El día de esta entrevista, Paulo Vilca, politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, había dado una conferencia sobre el nuevo gobierno conservador de Keiko Fujimori ante un centenar de empresarios en la sede de Ernst & Young, en San Isidro, el distrito financiero de Lima. Es un entorno muy alejado de las comunidades quechua y aimara del sur andino donde Vilca nació, en la combativa ciudad de Puno. Hace tres años y medio, tras el encarcelamiento de Pedro Castillo, Puno fue el epicentro de la protesta y las heridas no se han cerrado.
¿Keiko Fujimori será una aliada estrecha de Trump y de la alianza “Escudo de las Américas”?
Sí. El nuevo canciller, Carlos Espá, que fue el encargado de la Oficina de Comunicaciones de la Embajada de Estados Unidos en Lima, lo ha dicho. Espá fue candidato presidencial y tuvo un discurso antichino muy fuerte, muy radical. Pero lo que llama más la atención es que, hasta el momento, Donald Trump no ha enviado ningún tipo de saludo a Keiko Fujimori, ninguna mención a su triunfo. Ni siquiera Marco Rubio ha dicho nada. Es más, quien vino en representación de Estados Unidos a la toma de posesión de Keiko Fujimori fue un subsecretario de Estado, un funcionario de tercer nivel.
¿Por qué Trump no respalda más explícitamente a Fujimori?
No estoy muy seguro, pero creo que Trump y Rubio esperan cobrar un precio alto por el apoyo que Keiko Fujimori está mendigando en este momento. El puerto de Chancay (el nuevo puerto en el Pacífico peruano gestionado por China) es un tema. Pero no solamente es eso, sino todo lo que está vinculado a la relación con China. El embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, es un antichino. Y hay otro motivo: Trump ha estado más cerca de Rafael López Aliaga, el exalcalde de Lima, que es más de la extrema derecha, próximo a Milei.
¿Keiko no forma parte de la ola de extrema derecha en América Latina?
No. No es de extrema derecha como López Aliaga. Esto ha sido una ventaja para ella para llegar a la presidencia. A diferencia de Kast, de Milei o de Noboa, no es producto de una crisis económica o una crisis de seguridad. No somos Ecuador.
Pero ella arranca con el anuncio del estado de emergencia, al igual que Noboa o Nayib Bukele (presidente de El Salvador)...
Sí. Fujimori usa el fenómeno de El Niño o la inseguridad ciudadana para justificar un estado de emergencia. Pero es más que eso: quieren avanzar en su agenda sin problemas en el Congreso. En las últimas elecciones peruanas, el triunfo siempre se lo llevaba el mal menor. Y en el poder tuvo que moderarse. Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski y, claramente, Pedro Castillo tuvieron que moderar su programa. Ya no es así. El fujimorismo ha ganado las elecciones, eso sí, por muy pocos votos, pero este gobierno no se ve en Lima como el mal menor. El padrón electoral en el Perú es de 27 millones de personas. Keiko Fujimori solo sacó 2,7 millones en primera vuelta. Pero ellos no se sienten obligados a moderarse. El establishment político peruano en Lima es el principal aliado del fujimorismo.
¿Fujimori tendrá un arranque tranquilo pese a las dudas sobre fraude en las elecciones?
Va a tener una luna de miel en Lima. No en el sur, y en los Andes en general. En el sur y centro andino, solo el 42% considera legítimo al gobierno. En Lima es el 74%. Las masacres en el sur que hubo en 2023, luego de la caída de Pedro Castillo, han generado una herida muy profunda. Hubo 49 muertos. 19 en Puno en una sola jornada. Y ningún ministro dimitió. Fue una represión atroz.
¿Cree que las protestas se repetirán?
Creo que en este momento no hay un escenario de protestas en el país, en general, y tampoco en el sur. Las protestas son una respuesta frente a un agravio y, por el momento, no hay. Y la gente está cansada. Pero esto puede cambiar. El Niño usualmente se traduce en el sur andino en sequía. Y mucho dependerá del tipo de respuesta que pueda dar el gobierno. Por supuesto, el estado de emergencia creará un régimen legal mucho más laxo para que las fuerzas de seguridad puedan actuar en cualquier situación de protesta.
Desde su encarcelamiento, Pedro Castillo parece haberse convertido en un símbolo importante para la población andina, ¿no?
Sí. Con Castillo en la presidencia, el racismo de las élites políticas y económicas del Perú se hizo muy evidente. Y el campesino vio eso: que ni siendo presidente te van a respetar. Mi padre es un campesino de Puno, un comunero campesino. Y él me decía durante las presiones contra Castillo. “¿Has visto cómo nos tratan?” No decía “cómo lo tratan al presidente”, sino “cómo NOS tratan”.
¿Castillo volverá a la política?
Las elecciones pusieron a Pedro Castillo, otra vez, como un protagonista político importante. El centro penitenciario donde él y los otros expresidentes están internados se transformó, durante la campaña electoral, en un centro político, donde iban simpatizantes y, por supuesto, Roberto Sánchez, para buscar una suerte de bendición política de Pedro Castillo. Es decir que Castillo tiene capital político