaban atascados dentro de los conductos, con las rodillas bloqueadas contra la barbilla; si el pánico los llevaba a moverse, el hollín acumulado se desplazaba en avalancha y los asfixiaba en minutos. Según informó National Geographic, en los episodios más graves, la única forma de recuperar los cuerpos era demoler los ladrillos de la pared.

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Cuando un niño dudaba en entrar al conducto o quedaba paralizado por el miedo, los maestros recurrían a métodos brutales. El más extendido consistía en encender un fuego de paja o azufre en la base de la chimenea para forzar al aprendiz a trepar más rápido. Otros enviaban a un segundo niño con alfileres para pinchar las plantas de los pies o los glúteos del atascado.

De esa práctica histórica proviene la expresión anglosajona “to light a fire under someone” —encender un fuego bajo alguien—, utilizada hoy de forma figurada para instar a alguien a actuar con urgencia.

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Los niños que limpiaban chimeneas desnudos y morían asfixiados por hollín - Deshollinador
Los maestros usaban salmuera, fuego, azufre y alfileres para forzar a los niños chimenea a seguir dentro de los conductos

Más allá de las lesiones físicas inmediatas, National Geographic destaca que los supervivientes arrastraban consecuencias médicas graves y duraderas. Los niños chimenea dormían sobre sacos de hollín, se bañaban apenas 3 veces al año y respiraban toxinas de forma permanente. Eso derivaba en asma, ceguera por inflamación ocular y deformidades óseas severas, producto de las posturas antinaturales que debían adoptar durante años mientras sus esqueletos aún estaban en desarrollo.

El descubrimiento llegó en 1775, cuando el cirujano británico Sir Percivall Pott identificó una alta incidencia de carcinoma escamoso de escroto en hombres jóvenes que habían trabajado de niños en chimeneas.

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El hollín acumulado en los pliegues de la piel, producto de la falta de higiene, actuaba como agente carcinógeno. Ese hallazgo quedó registrado en la historia de la medicina como el primer cáncer industrial o laboral documentado, al demostrar por primera vez que un factor ambiental podía desencadenar tumores malignos.

Los niños que limpiaban chimeneas desnudos y morían asfixiados por hollín - Deshollinador
La muerte por asfixia de George Brewster impulsó la Chimney Sweepers Act de 1875, que prohibió el uso de menores entre los deshollinadores

La denuncia pública existió, pero tardó décadas en producir cambios. Figuras como el poeta William Blake y el novelista Charles Dickens —quien retrató la miseria infantil en Oliver Twist— señalaron el horror de la práctica, aunque la sociedad miraba hacia otro lado.

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El punto de quiebre llegó en 1875, cuando George Brewster, un niño de once años, murió asfixiado tras ser enviado a limpiar las chimeneas del hospital de Fulbourn. Su maestro fue condenado por homicidio involuntario.

Ese caso fue el impulso definitivo para que el filántropo y político Lord Shaftesbury lograra que el Parlamento británico aprobara la Chimney Sweepers Act de 1875, que obligó a registrar a los deshollinadores y prohibió el uso de menores en la profesión.

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