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El futbol es una maquinaria de ilusiones que se infla y desinfla crónicamente. Cada cuatro años ensancha sus límites. Cuando yo era un niño si no veías el gol en la tele, no lo veías ya jamás. Te lo platicaban en el recreo o quizá veías fotos en el periódico, a veces en los noticieros pasaban repeticiones. Todo era muy fugaz, único e irrepetible. Cada gol te hacía sentir parte de algo inmenso.
El mundo cambio a trallazos. Hoy hay al menos 4 opciones de canales en la tele que hablan de futbol 24/7. Puedes ver el gol que sea a la hora que sea en tu celular. En el 2026 el promedio de atención humana es de 8 segundos. Las redes sociales se han vuelto baterías que alimentamos con nuestro odio, internet es una fayuca, la IA luce atemorizante pues unificará la forma cómo pensamos y borrará el pasado. Hay guerras donde mueren inocentes, nos estamos acabando a la naturaleza y, dicho muy burdamente, al planeta lo lideran los malos. En este contexto se desarrolla el World Cup 2026.
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Durante el mundial de 2026, México estableció una costumbre mundialista: el “quiere volar, quiere volar”, que implicó lanzar por los aires a cualquier persona que se deje. Corresponsales, niños, extranjeros, todos volaron durante los festejos en la capital. Foto: Valente Rosas/EL UNIVERSAL.
El evento será parcialmente en México. 5 juegos en CDMX, 4 en Monterrey y 4 en Guadalajara. Para el caos al que han sido sometidas nuestras ciudades en los últimos meses, son pocos juegos. Todo mundo está neurotizado. Persiste esta sensación de que sólo nos dieron migajas de Mundial, el aeropuerto lleva meses en obra negra y han pintado con color morado cosas que no necesitaban ser pintadas. Y hay desapariciones, menores de edad trabajando para el crimen, desalojos y despojos, madres buscadoras, falta de agua en las zonas alrededor del Azteca. También en este contexto se desarrolla el World Cup 2026.
En el sorteo de grupos la FIFA hace el ridículo dándole un inventado Premio de la Paz a Trump.
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El Ángel de la Independencia es una de las postales más icónicas del festejo futbolero en México; al mismo tiempo, sus celebraciones han dejado historias trágicas. Crédito: EFE/ Tomás Pérez
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Será un Mundial con las tribunas llenas de CEOs, farándula e influencers. Hicieron de algo sagradamente popular, una cosa de élite. Anuncian la aparición del álbum Panini. No es casualidad que los únicos que dicen que lo van a coleccionar en el grupo de whats de mi chamba sean los patrones. Se requiere de una inversión aproximada de 10 mil pesos para llenarlo. ¡10 mil pesos! Prefiero comer milanesas por un mes.
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Hablando de influencers, un creador de contenido argentino se propuso el reto de hacer famoso al futbolista menos conocido del Mundial. Tim Payne, lateral derecho neozelandés, fue el elegido. Pasó de tener 4 mil followers a más de 5 millones en escasos días. Yo me pregunto: ¿por qué no mejor hacer famoso al único futbolista que se manifestó en contra del Premio de la Paz a Donald Trump?
Jackson Irvine, mediocampista australiano, calificó la entrega como lo que es: una burla y un insulto. Es el único de los 864 seres humanos del álbum Panini que se proclamó contra tal mafufada. ¿Ya les habrá salido su estampa a mis jefes? ¿No será que le estamos dando fama a quien no deberíamos?

La práctica mexicana de aventar gente por los aires al tiempo en que se gritaba la frase “quiere volar” brindó las más icónicas postales del festejo futbolero. Crédito: Gabriel Pano / El Universal
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Las camisas de futbol siempre me han parecido material de sueños, artículos hermosos para los que ya no tengo ni el físico ni la cartera. A veces voy a centros comerciales y me pruebo playeras de diferentes equipos. Me tomo selfies, le sonrío al espejo, disfruto de la fantasía de ser un jugador en el vestidor. Es un inocente placer fetichista. Las posibilidades de que yo juegue en una Copa del Mundo son del 0%. Pero cuando uso un jersey de fut siento que me estoy disfrazando de feliz. Tan sencillo como eso.

Cortesía: Gabriel Rodríguez Liceaga
El Mundial es en nuestra casa, pero no nos invitaron. Sin embargo, estoy convencido de que México necesita ser alegre de la manera en que solo el fut lo logra. En efecto, no está el país para una copa del mundo, no está el planeta para una copa del mundo; pero ojalá resuelva siendo un evento medicinal y dichoso; una copa que recordemos por muchos años.
