Disney culminó en 2019 la adquisición de buena parte de 21st Century Fox en una de las mayores operaciones de la historia del entretenimiento. La compra amplió su catálogo, reforzó su posición frente a las plataformas tecnológicas y aumentó su poder en Hollywood, pero también abrió interrogantes sobre concentración empresarial, competencia, deuda y creatividad.

Ante la fusión de los macrogrupos Disney y 21st Century Fox en 2019, cabe preguntarse si realmente Disney, una de las empresas con mayor facturación en el mercado del entretenimiento mundial, necesitaba adquirir el grupo Fox, fundado originalmente por Rupert Murdoch. ¿Requería Disney seguir creciendo? ¿Qué significa para el sector?

Uno de los graves problemas de Disney, y en general de esta industria, es la pérdida de creatividad desde hace décadas. La sensibilidad de los públicos ha evolucionado y Disney ha hecho varios intentos para superar este cambio: por ejemplo, en su día adquirió Pixar.

The Walt Disney Company es una empresa legendaria que ahora mismo integra en su conglomerado, además de la plataforma Disney+, la cadena ABC, las productoras Disney Studios, Disney Animation, Marvel Studios, Lucasfilm, la voluminosa librería de Disney y las licencias de todos sus personajes y los derechos musicales de sus películas, seis parques temáticos que suponen su segunda fuente de ingresos con un margen que supera el 30%. Sin embargo, en los últimos años circunstancias adversas como la pandemia, la crisis económica global y la amenaza de la guerra han afectado negativamente al número de visitantes a sus parques.

Por otra parte, la inversión en la plataforma de vídeo Disney+ no está rindiendo tanto como la de sus competidores. Netflix y Amazon Prime superan su cifra de suscriptores y le han restado mercado a la exhibición cinematográfica. Por tanto, la producción de largometrajes para gran pantalla también se ha visto afectada. Las empresas tecnológicas y digitales se han hecho con parte de su mercado. En 2024, la posición de Disney en términos de facturación sufrió un retroceso significativo, descendiendo del primer puesto hasta el octavo. Esta caída la situó por detrás de gigantes tecnológicos y del entretenimiento como Alphabet, Meta, ByteDance, Comcast, Amazon, Apple y Tencent.

Repercusiones

Estos son algunos de los motivos que llevaron a la empresa a adquirir 21st Century Fox, que aportó numerosos canales de televisión, experiencia en producción cinematográfica y un importante catálogo de contenidos y propiedades intelectuales.

Una de las repercusiones más críticas de las integraciones corporativas suele ser el recorte de plantillas; en este sentido, el anuncio de la compra vino acompañado por la notificación de Fox sobre el despido de 4.000 empleados. Si bien los reguladores mostraron recelo ante la operación por el riesgo de una mayor concentración del mercado, los inversores valoraron las potenciales sinergias derivadas de unir dos grandes compañías del entretenimiento.

Sin duda, para el sector plantea importantes interrogantes. Los grandes colosos de la información y el entretenimiento se van concentrando y, cada vez más, un pequeño número de conglomerados audiovisuales controla vastas porciones de la producción y distribución de contenido en múltiples plataformas y mercados. Este proceso de concentración no solo puede restringir la competitividad, sino también reducir el dinamismo del propio mercado.

Asimismo, esta fusión alerta sobre la crisis de actualidad y la demanda reciente de historias nuevas, contadas con aire fresco, que vuelvan a cautivar a las audiencias como hizo Walt Disney junto con su hermano Roy en 1923.

Riesgos

Por otra parte, el tamaño no es la única clave del éxito en las empresas de entretenimiento. Conviene también tener presentes los riesgos que una integración lleva consigo: más allá de las reducciones de personal, estas operaciones pueden elevar el nivel de deuda y disparar los gastos operativos, administrativos y comunicativos.

En última instancia, las corporaciones se enfrentan al peligro de desvirtuar su identidad y su propósito original. Y eso puede resultar especialmente problemático en una industria cuyo principal activo continúa siendo precisamente aquello que ninguna adquisición garantiza: la capacidad de crear historias capaces de conectar con el público.


Mercedes Medina, Catedrática de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra.