Escucha este artículo
Noticia
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
24 ago 2026 - 07:26
Nury Calvo es una de las influencers más conocidas de nuestro país. Entre Youtube, Instagram y TikTok tiene tres millones de seguidores. En sus redes habla de su vida, de su día a día, de la reforma de su casa, de sus compras, narró casi en tiempo real los tres meses que estuvieron viviendo en Estados Unidos… una cuenta lifestyle en toda regla pero que tiene una peculiaridad. Su vida, a diferencia de la de otros influencers, no es ni parece de color de rosa, pues, además de que ha contado recientemente su proceso de cáncer de mamá, uno de los grandes protagonistas es uno de sus hijos, Héctor, que tiene discapacidad.
Héctor tiene parálisis cerebral, una realidad que Nury compartió con sus seguidores desde el primer momento. Esto le ayudó a sobrellevar una vida rodeada en la que los médicos y las terapias eran las protagonistas y, además, ha servido para que miles de madres que reciben un diagnóstico que no esperan, se sientan más acompañadas. Una tarea de la que se siente muy orgullosa, pues, detrás de los likes, las críticas, las polémicas y la cámara, hay una madre que, como tantas miles a las que inspira y que le inspiran, lucha por que su hijo con discapacidad tenga la mejor vida posible.
Eres mamá de dos niños, uno de ellos con discapacidad. Aunque has hablado de ello muchas veces en redes sociales, ¿podrías explicar qué es lo que le pasa a Héctor?
Al principio le diagnosticaron craneosinostosis -un defecto congénito en el que las uniones flexibles de los huesos del cráneo de se cierran antes de tiempo-, pero no sabían la causa, pues puede deberse a síndromes genéticos o a otras enfermedades. Le hicieron varias operaciones, le pusieron un casco… y cuando tenía un año nos pusieron sobre la mesa la palabra parálisis cerebral, que fue cuando yo me permití bajar los brazos, llorar…
Fue el momento en el que fuiste consciente de que tu hijo tendría una discapacidad…
Sí, y también el momento en el que se me cayó la losa de todo lo que llevábamos viviendo durante un año. La doctora me dijo ‘esto ya no es un retraso, es una parálisis cerebral’, algo que no nos dijeron antes porque no vieron una lesión cerebral como la que aparece en los niños con una parálisis cerebral, pero el comportamiento, los signos… eran los mismos, así que tuvimos que empezar de nuevo y ponernos a trabajar.
Dediqué los tres primeros años de su vida a trabajar en casa y a llevarle a fisios, a médicos… porque yo sabía que mi hijo andaría
¿Teníais alguna relación con la discapacidad antes de nacer vuestro hijo?
Nada, ninguna, y nos estábamos perdiendo la otra mitad de lo que la vida tenía preparado para nosotros. No teníamos ni idea y ha sido y sigue siendo un aprendizaje continuo.
¿Cómo fueron esos primeros años?
Muy intensos. Entre muchas terapias, mucho hospital… hubo un momento que vimos que mejoraba tanto con las terapias que empecé a hacerle yo misma las terapias en casa, tres veces al día. Veíamos que respondía muy bien y había que aprovechar. Así que me dediqué los tres primeros años de la vida de Héctor a trabajar en casa y a llevarle a fisios, a médicos… porque yo sabía que mi hijo andaría, a pesar de que con un año me dijeron que no lo haría. Anduvo a los 22 meses.
¿Tienen a veces los médicos las expectativas demasiado bajas?
Totalmente. Una de las primeras cosas que yo aprendí sobre la discapacidad es que el diagnóstico no es el destino, y que un diagnóstico como el de Héctor no tiene por qué significar que va a ir toda la vida en silla de ruedas. El destino lo marca el propio niño, sobre todo porque el cerebro de los niños es muy plástico. Nosotros empezamos a trabajar con cinco meses con el objetivo de aprovechar al máximo esa plasticidad y los tres primeros años de su vida estuve plenamente dedicada a él, a que él anduviese y que fuera lo más autónomo posible. Y lo hemos conseguido… hasta ahora, que hemos tenido que volver a empezar.
¿Cómo está ahora mismo?
Ahora nos estamos enfrentando a un nuevo diagnóstico, a una nueva enfermedad totalmente desconocida, la enfermedad de Perthes (una necrosis en la cadera que afecta a niños en crecimiento), así que me toca volver a aprender, a estudiar, a hacer terapia tres veces al día, a coger la silla de ruedas… y encima, esta enfermedad la tenemos que combinar con su parálisis cerebral, su manera de caminar, su espasticidad… Siento que estamos en el mismo punto que cuando nos dieron el diagnóstico con un año.
Denunciaste en redes además que el diagnóstico se retrasó más de lo necesario…
Sí, tuve un encontronazo con el hospital porque yo sabía que algo pasaba en su cadera y no me hacían caso, me decían que era del patrón de su marcha, y hasta un mes después no empezaron a mirarlo y fue cuando vieron que tenía necrosis en la cadera. Nos han dicho que hay una mínima posibilidad de que no sea Perthes, pero ya nos estamos preparando y tratándolo para ello.
