Tres meses y treinta y cinco presentaciones por España, de Barcelona a Las Palmas de Gran Canaria, precedieron un hito que Ariel Puchetta en determinado momento no creía posible: en su regreso a suelo argentino, el 7 de septiembre pasado, Ráfaga cumplió oficialmente 30 años de vida artística.
—Se fue dando muy de a poco —explica la histórica voz del conjunto—. Hasta mi salida en 2003 pasaron muchos años… Incluso, cuando volví en 2018, sentimos que no nos conocíamos tanto. Pero fue pasando el tiempo paulatinamente y nos dimos cuenta de que estamos igual. Hacemos las mismas bromas que cuando me había ido y rehicimos una conexión bastante automática que hoy se mantiene cada vez más fuerte.
Los ocho locos con suerte, como se definen, asomaron por vez primera a mitades de los noventa en medio de un fenómeno sound que atravesaba con especial fuerza la escena local. En resumen, mientras en Argentina se la pasaban cada fin de semana de bailanta en bailanta, a contrarreloj, con shows breves, Chile les ofrecía otra clase de visibilidad: estadios, festivales, espectáculos de larga duración y cada vez más público. De ahí que el novel conjunto de pelilargos decidiera cruzar la cordillera y traer su cruce de cumbia con solos de guitarra rockeros, las coreografías y su estética medieval, con trajes no menos inusuales que impecables. ¿El resultado? Un álbum en vivo en el Estadio Chile —hoy Estadio Víctor Jara—, una multitudinaria firma de discos en la extinta Feria del disco que los obligó a dejar con guardias el lugar, y claro, dos presentaciones consecutivas en el Festival de Viña. Desde entonces, una buena porción de su historia —aun cuando Ariel Puchetta dejó la banda y lo suplió Rodrigo Tapari— ha estado estrechamente ligada a nuestro país. Incluso la celebración de sus tres décadas arrancó, por así decirlo, una semana más tarde en las fondas y con una grabación en CasaParlante.
—Ya el 16 estábamos en Chile para empezar a festejar las Fiestas Patrias —confirma Puchetta—. Nos tocó pasear por algunos programas de televisión para entrevistas y cantar. Después lo de CasaParlante estuvo muy lindo y salió rápido, una experiencia linda con toda la gente ahí en el medio; un lío en un lugar tan chiquito, pero salió todo hermoso y con buena energía. Después de ahí nos fuimos a Pucón y luego nos volvimos para las fondas.
—Ustedes suelen decir que eran ocho locos con suerte que se juntaron a hacer música y cumplieron un sueño. Ahora que cumplieron 30 años, ¿cómo es todo?
—Claro. Nació esa frase al principio de todo y, obviamente, es una forma de decir “suerte”. Nosotros trabajamos mucho para poder estar hoy donde estamos, pero la suerte ayuda un montón. Creo que nos pasa de retroceder cada vez que estamos charlando, como en esta gira de Chile o cuando estuvimos en España que teníamos más tiempo juntos, charlamos del pasado cuando empezamos y anécdotas graciosas. Siempre hay uno más personaje que otro y le pasan cosas raras. Nos acordamos de esas cosas. Y bueno, ahora un buen ejemplo es la gira de España. Si bien fue muy larga y la convivencia a veces es compleja, no hubo ni un problema más allá de decir “vos no lavaste esto, no cocinaste o no lavaste los platos”. Paramos en dos casas ya que somos 15 personas viajando. Paramos nueve en una y seis en otra, así que era convivir todo el tiempo y fue una experiencia linda. No sabíamos cómo nos iba a agarrar ahora que estamos con más mañas de hombres adultos, pero fue muy divertida. Y en Chile también, siempre nos juntamos en alguna habitación a tomar algo, charlar, pasarla bien y escuchar música. A veces decimos que ahí no se habla de trabajo, aunque desconectarse de eso es difícil.
—¿Cómo se hace para mantener una carrera vigente después de tanto tiempo?
