La Argentina convive con varias paradojas y una comienza a cobrar fuerte notoriedad: mientras se desarrolla la producción de oil & gas en Vaca Muerta, una de las principales reservas de hidrocarburos no convencionales del mundo que funciona como la gran apuesta para generar exportaciones, inversiones y dólares, la mitad de la población del país se percibe de clase baja.

El contraste queda en evidencia con los datos del Monitor de Opinión Pública de junio elaborado por Zentrix Consultora. Según el relevamiento, el 50,2% de los argentinos se define como integrante de la clase baja, mientras que cerca de cuatro de cada diez se consideran de clase media y sólo el 10,5% se ubica en la clase alta. Paralelamente, la balanza comercial de mayo registró un superávit récord de US$ 3.504 millones en mayo y las exportaciones de energía tuvieron mucho que ver porque marcaron subas de 167,1% en Combustibles y Energía,

El boom exportador sostiene la recuperación económica, pero el desafío sigue siendo el empleo

La autopercepción está acompañada por datos concretos sobre el deterioro del bolsillo: el 86,1% de los encuestados asegura que su salario no le gana a la inflación y el 61% llega con sus ingresos, como máximo, hasta el día 20 del mes. Apenas el 13% logra completar el mes y conservar alguna capacidad de ahorro.

Así, la fotografía social aparece en momentos en que el sector energético muestra una dinámica completamente diferente. Impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta, el superávit comercial energético argentino podría alcanzar entre US$8.500 millones y US$10.000 millones durante 2026, por encima del récord de US$7.800 millones obtenido el año anterior, según estimaciones recogidas por Reuters.

Autopercepción de Nivel Socioeconómico.

La producción de petróleo de la formación neuquina alcanzó los 600.000 barriles diarios durante 2025 y las empresas preparan nuevas inversiones en oleoductos, plantas de almacenamiento y proyectos de exportación. Vaca Muerta se consolidó como una de las principales fuentes potenciales de divisas para una economía que necesita acumular reservas y recuperar el acceso al crédito internacional.

Sin embargo, esa expansión todavía no se traduce de manera directa en una mejora generalizada de los ingresos familiares. La riqueza existe bajo el suelo, pero sus efectos sobre el empleo, los salarios y el consumo siguen concentrados geográficamente y requieren tiempo, infraestructura e inversiones para extenderse al resto de la economía.

En la mirada de Claudio Montiel, director de Zentrix hay una brecha importante entre la postura oficial y lo que vive la gente "A mí lo que más me llama la atención es esa distancia entre lo que festeja el Gobierno Nacional y lo que la gente siente en el bolsillo. Dicen que sacaron a millones de personas de la pobreza, y puede ser cierto en los números. Pero si la mitad de los argentinos te dice que se autopercibe pobre, que no le alcanza el sueldo y que no llega a fin de mes, esos números no le están hablando a nadie: la gente sigue sintiendo lo mismo que sentía antes", explicó a PERFIL.

El desarrollo de Vaca Muerta se convirtió en uno de los pilares de la estrategia económica argentina. El crecimiento de la producción permite reducir importaciones de energía, aumentar las exportaciones y mejorar el saldo comercial. YPF, la principal operadora de la formación, proyectó para 2026 inversiones de entre US$5.500 millones y US$5.800 millones, de las cuales alrededor del 70% se destinarán al petróleo y el gas no convencionales. La compañía prevé elevar su producción de shale oil a 215.000 barriles diarios y concentra el 54% del petróleo no convencional del país. La expectativa oficial es que esa expansión aporte los dólares necesarios para fortalecer al Banco Central, sostener la estabilidad cambiaria y generar una nueva plataforma exportadora.

Triste percepción de los argentinos: cada vez más pobres

Paralelamente, y volviendo a la encuesta de Zentrix, se puede ver que la percepción social avanza en otra dirección. La desaceleración de la inflación y la mejora de determinados indicadores financieros todavía no alcanzan para modificar la experiencia cotidiana de una mayoría que siente que sus ingresos continúan perdiendo poder adquisitivo.