También tuvisteis otra ‘vuelta a empezar’ cuando os fuisteis a vivir a Estados Unidos. ¿Qué tuvo que ver Héctor en esa decisión?
Pues influyó mucho, porque esperamos a que él estuviera mejor, más estable. Mi marido y yo estábamos preparados y cuando empezamos a gestionar la visa, a Héctor le quedaba menos de un año de atención temprana y estaba mucho mejor, era bastante autónomo… Consideramos que ya estaba preparado para poder llevárnoslo a otro país. Desde aquí empezamos a contratar todo, seguros médicos, terapias… y nos fuimos con todo listo. Si se nos hubiera presentado la oportunidad dos años antes, es muy probable que no nos hubiéramos ido.
¿Qué supuso este cambio para vosotros y para Héctor?
En cuanto llegamos, a Héctor lo incluyeron en el colegio como un niño de necesidades especiales, tuvieron en cuenta sus necesidades, que es algo que también se está haciendo aquí en España. Pero allí desde el primer momento fue un más, lo incluyeron en un grupo de amigos como a cualquier otro, incluso le apuntamos a fútbol con los demás niños. La única adaptación que tenía era que jugaba con niños dos años menores, pero entrenaba y jugaba igual.
En ese sentido creo que fue muy beneficioso, porque en España yo nunca me hubiera planteado apuntarla a fútbol, y creo que irnos a vivir a otro país nos sacó a todos de nuestra zona de confort, hicimos cosas que aquí no habríamos hecho y fue un cambio tremendo en la evolución de Héctor. Su terapeuta, al ver lo que le gustaba al fútbol, adaptó su terapia en el hospital al fútbol, y eso lo motivó muchísimo. Y creo que eso es lo más importante que me traigo de allí, esa rotura de barreras y límites que nos provocó a todos para volver a España de otra manera. Hemos crecido en muchos sentidos, y ahora, con el nuevo diagnóstico, nos toca volver a empezar a romper límites.
En el tema de la inclusión, ¿ves diferencias entre un país u otro?
No, porque para nosotros la inclusión siempre ha sido real, en ambos sitios, Héctor no ha tenido problemas en ese sentido y siempre se le ha incluido en todos los planes, aunque tenga algunas limitaciones. Ahora incluso lo estamos notando más porque tiene que ir en silla de ruedas, su discapacidad es mucho más visible, y sus amigos lo siguen incluyendo. Es todavía más bonito, porque se turnan para empujar de su silla, cuando juegan al fútbol uno se queda siempre con él…
Tú ya hacías contenido en redes sociales antes de nacer Héctor. ¿Cómo encajaste la discapacidad de tu hijo en ellas?
Cuando Héctor nació yo ya tenía una comunidad grande en la que compartía muchas cosas, sabían que estaba embazada, el día que tenía la cesárea… entonces, claro, esa comunidad estaba esperando que yo publicara la típica foto con el niño en brazos. Pero cuando Héctor nació se lo llevaron directamente a la UCI, empezaron a hacerle pruebas… y yo ni me acordé. En un momento, cogí el móvil para ‘googlear’ qué eran la craneosinostosis y el neumotórax, y vi que tenía muchísimos mensajes preguntando. Por eso me sentí un poco obligada a dar explicaciones de lo que había pasado, y es lo que hice a cabo de unos días.
Por un lado, lo hice porque la gente preguntaba, pero además es que yo necesitaba tener información de lo que le pasaba a mi hijo. Yo me informaba, iba contando cómo evolucionaba, y a la gente le interesó mucho. Creo que porque no veía una vida de portada de revista o una maternidad de color de rosa, sino una maternidad atípica, con problemas… que es, en realidad, algo que vive mucha gente, porque todos los niños tienen problemas en algún momento o conoces a alguien a quien le ha pasado.
Creaste una comunidad en torno a eso…
Efectivamente. Por un lado, yo contándolo y compartiendo no me sentía sola y, por otro, ayudaba a otras mamás que se sentían identificadas. Me han ayudado y he ayudado tanto… que ¡cómo no voy a compartirlo!
También hay gente que critica la visibilidad, lo tachan de ‘exposición’. ¿Cómo llevas esa parte?
Por un lado lo entiendo, porque es cierto que la exposición de menores en redes se ha convertido es algo que se ha ido un poco de las manos. Sin embargo, yo me pongo en la piel de la Nuria a la que, a las 24 horas de nacer su hijo, le dieron un diagnóstico del que no tenía ni idea y a la que le hubiera encantado encontrarse con alguien que le contara que había vivido esa experiencia. Nueve años después, me sigue escribiendo gente para decirme que a su hijo lo acaba de diagnosticar y me doy cuenta de que llevo nueve años siendo esa información que yo buscaba cuando yo misma estaba en el hospital.
