Thiago Ezequiel Almada se puso la vieja camiseta tricolor, la que River usó como indumentaria principal hasta que terminó el torneo de 1931. En 1932, no sólo empezó a usar la de la Banda Roja, sino que por lo que gastó en refuerzos lo llamaron Los Millonarios y el apodo lo mantiene hasta hoy. También honró el apelativo invirtiendo mucho dinero en futbolistas en las últimas tres temporadas. El pase completo de Almada, surgido de Fuerte Apache como Carlos Tevez, le costó al club de Núñez 23 millones de dólares.
Justamente, el futbolista estrella del equipo de Eduardo Coudet usó y usará en lo sucesivo el número 23. Alguien sugirió que tenía que ver con la cifra del pase, pero su transferencia fue pactada en euros y ahí el número es un poco menor. Antiguamente, estos detalles no eran tan relevantes, pero ahora todo tiene un por qué. Simplemente usó la 23 porque llevó ese número en el Atlanta United (su primer destino en el exterior tras su aparición en Vélez) y la 10 ya estaba ocupada por otra adquisición costosa, Ángel Correa.
“Almada no es Maradona ni Messi”, me dijo alguien y tiene razón. River lo esperaba como una especie de Mesías que llegaba como el salvador de un equipo sin rumbo ni goles ni puntos. Sin embargo, Almada es un jugador con características que al equipo pueden darle una solución a futuro. Como decimos los futboleros, Almada es jerarquía. En el partido debut con Argentinos Juniors, no tuvo una actuación decisiva ni pudo hacer una gran diferencia porque estuvo de vacaciones después del agotador Mundial de Estados Unidos, México y Canadá y sólo trabajó con un personal trainer. Por supuesto, el entrenamiento no es igual al que puede hacer con un equipo de fútbol de alto nivel en plena competencia. De hecho, salió con alguna molestia, producto de esa inactividad.
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River venció 2-0 a Argentinos, ganó por primera vez en el Clausura y le dio aire al Chacho Coudet
Sin embargo, comenzaron a funcionarle otras dos de sus estrellas: Ángel Correa y Nicolás Otamendi. Correa, entre pase y contrato, le costó a River 18 millones de dólares. Llegó desde México y ya mismo, después de un par de partidos, se perfila para ser el jugador que rompa los moldes, por lo menos, hasta que Thiago Almada llegue a su plenitud física y técnica.
Todos creen que con estos jugadores Chacho Coudet deberá armar un equipo confiable. Para conseguir eso, el DT deberá mezclar lo mejor posible todo lo que tiene y armar un esquema en el que se sientan cómodos. A diferencia de lo que podría suceder con otros deportes, en el fútbol hay alguna probabilidad –ocurrió muchas veces— de que el DT disponga de una constelación, de Campeones del Mundo como tiene River, de pibes de inferiores que sean prodigio y arqueros que lleguen a ángulos imposibles y, sin embargo, los resultados no sean buenos o todo cueste más de la cuenta. El fútbol exige de futbolistas talentosos y de carácter, pero también, y sobre todo en estos tiempos, de un estilo, de una variedad de sistemas de juego y de una táctica y una estrategia adecuada para cada compromiso. Ahí entra la capacidad del entrenador. Coudet ya armó equipos confiables en Rosario Central y Racing y tuvo buenos momentos en el fútbol de Brasil. Podría perfectamente hacerlo en River, pero todavía no ocurrió. En el partido con Argentinos hubo avances, sobre todo en el tema anímico. Ayudó el gol de Montiel, pero, por sobre todas las cosas, colaboró mucho el carácter.
Eso es lo que imprimió Otamendi, a sus 38 años, luciendo orgulloso la cinta de capitán en el equipo del que es hincha desde chico. En el quinto partido de su regreso al fútbol argentino, recién pudo imponer su jerarquía y su ascendencia sobre sus compañeros. Ese juego, además de todo lo que está dicho, tiene mucho de emocional, de anímico. Ahí hizo diferencia Otamendi. Con el paso del tiempo, si River va logrando objetivos, el defensor de la Selección Argentina puede ir transformándose en el líder que River fue a buscar.
De todos modos, y más allá del envión que le da esta victoria sobre Argentinos, todavía queda por jugar algo que para el club es lo mas importante del semestre: la Copa Sudamericana. Ya los hinchas sienten algún tipo de vergüenza futbolera por jugar la segunda competencia del continente y no la Libertadores. La pretensión/obligación es llegar a la final y ganarla, pero para eso hay que ir superando las diferentes instancias y River recién está en Octavos de Final. Pasar el turno con Independiente Santa Fe es fundamental para el año de River. Sobre todo, pensando que Boca está en la misma competencia y podría cruzárselo en semifinales. Cualquier resultado que no sea llegar a la final podría ser considerado un fracaso y generaría algún temblor interno de consecuencias todavía imposibles de determinar.