
Una brecha educativa puede reducirse por dos caminos: porque quienes se encontraban rezagados avanzan o porque quienes obtenían mejores resultados retroceden. En el caso peruano, los datos de PISA 2025 muestran que ocurrió principalmente lo segundo.
Un nuevo análisis de la evaluación internacional encontró que la distancia en lectura entre los estudiantes peruanos con mayores y menores condiciones socioeconómicas pasó de aproximadamente 99 a 82 puntos entre 2022 y 2025. A primera vista, la reducción podría interpretarse como una señal de mayor equidad. Sin embargo, ninguno de los dos grupos mejoró.
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El puntaje del 25% más favorecido cayó de 458 a 437 puntos, mientras que el del 25% más desfavorecido pasó de 360 a 355. Es decir, el primer grupo retrocedió cerca de cuatro veces más: 21 puntos frente a 5.

Los resultados forman parte del informe Lectura en América Latina y el Caribe: bajo desempeño y desigualdades persistentes, elaborado por el Instituto de Evidencia Educativa a partir de los datos de PISA 2025.
La comparación no sigue a los mismos adolescentes a lo largo del tiempo. Contrasta los resultados obtenidos por los estudiantes de 15 años que participaron en PISA 2022 con los de la cohorte evaluada en 2025.
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Para medir las diferencias socioeconómicas, PISA utiliza un índice que reúne información sobre las condiciones económicas, educativas y culturales de los hogares. Luego ordena a los estudiantes de cada país y los divide en cuatro grupos del mismo tamaño. El estudio compara los dos extremos: el 25% más favorecido y el 25% más desfavorecido.

En Perú, la distancia entre esos grupos disminuyó alrededor de 17 puntos. El problema es que el acercamiento se produjo mientras los resultados caían en los dos extremos, con un descenso especialmente pronunciado entre quienes partían de una posición más favorable.
“Una brecha que se achica no necesariamente representa un avance en equidad”, explica Fiorella Santini, analista de datos del instituto y coautora del informe. En este caso, la reducción responde principalmente a la caída del grupo con mejores condiciones y no a una recuperación de los estudiantes más vulnerables.
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El mismo patrón apareció en otros seis países de la región: Argentina, Chile, Colombia, México, Paraguay y Uruguay. En los siete casos, la diferencia socioeconómica se redujo porque el grupo más favorecido perdió más terreno, no porque el más desfavorecido registrara una mejora sustancial.
La caída del grupo con mejores condiciones no elimina la desigualdad. Los estudiantes peruanos de menor nivel socioeconómico continúan teniendo muchas menos probabilidades de alcanzar las competencias lectoras mínimas establecidas por PISA.
En 2025, aproximadamente el 77% de los alumnos pertenecientes al cuartil más desfavorecido quedó por debajo del Nivel 2 de lectura. Entre los del cuartil más favorecido, la proporción fue de 35%.
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La diferencia alcanza cerca de 42 puntos porcentuales: alrededor de tres de cada cuatro adolescentes del grupo con mayores desventajas no llegan al umbral mínimo, frente a poco más de uno de cada tres entre quienes cuentan con mejores condiciones.
Además, el deterioro alcanzó a ambos grupos. En 2022, el porcentaje situado por debajo del Nivel 2 era de aproximadamente 75% entre los más desfavorecidos y 27% entre los más favorecidos. Tres años después, las proporciones subieron a 77% y 35%, respectivamente.
El indicador requiere una precisión. Quedar por debajo del Nivel 2 no significa que un estudiante sea incapaz de reconocer palabras o comprender cualquier texto.
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PISA evalúa una capacidad más amplia: entender, utilizar y reflexionar sobre información escrita para desenvolverse en distintas situaciones. Un adolescente que alcanza el Nivel 2 puede, entre otras tareas, identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar información siguiendo criterios explícitos y realizar comparaciones o reflexiones sobre lo leído.

Estar debajo de ese umbral indica que el estudiante todavía no resuelve de manera consistente ese tipo de ejercicios. El problema, por tanto, va más allá de leer en voz alta o descifrar una oración: compromete la capacidad de comprender información, relacionar ideas y evaluar el propósito de un texto.
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En el conjunto del país, el 58% de los estudiantes peruanos de 15 años quedó por debajo del Nivel 2 en PISA 2025, frente a cerca del 50% registrado en 2022. El puntaje promedio nacional también cayó de 408 a 390 puntos, una disminución estadísticamente significativa.

El informe permite identificar qué grupos retrocedieron y cuánto cambió la distancia entre ellos, pero no establece las causas de la caída. Los resultados, por sí solos, no permiten atribuir el deterioro a un factor específico ni determinar qué ocurrió dentro de las escuelas o los hogares durante esos tres años.
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PISA ofrece una fotografía de las competencias lectoras a los 15 años. Sin embargo, esas capacidades se construyen de manera acumulativa: comienzan con la alfabetización en los primeros grados y deberían profundizarse conforme los estudiantes enfrentan textos más complejos.
Por eso, el informe plantea que mejorar la lectura no depende únicamente de que los niños aprendan a leer durante la primaria. También requiere acompañar el desarrollo de la comprensión, la reflexión y el uso de información durante toda la escolaridad. La evaluación se realiza a los 15 años, pero el resultado recoge una trayectoria que comenzó mucho antes.