Un hombre mira su teléfono móvil acostado en una cama moderna, con la luz de la pantalla iluminando su rostro, mientras una mujer lo observa con seriedad desde el lado.

Una encuesta citada por Independent en Español mostró que el 41 por ciento considera infidelidad sostener conversaciones de coqueteo con alguien que no es la pareja (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las relaciones de pareja cambiaron al ritmo de la vida digital y, con ellas, también se transformó la idea de lo que muchas personas consideran una traición. La infidelidad ya no queda limitada a un encuentro físico y cada vez más aparece asociada a conductas emocionales o virtuales, como los mensajes ocultos, los coqueteos sostenidos o la permanencia en aplicaciones de citas.

Esa discusión remite a una zona sensible porque no alude solo a reglas abstractas, sino a acuerdos íntimos, confianza y formas de cuidado dentro de cada vínculo. Con la expansión de las redes sociales, la mensajería privada y la disponibilidad constante de contacto con terceros, también crecieron los escenarios de conflicto y se volvieron más visibles ciertos límites que antes resultaban difusos.

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Según publicó Independent en Español, una encuesta entre estadounidenses mostró que una parte relevante de las personas en pareja ya considera infidelidad una serie de prácticas que no incluyen contacto sexual ni físico.

El dato refuerza una tendencia que otras investigaciones ya observaron en el cruce entre vínculos, tecnología y confianza: la percepción de engaño también se extiende a los espacios digitales y a la intimidad emocional que se construye fuera de la relación.

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Cuando el engaño también pasa por la pantalla

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El 37 por ciento de los encuestados definió como infidelidad tener un perfil activo en aplicaciones de citas y guardar a alguien en el celular con un nombre falso (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con la nota de Independent en Español, el 41 por ciento de los encuestados considera que mantener una conversación de coqueteo constante con alguien que no es la pareja ya cuenta como infidelidad. En el mismo relevamiento, el 37 por ciento ubicó en esa categoría tener un perfil activo en aplicaciones de citas “solo para mirar”, mientras que una proporción idéntica señaló guardar a alguien en el celular con un nombre falso.

A eso se sumó el 36 por ciento que marcó como infidelidad borrar mensajes para que la pareja no los vea, mientras que una proporción similar incluyó el contacto secreto con una expareja.

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La novedad de esos resultados no pasa solo por la lista de conductas, sino por el criterio que dejan ver. El foco ya no se concentra únicamente en un acto consumado, sino también en el ocultamiento, la intención y la continuidad de un vínculo paralelo. En esa mirada, el secreto ocupa un lugar central porque altera el acuerdo de confianza sobre el que se sostiene la relación.

Ese desplazamiento también aparece en estudios académicos previos. Una investigación publicada en la base PubMed Central examinó conductas vinculadas con infidelidad en redes sociales dentro de parejas casadas o convivientes.

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El trabajo señaló que solo una minoría declaró ese tipo de prácticas, aunque encontró una asociación entre esos comportamientos y niveles más bajos de satisfacción en la relación, además de mayor ambivalencia y más inseguridad afectiva.

Ese estudio detalló que el 7 por ciento de los participantes indicó que a veces comparte información emocional o íntima con otras personas en lugar de hacerlo con su pareja, el 6% dijo que a veces conversa por chat con antiguas parejas románticas y el 5% admitió que en ocasiones oculta lo que les dice a otras personas en internet.

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Aunque se trata de una investigación previa y con un recorte específico, aporta un dato relevante para la discusión actual: aun cuando estas conductas no siempre son mayoritarias, sí aparecen ligadas a malestar relacional.

Vista aérea de un dormitorio moderno con dos camas individuales donde un hombre y una mujer duermen de espaldas. Entre las camas hay una mesita con lámpara, reloj y celulares.
El ocultamiento ganó peso en la discusión sobre infidelidad porque borrar mensajes o mantener contacto secreto con una expareja afecta la confianza en la relación (Imagen Ilustrativa Infobae)

La encuesta citada por Independent en Español indicó que uno de cada siete estadounidenses, equivalente al 15 por ciento de quienes están casados o en pareja, admite tener sentimientos románticos por alguien que no es su pareja. El dato sugiere que la discusión sobre fidelidad no se agota en lo que se hace, sino que también se conecta con los vínculos emocionales que pueden formarse por fuera de la relación principal.

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En esa misma medición, aparecieron diferencias generacionales y de género. Según detalló Independent en Español, la generación Z fue la más propensa a reconocer atracción por una persona externa a la relación, con 31%, seguida por los millennials, con 21%. El relevamiento añadió que el 19% de los hombres lo admitió, frente al 12% de las mujeres.

La existencia de sentimientos, chats o acercamientos ambiguos no implica siempre la misma lectura social ni el mismo impacto en todas las parejas. Esa variedad también aparece en la investigación académica. El artículo publicado en Journal of Sex & Marital Therapy retomó una revisión sistemática amplia y recordó que la infidelidad puede entenderse como una violación del compromiso de pareja en la que la intimidad sexual o emocional, o ambas, se dirigen fuera del vínculo principal sin consentimiento de la otra parte.

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