Aunque las autoridades congoleñas aseguran que el fuerte aumento de nuevos casos parece estar ralentizándose, advierten de que el brote aún no ha alcanzado su pico. El último informe del instituto de salud pública del país señala que la transmisión sigue siendo sostenida y que las recientes oscilaciones en el número de casos probablemente están influenciadas por retrasos en la notificación y la consolidación de los datos.

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Según la última actualización del instituto de salud pública de Congo, se han confirmado 2.536 casos de ébola y se han registrado 1.033 fallecimientos, con al menos 738 pacientes en aislamiento o hospitalizados.

El brote declarado el 15 de mayo es distinto a la mayoría de episodios anteriores de propagación del ébola en comunidades, ya que el virus Bundibugyo responsable no cuenta con vacunas ni tratamientos aprobados.

"Nunca ha habido un brote de ébola que comenzara con tantos casos porque se identificó muy tarde", afirmó Trish Newport, responsable del programa de emergencias de Médicos Sin Fronteras, que ha estado trabajando en Congo, en declaraciones a la agencia Associated Press (AP).

En el peor de los escenarios, el brote actual podría acercarse al peor registrado en la historia, según modelos informáticos elaborados el mes pasado por investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC de EE.UU.).

En comparación, la epidemia de África Occidental de 2014-2016, el mayor brote de ébola registrado hasta ahora, causó más de 11.000 muertes y tardó cerca de ocho meses desde el primer caso en alcanzar los 1.000 fallecimientos.

El brote actual se concentra sobre todo en la remota provincia de Ituri, que acumula cerca del 90% de los casos, aunque también se han confirmado contagios en otras cinco provincias, incluida Kisangani, una de las mayores ciudades de Congo, y en la vecina Uganda.

El brote en una región inestable

Parte del brote se desarrolla en una gran ciudad y centro humanitario, Goma, que hace más de un año fue tomada por rebeldes respaldados por la vecina Ruanda, lo que complica aún más la respuesta.

Los combates en los que participan los rebeldes del M23 apoyados por Ruanda, los ataques de las Fuerzas Democráticas Aliadas vinculadas al Estado Islámico y los desplazamientos masivos han dificultado la vigilancia, el rastreo de contactos y el acceso a las comunidades afectadas.

Periodistas de AP han observado que los forasteros pueden ser recibidos con desconfianza y que los equipos de sensibilización comunitaria trabajan para difundir las medidas de prevención del ébola pese a sufrir agresiones y a las acusaciones de que el brote es un engaño.

Ahora la tensión alcanza también a los propios equipos locales de respuesta al ébola, tras semanas de trabajo arriesgado en una situación de crisis y con escaso o nulo salario por parte del Gobierno congoleño. Parte del personal ha ido a la huelga en los centros de tratamiento y ha bloqueado el acceso. Entre los huelguistas hay epidemiólogos, investigadores de casos, conductores y sepultureros.

La resistencia de las comunidades y la falta de pruebas frenan la respuesta

La desconfianza y la resistencia de la población local siguen siendo uno de los mayores obstáculos para contener el brote, según las autoridades y el personal sanitario.

Los rumores sobre los centros de tratamiento del ébola, el miedo al aislamiento y el rechazo a los enterramientos seguros han llevado a algunas personas a evitar las pruebas o a buscar atención solo cuando ya están en estado crítico.

Los equipos de respuesta también tienen dificultades para comprender hasta dónde se ha extendido el brote y cuánto puede agravarse, ya que solo alrededor del 77% de los contactos conocidos están vigilados en todo el país, muy por debajo del objetivo del 95% que las autoridades sanitarias consideran necesario para interrumpir la transmisión.

El riesgo de que el brote se extienda a escala mundial sigue siendo bajo

La OMS sigue evaluando el riesgo del brote como "muy alto" dentro de Congo y "alto" en Uganda, donde se ha extendido, y en los países vecinos, debido a la propagación transfronteriza, el frecuente movimiento de población y la transmisión activa en el este de Congo.

La agencia señala que el riesgo de transmisión a escala global es bajo, ya que el ébola se propaga por contacto directo con los fluidos corporales de una persona infectada y no por vía aérea, lo que lo hace mucho más difícil de transmitir que los virus respiratorios.

Aunque la OMS considera probable que surjan más casos importados a medida que crece el brote, hasta ahora estos se han detectado y contenido con rapidez.