Distraerse a cada rato no siempre juega en contra y la ciencia empieza a explicarlo. El arte, la música y el baile asoman como herramientas terapéuticas sin pastillas.

24 de agosto 2026, 09:24hs

La atención dispersa y el pensamiento creativo comparten circuitos en el cerebro.

La atención dispersa y el pensamiento creativo comparten circuitos en el cerebro.

Se le pierden las llaves, arranca cinco cosas y no termina ninguna, se le va la cabeza en plena reunión. Pero un buen día aparece con una idea que nadie más había visto y resuelve, de una, algo que venía trabado hace meses. La escena es común en las casas y en las oficinas, y durante años se archivó en el cajón de los defectos. Ahora la ciencia propone leerla distinto.

Un trabajo firmado por Radwa Khalil, neurocientífica egipcia de la Constructor University de Bremen, en Alemania, junto a colegas de instituciones francesas, sostiene que algunos procesos mentales asociados al TDAH pueden funcionar como combustible del pensamiento original cuando se los encauza bien.

Una linterna que ilumina de más

La analogía que usa la investigadora es sencilla. “Piensen en la atención como un foco. La mayoría de las personas pueden enfocar su haz en una sola cosa. Los cerebros con TDAH tienen un foco más amplio, captando más información a la vez. Esta condición puede dificultar las tareas rutinarias que requieren concentración. Sin embargo, esta visión más amplia, o ‘atención difusa’, también fomenta el pensamiento exploratorio y la combinación de nuevas ideas, lo que impulsa la creatividad”, explicó Khalil.

Esa misma dispersión que complica seguir una consigna en el aula, según el trabajo, comparte circuitos neuronales con el pensamiento asociativo libre: ese ir y venir mental que conecta cosas aparentemente inconexas y que suele estar en el origen de una buena idea.

El problema no es el único capítulo

Durante décadas, el trastorno se contó siempre desde la misma vereda. “Existe la tendencia a ver los trastornos relacionados con la atención, como el TDAH, únicamente desde la perspectiva de un déficit: qué falla, qué falta o qué hay que corregir”, planteó la especialista, que remarcó que los patrones de atención neurodivergentes no son apenas un problema y pueden abrir caminos hacia un pensamiento potente si se los orienta.

Dibujar, pintar o tocar un instrumento ayudarían a encauzar la distracción sin recurrir a fármacos. (Foto: Adobe Stock)

Dibujar, pintar o tocar un instrumento ayudarían a encauzar la distracción sin recurrir a fármacos. (Foto: Adobe Stock)

Los números explican por qué el tema importa. Los relevamientos internacionales ubican al TDAH entre el 5% y el 7% de los chicos en edad escolar, y el propio artículo habla de casi el 8% a nivel mundial. En adultos, las Encuestas Mundiales de Salud Mental impulsadas por la Organización Mundial de la Salud estimaron una prevalencia cercana al 2,8%, con un enorme subregistro: la mayoría llega al diagnóstico de grande, después de años de sentirse a contramano.

Arte, música y baile, sin receta

La punta más práctica del trabajo apunta a las terapias creativas como alternativa no farmacológica o complementaria. Entre las prácticas que los autores mencionan como vías para canalizar la atención dispersa figuran:

La clave, señalan los investigadores, no está en el pasatiempo en sí sino en lo que ocurre debajo. Esas actividades activarían las mismas redes neuronales que sostienen el control atencional: algo así como una gimnasia para la cabeza. Para un chico, sumergirse en el momento mientras dibuja o toca música podría fortalecer su capacidad de concentrarse trabajando a favor de su estilo cognitivo, y no en contra.

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Ahora bien, los propios autores ponen el freno de mano: el vínculo entre atención y creatividad todavía no se entiende del todo. El artículo no evalúa un tratamiento ni mide resultados en pacientes; propone una hoja de ruta para investigar, con seguimientos largos y equipos mixtos de neurocientíficos, arteterapeutas y clínicos. Nada de esto reemplaza el abordaje profesional ni los tratamientos indicados.

Lo que sí deja el trabajo es un cambio de mirada. Antes de correr a corregir, quizás convenga preguntarse qué está haciendo esa cabeza cuando parece que no hace nada.