28 de julio, 2026 - 06h30

La literatura clásica ha vuelto a despertar interés con el estreno de La odisea, de Christopher Nolan. Se ha escrito sobre literatura, estrategia y valores humanos, pero poco sobre el liderazgo y el desgaste que produce enfrentar durante años las tormentas de la vida hasta llegar al burnout.

Muchos lectores habrán vivido su propia odisea. Liderar una empresa o institución rara vez significa navegar con el viento a favor. Lo habitual son remolinos, deslealtades, ataques personales, crisis inesperadas y, sobre todo, las pruebas de los dioses del Olimpo que aparecen en el camino.

Odiseo conquistó Troya, pero su mayor desafío comenzó cuando quiso regresar a casa –Ítaca–. Zeus prolongó su viaje durante diez años; Poseidón lo enfrentó una y otra vez; perdió a sus compañeros y terminó en la isla Ogigia. Solo tras sobrevivir las pruebas de los dioses pudo regresar a Ítaca.

En las organizaciones también existen dioses del Olimpo. Algunos ocupan altos cargos; otros, mandos medios. Su principal atributo no es el poder, sino el ego. Confunden autoridad con liderazgo y llegan a creer que la organización existe para alimentar su vanidad y premiar su lealtad. El problema no es tener ego; todos lo tenemos. El problema comienza cuando alguien se convence de que es Zeus.

Durante más de cuatro décadas en empresas y emprendimientos enfrenté a varios de esos dioses, además de crisis, tormentas y una helada que casi destruyó nuestra hacienda de flores. Sobrevivimos. Sin embargo, las pruebas más difíciles no llegaron desde los mercados, sino desde la vida. Son esas batallas las que terminan enseñándonos qué es realmente importante y donde aprendemos a superar los obstáculos, en mi caso con la protección de la Virgen de Fátima y mis ángeles de la guarda.

Con los años comprendí que ningún triunfo profesional justifica perder el camino de regreso a Ítaca. Nada justifica tampoco vivir el sueño de otros si no es el sueño propio y empezarlo con la frente en alto habiendo practicado ser un líder justo e íntegro.

Casualmente, hoy, el día de mi cumpleaños, he decidido comenzar ese regreso. Es tiempo de recuperar la vida, dejar atrás el burnout, disfrutar más de mi familia y acompañar a mi esposa e hijas en esta nueva etapa. Mi familia tuvo que soportar largas ausencias, aunque estaba presente debido a la pasión y responsabilidad con que enfrento los desafíos. Les agradezco y pido perdón, sin su apoyo no lo habría logrado.

También es momento de cerrar un ciclo como columnista de EL UNIVERSO. Mi gratitud a Carlos y César Pérez por haberme abierto este espacio hace más de siete años para compartir reflexiones sobre economía, liderazgo, finanzas, petróleo, gas natural y desarrollo del Ecuador, siempre con el deseo de aportar ideas para tener un mejor país, más justo y con crecimiento sostenible. Gracias, sobre todo, a ustedes, mis lectores, por haberme acompañado durante este viaje.

Al final comprendí que el verdadero éxito nunca fue conquistar Troya. El verdadero éxito consistía en no olvidar el camino de regreso a Ítaca, donde siempre estuvieron quienes dieron sentido al viaje. (O)