
“Algunos me creen natural de Quíos, otros de Esmirna y muchos de Cologón, pero soy de Babilonia y en mi país no me llamo Homero, sino Tigranes. Sin embargo, hallándome rehén en Grecia, cambié de nombre después”. Estas fueron las palabras que Homero, el autor de La Ilíada y La Odisea que vuelve a estar en la mente de todo el mundo por la película de Christopher Nolan, le dijo a Luciano de Samóstata en los viajes que este cuenta en sus Relatos verídicos.
Aunque esta obra es del siglo II, y por lo tanto es imposible que su autor conociera a un poeta mil años anterior (Relatos verídicos se considera el texto más antiguo de ciencia ficción), demuestra el interés que había, ya desde la época clásica, por saber quién era el gran poeta de la Antigua Grecia: de dónde venía, cómo escribió dos obras tan importantes para la historia y, al mismo tiempo, tan diferentes entre sí. Había numerosas versiones al respecto, muchas de las cuales surgieron tan pronto como sus versos se convirtieron en un pilar de la cultura.
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El enigma de la identidad de Homero sigue siendo hoy un gran misterio. Sobre la llamada cuestión homérica, expertos de todas las épocas han lanzado teorías al respecto, si bien ninguna de ellas ha podido confirmarse y puede que nunca lo haga. El misterio de Homero empieza, de hecho, por su nombre y su significado: algo que, veladamente, nos decía Luciano de Samóstata, y que podría relacionarse con los temas que se tratan tanto en La Odisea como en La Ilíada. Homero, en griego antiguo, significa “prisionero de guerra”.

“Homero es quizá una figura más mítica que Ulises”, destaca Alfonso Mañas, historiador que acaba de publicar La Odisea. La realidad tras el mito (Almuzara). Su lectura de las obras del poeta parte del hecho de que su autor era un “rapsoda”, es decir, un cosedor de cantos que, en el siglo VIII a. C., recogió las hazañas que recitaban los aedos (los bardos de la época) y que las unió en torno a unos personajes, a unas hazañas y a un evento ocurrido 400 años antes: la guerra de Troya. Por lo tanto, a la pregunta de quién fue Homero se añade otra cuestión homérica: ¿fue realmente el autor de lo que se cuenta en sus poemas?
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Por otra parte, el primer testimonio sobre la identidad de Homero lo dio, supuestamente, él mismo en uno de los llamados Himnos homéricos. En estos textos, el poeta se describía como “un varón ciego, que habita en la escabrosa Quíos”, y cuyos cantos prevalecerían en el futuro. El problema es que, en realidad, los Himnos homéricos no los escribiría el poeta, sino otros autores que vivieron uno o dos siglos después, tal y como ha demostrado la historiografía moderna. Con todo, no sería descabellado situar su origen cerca de esa zona, o al menos en su misma región, Jonia, puesto que tanto La Ilíada como La Odisea están escritas en una mezcla de dialectos, entre los que destacaba el jonio.
Pero ¿qué hacemos con el resto de dialectos que se encuentran en estas obras? La “versión oficial” de ambas no llegó en el siglo VIII a. C., sino en el siglo VI a. C., cuando Pisístrato, tirano de Atenas, ordenó fijar por escrito una versión a partir de lo que, hasta entonces, se había transmitido oralmente. “No sabemos cuántos Homeros hubo, aunque lo simbolicemos en uno en concreto”, comenta Mañas. “Los filólogos han detectado casi todas las variedades del griego de la Antigua Grecia en esos textos, así que, claramente, distintas personas de distinas partes de Grecia contribuyeron a hacerlos. Todo eso quedaría fosilizado en el lenguaje y en cómo nos ha llegado la obra al ponerse por escrito siglos después”.
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Hay otras teorías acerca de la identidad de Homero y cómo escribió sus versos. Incluso los propios griegos dudaban de que La Odisea y La Ilíada hubiesen sido escritas por la misma persona: Jenón, Helánico, Aristarco, Zenódoto… Son muchos los que apuntaron hacia las diferencias entre dos obras que incluso se contradicen en ciertas cosas. “En la Ilíada, Odiseo es un guerrero bastante brutal y bestia, es implacable y nunca llora. No encaja con el Odiseo de La Odisea, mucho más sentimental y que, al verse perdido, se pone a llorar”, pone como ejemplo de discrepancia Mañas.
Entre quienes creen que Homero solo fue autor de la Ilíada, existe también otra posibilidad: ¿Y si Homero hubiera sido una mujer? Para Andrea Martínez, autora de Anónimo es nombre de mujer (Bruguera), esta idea resulta muy interesante: “La plantean estudiosas como Natalie Haynes (en su ensayo Las mil naves) y Carmen Estrada (en Odiseicas). El tono de La Odisea con respecto a las mujeres es distinto al de La Ilíada: cómo se habla de ellas, la importancia de Circe y Calipso, la idea de Penélope tejiendo y destejiendo un sudario en un telar porque los hombres no saben cuánto se tarda en hacer eso… No sé a cuántos hombres de la época se les hubiese ocurrido".
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Alfonso Mañas no comparte esta teoría. “En el siglo VIII a. C. todos los rapsodas eran hombres. Si una mujer hubiese compuesto o escrito un poema, ni siquiera habría tenido público para que perviviera”. Sin embargo, si reconoce que el papel de los personajes femeninos es muy importante, cosa que, sin embargo, también puede encontrarse en La Ilíada: ”Hay un momento en el que Elena de Troya se rebela contra Afrodita, se niega a acostarse con Paris y acusa a la diosa de estar utilizándola. Entonces Afrodita la amenaza: ‘Ten cuidado, obedéceme o dejaré de favorecerte y los hombres te matarán’“, concluye. ”Esas cosas muestran una gran atención por el papel de la mujer".
Más de 2.800 años después de la aparición de las obras de Homero y más de 3.200 desde la guerra de Troya que estas nos cuentan, las preguntas sobre este autor siguen sin resolverse. Quizá lo mejor sea quedarse con un verso de La Ilíada en la que otro poeta griego, Simónides de Amorgos, interpretó que Homero hablaba de sí mismo: “¿Por qué me preguntas mi linaje? Como el linaje de las hojas, tal es también el de los hombres“. Estas palabras acabarían convirtiéndose en un proverbio en la Antigua Grecia, y su mensaje sigue vigente a día de hoy: que a pesar de que creamos saber quiénes somos y de dónde venimos, de lo importante que es nuestra identidad, esta es, en realidad, algo mucho más frágil de lo que creemos.
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