El intenso sistema frontal que afectó a gran parte del país dejó inundaciones, aluviones y desbordes de ríos, además de poner a prueba la capacidad de respuesta de las ciudades frente a un evento de gran magnitud.

Para los expertos, este tipo de fenómenos será cada vez más habitual como consecuencia del cambio climático, por lo que la adaptación urbana se vuelve una tarea cada vez más urgente.

En entrevista con La Tercera, Pablo Allard, decano de la Facultad de Arquitectura y Arte de la Universidad del Desarrollo (UDD) y socio de Allard&Partners, aseguró que la principal lección que deja este temporal es que “no hay espacio para negaciones. El cambio climático existe, es real”.

Por esto, las ciudades deberán incorporar nuevas estrategias de planificación para convivir con eventos meteorológicos extremos.

¿Qué se puede mejorar en las ciudades más afectadas por el último temporal en Chile? Foto: ATON.

¿Cómo han soportado las ciudades?

El arquitecto destacó que la respuesta del país fue mejor de lo esperado. “Este último evento da cuenta de que Chile está mucho mejor preparado de lo que pensábamos”, afirmó.

Según explicó, la anticipación de los pronósticos permitió activar alertas tempranas y que tanto autoridades como ciudadanos se prepararan con anticipación, disminuyendo el impacto que pudo haber tenido un fenómeno que calificó como un evento que se repite cada 100 años.

“Para dimensionar un poco esto, en las últimas horas ha caído más agua en Santiago, durante el mes de julio, que todo lo que se tiene registrado desde 1914”, ejemplificó.

¿Qué se puede mejorar?

Sin embargo, Allard advierte que todavía existen aspectos importantes por mejorar.

A su juicio, gran parte de las ciudades siguen respondiendo a un modelo urbano diseñado durante el siglo pasado, donde el agua se conducía a hacia lugares con menos altura.

“La ciudad del siglo XX se diseñó tratando de que todos los problemas había que conducirlos y llevarlos para otro lado”, explicó.

Esto muchas veces termina trasladando el problema hacia las zonas más bajas, donde se producen las inundaciones. Un ejemplo de esto son Maipú y Pudahuel en Santiago.

Frente a ello, plantea avanzar hacia el concepto de “ciudades esponja”, un modelo que busca retener el agua donde cae mediante infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza.

Entre ellas menciona techos verdes, pavimentos permeables, humedales urbanos y parques inundables.

“El Parque Víctor Jara en el Zanjón de la Aguada o el Parque La Honorada en Pudahuel están diseñados para que durante 360 días al año sean un parque, pero su diseño permite que el agua escurra y se contenga en los momentos de más alta afluencia”, menciona como ejemplos.

Zanjón de la Aguada

Humedales como “esponjas”

El arquitecto también cree que es necesario revisar la legislación vigente para facilitar este tipo de proyectos.

En ese sentido, señaló que “revisaría la ley de humedales urbanos” para promover un desarrollo que permita proteger estos ecosistemas e incorporarlos a la planificación de las ciudades.

“Lamentablemente la ley de humedales ha generado una especie de prohibición de que haya desarrollo urbano en torno a los humedales. Los humedales son verdaderas esponjas”, mencionó.

Según explicó, la idea es incorporar tanto humedales naturales como artificiales en parques, platabandas y antejardines, de manera que sea posible compatibilizar el desarrollo urbano con la protección de estos ecosistemas.

A su juicio, esto permitiría que Chile se convierta en un referente en el desarrollo del concepto de “ciudades esponja”.