El porcentaje de personas que afirma que su salario no supera a la inflación se mantiene por encima de 86% desde marzo. En junio alcanzó el 86,1%, apenas por debajo del máximo de 86,6% registrado en abril.

Incluso entre los votantes del Gobierno, el 70,2% reconoce que sus ingresos pierden contra los precios. Entre los votantes opositores, esa proporción asciende al 96,6%.

El dato revela que el problema del poder adquisitivo atraviesa las identidades políticas. La diferencia aparece en la forma de interpretarlo: para algunos, es el costo transitorio de un proceso de estabilización; para otros, la consecuencia de un programa económico que todavía no logra mejorar las condiciones de vida.

Seis de cada diez no llegan a fin de mes

La pérdida salarial también puede medirse en días. El 61% de los encuestados asegura que el dinero se termina, como máximo, antes del día 20.

La situación cambia de manera contundente según la posición social autopercibida. Entre quienes se consideran de clase alta, el 11,8% se queda sin ingresos antes de esa fecha. En la clase media, el porcentaje asciende a 43%. Dentro de la clase baja, llega al 86,1%.

A qué fecha del mes llega con sus ingresos.

Para una parte importante de la población, no llegar a fin de mes dejó de representar una contingencia y se convirtió en una mecánica habitual. La falta de ingresos obliga a postergar pagos, recortar consumos, utilizar tarjetas de crédito o recurrir a préstamos para financiar gastos corrientes.

Según señalan desde Zentrix, en este contexto, la identificación con la clase baja no responde únicamente a una percepción cultural. Se relaciona con la pérdida de capacidad de consumo, la ausencia de ahorro y la dificultad para sostener el nivel de vida.

La Argentina conserva una fuerte tradición de identificación con la clase media. Sin embargo, el estudio muestra que esa representación está retrocediendo frente a una sociedad que experimenta una movilidad descendente.

Desconfianza frente a la inflación oficial

La distancia entre los indicadores macroeconómicos y la economía cotidiana también aparece en la percepción sobre los precios.

El 68,8% de los encuestados considera que el índice de inflación del INDEC no refleja los aumentos que observa en su vida diaria. Entre quienes se perciben de clase baja, la desconfianza se aproxima al 84%.

Esto no significa necesariamente que el indicador oficial sea incorrecto. Los hogares de menores ingresos destinan una mayor proporción de su presupuesto a alimentos, transporte, vivienda y servicios públicos, por lo que los aumentos en esos rubros tienen un impacto superior.

Además, una baja de la inflación mensual no implica que los precios retrocedan, sino que aumentan a una velocidad menor. Si los salarios no recuperan lo perdido previamente, la desaceleración no alcanza para recomponer el poder de compra.

Esa diferencia entre inflación y nivel de precios ayuda a explicar por qué la estabilización económica todavía no es percibida como una mejora material.

La mayoría cree que lo peor está por venir

Las expectativas hacia adelante tampoco muestran un cambio claro. El 55,1% de los argentinos considera que “lo peor está por venir” en materia económica, mientras que sólo el 24% cree que la etapa más difícil ya pasó.

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Los ingresos y los salarios aparecen entre las principales preocupaciones, mencionados por el 48,2% de los encuestados. La incertidumbre económica alcanza al 37,1%.

Cómo va a evolucionar la economía.

La encuesta deja así una advertencia para el Gobierno: los avances en el equilibrio fiscal, la reducción de la inflación y el crecimiento de sectores exportadores pueden fortalecer la macroeconomía, pero su sostenibilidad política dependerá de que esos resultados lleguen a los hogares.

El estudio de Zentrix fue realizado entre el 15 y el 22 de junio de 2026 sobre 1.297 casos válidos, con cobertura nacional. El relevamiento presenta un margen de error teórico de ±2,7% y un nivel de confianza del 95%.

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