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El evento de inauguración del Mundial en el Azteca es realmente lamentable. En resumen, Maná tocó en unas escaleras. Es como si los organizadores jamás hubieran visto una ceremonia de inauguración de otros mundiales. Se desperdició la oportunidad de no hacer el oso planetariamente. Y estaba fácil: Un Sonidero, la danza de los Viejitos, canto Cardenche. Hay miles de opciones. Símbolos que nos dan orgullo e identidad. Estaba muy fácil: un águila entrenada sobrevuela el predio masticando una serpiente, luego se posa sobre un nopal al centro de la cancha, yo qué sé.
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Irán juega en EUA pero duerme en Tijuana. Un árbitro somalí no pudo entrar al país. Tampoco pudo ir congoleño que durante los juegos se hace pasar por una hermosa estatua viva. Un delantero iraquí fue interrogado por migración 7 horas. No podemos ver el Mundial en fondas y el de los jugos no puede sacar su tele y ponerla en su puesto. Yo de hecho no debería decirle Mundial al Mundial. No podemos inventar la FIFACONCHA. No dejan que Brugada ponga su mascota espuria en el puente del Azteca. Y al inicio del certamen, no se puede hablar español en las conferencias de prensa. Esto último, obviamente no trascendió; pero es un claro ejemplo de cómo, si pudiera, Trump nos arrancaría la lengua.
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Cachetada con guante blanco: la final fue entre dos equipos hispanohablantes, esto no pasaba desde hace casi un siglo.
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Es genial que, a pesar de los esfuerzos gubernamentales para que nos identificáramos con un Ajolote, los mexicanos preferimos adorar a un pato con su camisetita verde. Las mascotas oficiales del mundial, tan sin chiste, también fueron olímpicamente ignoradas. En cambio, el pato hasta en la nómina de Televisa entró, salió en un billete de la Lotería.
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7.
La camisa away de Japón no me encanta ya puesta. La de los cien años de Galés me queda perfecta. La de visitante de Portugal me hace sentir viejo. La negra de México de Someone Somewhere es un estandarte de la explotación laboral y apropiación cultural, le hago el fuchi.
8.
La FIFA se sale con la suya: la fase de grupos es preciosa, llena de emociones y juegazos. Las nuevas reglas funcionan porque hacen al juego más dúctil y veloz, excepto por la pausa de hidratación es odiosa. El hecho de que haya más equipos participando crea méritos y récords inéditos. La primera victoria de Egipto en un Mundial, el primer gol de Congo, Cabo Verde pasa de la fase de Grupos por primera vez en su historia, Vozinha se gana nuestros corazones, ¡Paraguay elimina a Alemania! Katia Itzel es la primera mujer mexicana en arbitrar un Men´s World Cup match.
La primera parte del Mundial fue oro puro porque con estos nuevos logros se gestaron nuevas mitologías nacionales, la gloria pambolera se hizo más democrática. Países enteros supieron por primera vez qué se siente gritar un gol mundialista. En esto hay que detenerse un segundo: no son clubes, son países. Culturas, sociedades, historia, generaciones y generaciones de seres humanos. México se tardó 32 años en ganar su primer partido en un Mundial. Sirva esta cifra para dimensionar las diferentes hazañas de todas estas selecciones “débiles”.
9.
México hace un Mundial histórico. 4 ganados sin recibir gol y homenaje a Paco Memo. Jugamos hermoso. Demostramos que nuestro futbol y, por añadidura, nuestra literatura, nuestra arquitectura, nuestros pasteles, nuestra música y nuestro mole de olla; son poderosos. El tri nos dio identidad y alegría como hace mucho que no pasaba. ¡Viva México!
Las celebraciones alrededor del Ángel carecieron de prudencia y el civismo. Caos, ingesta desmedida de alcohol en la vía pública, turbas exaltadas aventando gente hacia arriba, adultos orinándose en las ruinas de una de las obras hidráulicas más importantes de la antigua Tenochtitlán. Hubo peleas a puños, asaltos. Y besos de tres, besos a extranjeros. Personas ahogadas adentro de charcos de tres lluvias, gente arrancando a patadas el cempasúchil del camellón de Reforma jajajaja…
Es gracioso, pero no lo es. Murieron 5.