—Son varios factores. El primero y principal es que las canciones atraviesen generaciones, como nos pasó a nosotros, que nunca quedamos en el olvido. Uno llega a ser muy famoso, las canciones se conocen por todos lados y de repente cambia el género y uno va quedando en el olvido, pero hay que meterle con todo. Tuvimos la suerte y virtud de mezclarnos también con los jóvenes, compartiendo público. Además, los tíos, padres y abuelos hicieron un gran trabajo inculcando nuestra música. La base fundamental son las canciones. También sentirse joven, crear todo el tiempo. “Mentirosa” o “La luna y tú” tienen más de veinticinco años. Después salieron un montón de canciones que por ahí los más fanáticos conocen más, pero cuesta pegar una canción. La base de un artista es tener buenas canciones y tener trabajo, porque el trabajo te da tranquilidad. Cuando las cosas no salen bien, se complica y se empiezan a ir los integrantes.

—Mencionas algo superimportante: la escena musical ha ido cambiando y mutando hacia otros géneros, esencialmente el trap, pero ustedes siguen presentes. ¿Cuál es el elemento diferenciador que les permitió liderar el movimiento en los 90 y, ahora, mantenerse?
—Siempre fuimos un grupo preocupado por nuestra artística y por nuestras canciones. Eso es lo que lo mantiene a uno. “Mentirosa” salió a fines del 98 y hoy los jóvenes y niños la cantan. También se debe a las redes sociales y TikTok, donde algo se viraliza y los más jóvenes lo consumen.
—¿Han podido sacarle provecho a las redes sociales?
—Nos cuesta bastante porque venimos de una generación donde no existía nada de esto. ¡Ni WhatsApp!, ja, ja, ja. Éramos de la época del cassette y el CD. Hoy con Instagram y TikTok, cuando nos proponen ciertas cosas, como no lo vemos natural sino forzado, preferimos no hacerlo. Esas redes venden lo espontáneo. Si se filmara lo que pasa naturalmente en los camarines, las bromas y cómo nos divertimos, tendría muchas vistas, pero cuando intentamos grabar un challenge preparado para TikTok no nos gustó y preferimos no hacerlo.

—Uno de sus sellos siempre fue la estética. Los trajes medievales, barrocos. Ya no los usan tanto… ¿piensan recuperarlos?
—Lo intentamos varias veces, pero el cuerpo ya no se siente incómodo con esos trajes tan largos. Preferimos estar cómodos arriba del escenario haciendo música, aunque siempre cuidamos la estética. Yo soy el que más se cambia los trajes; hace poco hicimos uno tipo medieval blanco con rojo. Lo probamos pero a varios no les gustaba cómo les quedaba o se sentían incómodos, así que no lo usamos y quedó nuevo. Para las fondas me lo llevé, pero al ir de un lado a otro al final no me lo puse. A mí me gustaba cómo me quedaba, pero si la mayoría no se siente cómoda, hacemos lo que decide la mayoría. Ahora, como cantante tengo la ventaja de poderme vestir diferente, así que uso sacos y trajes variados. Y voy cambiando.
—¿Qué supone para Chile en su trayectoria?
—Lo digo en cualquier entrevista en el mundo: Chile es nuestro segundo hogar. Fue el país que nos abrió las puertas y nos hizo profesionales. En Argentina se acostumbraba a hacer 10 shows por noche en bailantas donde no se podía demostrar mucho, y en Chile nos encontramos haciendo estadios y conciertos. Ahí nos enseñaron a ser artistas de festivales. También eso nos impulsó a marcar la diferencia con la vestimenta. Chile nos brinda un cariño recíproco que siempre mencionamos en todos lados.
—¿Cómo sigue la celebración? A fines de octubre formarán parte del Festival Bamba, un evento importantísimo, de gran escala, en el Parque O’Higgins.
—El 30 de septiembre salimos de gira a Estados Unidos. Estaremos en Nueva York, Washington, Miami y Georgia, donde paso mi cumpleaños trabajando el 3 de octubre, ja, ja, ja. Luego está el Festival Bamba, donde esperamos compartir con otros colegas. Después nos abocaremos a festivales en Argentina, donde no tocamos desde abril aproximadamente, y en el verano seguramente volveremos a Chile.
¿Cuándo y dónde es el Festival Bamba?
El evento, que reunirá a algunos de los más grandes de la escena latina —Marc Anthony, Juanes, Fito Páez o Carlos Vives, entre otros— está agendado como doble jornada para el próximo 24 y 25 de octubre de 2026 en el Parque O’Higgins.
En concreto, Ráfaga saltará al escenario el domingo 25.
Las entradas las puedes adquirir en el sistema Ticketmaster.