¿Es una exposición? Sí, pero necesaria para visibilizar y que la gente encuentre en mí lo que yo misma he buscado, para dar esperanza, para ayudar… y para mostrar lo orgullosa que estoy de cada paso que da mi hijo. Muestro la lucha diaria que tenemos en casa, una lucha que creo que puede inspirar a mucha gente y porque creo que ayuda a visibilizar la discapacidad en lugar de ocultarla. Me gustaría que se viera más la maternidad con un niño con discapacidad.
Me gustaría que se viera más la maternidad con un niño con discapacidad. Es exposición, pero necesaria para visibilizar, dar esperanza, ayudar…
En la actualidad combinas tu contenido de estilo de vida con contar lo que le pasa a tu hijo. ¿Cómo consigues el equilibrio? ¿Cómo lo reciben tus seguidores?
Mi idea en un principio fue hacer entretenimiento y lifestyle, pero cuando diagnosticaron a Héctor, me centré tanto en él, sobre todo los primeros tres años, que era imposible no hablar de eso, era de casi lo único de lo que hablaba. Poco a poco, además de hablar de él y de la discapacidad en general, fui volviendo a meter otros contenidos y a mostrar cosas que hacemos como cualquier otra familia… y ahora, entre todas las redes, tenemos unos tres millones. Entre ellas, me encuentro a gente que nos sigue desde que Héctor es bebé por ese motivo y a gente que nos sigue por otras cosas, pero que le gusta saber también cómo evoluciona, y me encanta, porque es dar visibilidad a una realidad que no es visible para mucha gente que no la vive.
Mostráis también que teniendo un hijo con discapacidad se puede tener una vida plena, viajar, ser felices…
Sí, eso es. Cuando tienes un hijo con discapacidad, tu primer impulso es centrarte en él y considerar que todo lo demás que hagas, como cuidarte, viajar o ir al gimnasio... es egoísta, y no es así. A mí eso me lo enseñaron otras mamás, me enseñaron que el que cuida se tiene que cuidar y que no es egoísta dedicarte tiempo a ti y tus otros hijos sin sentirte culpable, ni por un hijo ni por el otro.
¿Te has llegado a sentir culpable por no atender igual a tu otro hijo?
Sí, pero me he dado cuenta de que no tengo que hacerlo, porque lo importante es dar a cada uno lo que necesita. Igual que no le pones el mismo plato de macarrones a un niño de dos años que a uno de cuatro, no puedes atender igual a un niño que tiene discapacidad que a otro que no la tiene. A mi hijo mayor no lo desatiendo porque cubro todas sus necesidades y le dedico tiempo, pero el pequeño requiere más. Yo soy mamá de Héctor, de un niño con discapacidad, pero también de Óscar, que no la tiene, y siempre digo que Héctor no sería Héctor si Óscar no fuera Óscar. Él ha sido un ‘entrenador’ más.
¿Hay alguna ‘influencer’, mamá de un niño con discapacidad, a la que sigas, que te ayude…?
Sí, a varias, y me ayudan mucho, y ahora con el diagnóstico de Perthes he empezado a seguir más, pero no solo me ayudan ellas, también me encuentro con madres en las terapias, en natación… que para mí son un referente, de las que aprendo mucho y no tienen miles de seguidores en las redes sociales. Por ejemplo, retomé, después de años, el contacto con una compañera del colegio porque también tiene un hijo con discapacidad, y compartimos mucho tiempo juntas. Ella me dice que aprende mucho de mi cuenta, pero yo le digo que yo aprendo más de su vida. Por eso me parece tan fundamental rodearte de familias que viven lo mismo que tú o cosas parecidas porque son el mayor ancla al que te puedes enganchar.
Héctor llegó al mundo y reorganizó nuestra escala de valores, y creo que es algo que le pasa a la gente que conoce o convive con personas con discapacidad
¿Por qué crees que es importante que se hable de discapacidad en redes sociales?
Porque la sociedad -y me incluyo- siempre ha girado a vista a la discapacidad, es más cómodo mirar para otro lado. Y es importante verla, porque cuando lo haces, aunque no te toque de cerca, te abre mucho la mente, te hace reorganizar tu escala de valores. Nosotros lo teníamos todo: un hijo sano, buenos trabajos, a nuestros seres queridos bien… y nuestros valores no estaban donde debían estar. Héctor llegó al mundo y reorganizó esa escala de valores, y creo que es algo que le pasa a la gente que conoce o convive con personas con discapacidad. Te haces muchísimo mejor persona, y lo veo en todas, empezando por los amigos de Héctor que se turnan para empujar su silla, creo que es un crecimiento vital enorme para ellos.
¿Qué planes tienes para los próximos meses?
Laboralmente, estamos a tope, así que hacer frente a esos compromisos, y por otro lado, vamos a seguir visibilizando la discapacidad, porque nos estamos enfrentando a otra carrera de fondo con la enfermedad de Perthes, una carrera que voy a mostrar. Se nos abre otra vía a aprendizaje y evolución. Si ya la vida es un proceso de evolución constante, cuando tienes un hijo con discapacidad, aún más. Y si la acompañas de los problemas de salud que he tenido yo, todavía más. Hemos pasado un 2026 muy movido, y esperamos que nuestro 2027 sea de renacimiento.