River ganó los tres partidos que jugó con Leonardo Ponzio como DT, anotó 7 goles y recibió 4, generó un promedio de posesión del 65%, un número alto de remates (17,3 por partido). Y, además, mejoró la eficacia de esos intentos, yendo en dirección al arco un promedio de 7,6 disparos. Les dio impulso a los números heredados por Eduardo Coudet en el Clausura: apenas una victoria en 6 partidos, 4 goles a favor y 6 en contra; un promedio de tenencia del balón del 63,5%; 13,3 intentos de remates (apenas 3,3 al arco por cotejo). Pero más allá de las cifras, hay una mejora en el juego ofensivo, en que aparecieron algunas sociedades que acercaron a los futbolistas al gol.
Primero la idea, luego las sociedades: si de Coudet el entrenador interino había tomado un plantel al que le faltaban características de jugadores que vayan “por afuera”, reajustó las búsquedas de cara al arco adversario con los “ataques interiores”, esos que fueron un sello en el River 2018/19 de Marcelo Gallardo, quizás el que mejor juego desplegó en el exitoso ciclo. Y dentro de esas búsquedas, también aparecieron los “centros atrás”.
Uno de los principales déficit en cuanto al juego que se le marcaba al River del Chacho es que, en medio de las dificultades, le costaba en 2026 que hasta dos futbolistas logren destrabar un partido tirando una pared, tomando un atajo hacia la creatividad cuando con el libreto táctico o la estrategia planificada no se podía.
Lo que más le debe doler internamente a Coudet es que casi nunca pudo jugar bien, al menos con cierta continuidad o tomando como referencia un mismo partido de principio a fin. Todo fue volátil, efímero. Un gol, una reacción, un momento que no pudo tener continuidad. Y ahora está viendo que, al menos, se destraban partidos con una pared, con apenas una sociedad, como se vio en el golazo de Driussi ante Banfield, tras una gran asistencia de Angel Correa.
Los goles de River ante Banfield
Cuando Coudet llamó a los posibles refuerzos para conformar un buen plantel, pretendía -al menos- ver algunas de las combinaciones que se observan ahora, que nacen desde las búsquedas de los futbolistas técnicos y de jerarquía. Ahora bien: claro que Ponzio hizo buenos ajustes porque, en la mejora del equipo, primero aparecieron las “búsquedas” y las “combinaciones” y luego los goles para ganar los últimos tres partidos.
Si al River de Ponzio todavía le faltan definir varios aspectos de su juego, al menos sabe cómo quiere atacar.
En los 7 goles (y en muchos de otros avances también) se vieron “ataques interiores” o finalizaciones con centros atrás, rasantes: si River no tiene un delantero de 1m98, las búsquedas son por abajo. Y así convirtió tantos pero también hilvanó otras acciones que no finalizaron en las redes pero que se gestaron por esa vía, como la que terminó en el remate de Galván en el travesaño y que pudo ser el 4-2 ante Banfield.
Ponzio seguía teniendo los mismos problemas que Coudet desde el sistema táctico: no contaba con varios futbolistas que hagan las bandas, tanto por derecha como por izquierda. ¿Cómo lo resolvió ofensivamente el nuevo DT? Dejando esa zona casi en exclusividad para los laterales, que son los que generan la amplitud para -luego- fabricar el peligro por los tres carriles centrales. En el inicio de la foto del gol de Almada ante Atlético Tucumán, aparecen los 10 futbolistas volcados en campo rival y sólo Juan Cruz Meza (en posesión del balón) está en un carril externo.
Y en la jugada del 1-0 de Tobías Andrada en Tucumán, quien hace la apertura para Montiel es Correa, pero -salvo Acuña, por el otro lado- todos los demás están elaborando en los carriles centrales. Si en el River de Gallardo la amplitud se la daban Montiel y Casco, ahora es el turno de Montiel y Acuña. Eso sí: claramente puede haber momentos en donde la banda sea de un delantero o de un volante, pero es ahí donde los laterales hacen diagonales por dentro. En las búsquedas ofensivas, no suelen haber más de un futbolista en los carriles externos.
Ponzio dijo con respecto a las búsquedas ofensivas y la cantidad de remates: “Se entrenan cosas y después ellos deciden. Por naturaleza, uno les habla por lo que se pretende, pero después están las decisiones en el campo. Por ejemplo: nosotros sabíamos que en la cancha de Atlético Tucumán, terminar jugada iba a incomodar más al rival. Por eso era la insistencia de que pateen de afuera, que ‘terminen la jugada’, pero después la impronta es de ellos. (Juan Cruz) Meza la agarró en la punta y yo le pedí que patee. Había pateado anteriormente y en la otra decidió enganchar y terminó con el gol”. Esa jugada que vino con el desborde y centro atrás que pivoteó Beltrán y terminó en el remate goleador de Almada. ‘Terminar las jugadas’ también apuntaba a reducirle la capacidad de generar acciones de contraataque a un equipo de Falcioni.
En la jugada del 3-1 de Angel Correa ante Banfield, la combinación con Almada nace en los carriles centrales. Lo mismo el primer y segundo gol de Tomás Galván ante Independiente Rivadavia de Mendoza, en el Monumental. La acción del penal para el 1-0 ante la Lepra mendocina la hace Angel Correa también picando por adentro. En ese mismo encuentro, en el primer festejo del exVélez se generaron pases y búsquedas por dentro entre Correa y Almada (doble pared) y Galván convirtió tras el rebote del arquero; en el segundo aparece como 10 por el centro y saca un derechazo formidable. En la acción que deriva en el 2-0 al Taladro (penal que convierte Almada), la “amplitud” en el lugar de Montiel la ofreció el exAtlético de Madrid, pero siempre con la intención de terminar por adentro.
Los goles de River ante Independiente Rivadavia
La técnica individual de Almada, Correa y la vuelta de Sebastián Driussi (en este estilo de juego interior es clave también cómo ingresa el 9 en el circuito) marcan la diferencia, lo mismo la conocida aparición de Tobías Andrada, pero si no tuvieran la “voluntad de juntarse” ninguno se destacaría.
Si los mejores se buscan, las sociedades aparecen. Un equipo no se arma de un día para el otro, lleva tiempo y entendimiento. Al Millonario todavía lo lastiman con pelotazos frontales, envíos aéreos cruzados a las espaldas de los centrales y contraataques que lo agarran mal parado. Ponzio recién va encontrando puntos de apoyo en los cuales River puede volver a sentirse peligroso. Para ganar un partido se deben completar varios casilleros, muchos más para conseguir un campeonato, pero para hacer un gol quizás con una pared alcanza. Por ahí arrancó el River de Ponzio.
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