Corea, Sudáfrica y Chequia probaron el chile nacional. Nos los chingamos. Manos les van a faltar. Nos vamos a coger a los Ecuatorianos. Un discurso violento, sexual, maleducado, patriarcal. El testimonio de estos días de pachanga recaudado por los genios de Proyecto Escolar es un documento formidable que tristemente rebela a una sociedad sin reflexiones ni ideas propias. Gente embrutecida. Literalmente. Tanto los millonetas que fueron al estadio como los que celebramos en las calles. ¿Qué nos pasa? Da la impresión de que lo peor que nos podría pasar es, de hecho, ser Campeones.
No digo esto desde una superioridad moral. Yo también estuve fumando mariguana en Reforma cuando le ganamos a Corea, bebí caguamas ajenas rodeado de gente con sonrisas que no les cabían en el rostro. El tequila caía del cielo, era una ceremonia hermosa y destructiva. Alboroté y brindé con la Diana Cazadora. Arrojé gente hacia arriba coreando: quiere volar, quiere volar. ¡Pues claro que queremos volar! Mora, Lira y Piojo volaron.
10.
Es muy común esta idea de que el futbol se hereda, vía el padre, porque una vez lo vimos llorando frente a la tele cuando su equipo perdió. O ganó, depende el país. A partir de este momento epifánico decidimos irle el resto de nuestra vida, por ejemplo, al Necaxa. Carece de sentido, pero es la gran historia fundacional del fut. Pelé vio a su papá llorar por el Maracanazo y le prometió ser campeón de Mundo. Tenía 10 años.
¿No será que el futbol es la incapacidad del varón de expresar sus sentimientos? ¿No será que sólo nos permitimos mostrarle a los demás lo que sentimos cuando juega el TRI? tal como lo hacían nuestros papás. Sólo lloramos en grupo, bola de idiotas. Perla de sabiduría leída en internet: la sociedad nos enseñó a los varones a avergonzarnos del llanto, pero no de la violencia.
11.
Apenas hace unos días, el periodista Mauricio Ymay propuso en un podcast que le disparan a las madres buscadoras que obstaculizaron la llegada de los fans al estadio. Literalmente dijo: “balas de goma, pum, pum, pum”.
Lo dicho: necesitamos ser mejores mexicanos.
12.
Y si sí hay ascenso y descenso. Y si sí regresamos a los torneos largos. Y si sí estamos en Libertadores. Y si sí mandamos más morritos a Europa. Y si sí reducimos el número de extranjeros por equipo. Y si si invierten en el futbol femenil. ¿Y si sí?
Se pone de moda la rola de Caifanes que dice: “Y vienes desde allá donde no sale el sol donde no hay calor”, refiriéndose al feo clima inglés, en contraste con México donde si sacrificamos nuestra sangre por un amor. Rolón. Ese es precisamente el México que tenemos que rescatar y defender, el que nos da cultura y orgullo, el que nos da identidad y nos hace sentido. México no sólo es Maná cantando en unas escaleras.
England nos elimina.
Ojalá toda la ilusión que nos dio la Selección podamos enfocarla distinto. En nuestros proyectos personales, seres queridos, anhelos y sueños. Nos dejaron la batería llena.
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Quizá Trump es tan idiota que pensó que, si te sacan una roja, en el siguiente partido juegas con 10 futbolistas. Sólo una ignorancia de ese tamaño justificaría que desde la Casa Blanca exigieran que se retirara una expulsión al Team USA. ¡Cómo pudo permitirlo la FIFA! Esto es aberrante. Estamos frente a la institucionalización de la trampa.
El prodigioso gol que le anularon a Egipto contra Argentina era un ejemplo claro de por qué nos gusta este deporte. Fue anulado yo no sé si justa o injustamente, el árbitro no soy yo; pero tengo claro que a la decisión la contamina tanto apoyo cínico, tácito y comprobable, a una selección que de hecho no necesita favores de la FIFA. El gol se anuló al retrotraerse hasta que a Argentina le convenía. El VAR no es un buscador de faltas, existe para revertir los errores claros, humanos y obvios del referee. O qué, ¿me están diciendo que la tecología no es neutral? Me cae que si por ellos fuera, en el futbol del futuro, solo jugarán un montón de hologramas de Messi. Nos llaman Fifas, pero yo corrupto no soy.
Desilusionado, decido dejar de ver el Mundial.