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En España hay actualmente 14.000 menores extranjeros no acompañados que están tutelados, uno por cada 3.600 habitantes del país. Si se pudiera repartir, Ripoll acogería dos o tres; Sant Cugat, 29, y Barcelona, 480. En España hay 1.640.000 plazas hoteleras, pero solo 3.768 plazas en los centros de acogida para estos menores, uno por cada 435 plazas hoteleras. Este año vamos a recibir a 100 millones de turistas, 7.150 veces más veces que menores no acompañados. En Catalunya, la asignación de menores, 2.850, es solo el 0,003% de nuestra población, y equivale al 0,07% del personal de todas las administraciones públicas catalanas.
En el último año, se han trasladado a la Península 1.750 menores de Ceuta, Melilla y Canarias, el 0,003% de la población española. Vistas las cifras, ¿hay motivos para tanta preocupación y rechazo a recibir más menores no acompañados? ¿Cómo es posible que algunos sectores políticos se opongan rotundamente a aumentar el cupo que han tenido asignado hasta ahora? ¿Dónde está nuestro sentido de la hospitalidad, compasión y tolerancia?

Lo ocurrido en Ceuta, más allá de su lectura geopolítica evidente, pone de relieve la dimensión humana de quienes migran: personas que huyen del desamparo, ya sea cruzando mares, vallas o desiertos, buscando dejar atrás la miseria, la inseguridad o la falta de futuro. Frente a esta necesidad vital, los muros y dispositivos de contención demuestran su ineficacia, pues los migrantes seguirán intentando cruzar por donde sea posible.
La condición de extranjero, además, es universal y relativa -cualquiera puede convertirse en extranjero, y no todos los extranjeros son tratados igual según su origen, clase o color de piel-, derribando así los prejuicios y muros mentales que persisten, en contraste con el uso tóxico y electoralista que hacen los populismos de este fenómeno. Conviene recordar que, a lo largo del siglo pasado, 4,5 millones de españoles migraron al exterior, y que desde 2009, 1,2 millones también lo ha hecho.
En el último año, se han trasladado a la Península 1.750 menores de Ceuta, Melilla y Canarias, el 0,003% de la población, ¿hay motivos para tanto rechazo?
Los datos desmontan los principales mitos sobre la migración: es un fenómeno histórico y consustancial a la humanidad, mayoritariamente intracontinental. Europa ha sido históricamente la región con más migrantes, y el 48% de los inmigrantes del continente son europeos. En el caso español, es tanto de emisión como de recepción, sin que existan ni la “invasión africana” ni la “islamización” que algunos discursos sostienen, como demuestran las cifras reales de origen y religión de los inmigrantes en España, donde solo el 17,4% son africanos y el 15% musulmanes.
Ante el endurecimiento de políticas migratorias en los países ricos -que solo fomenta rutas más peligrosas-, es mejor proponer un debate honesto y políticas de largo plazo, entendiendo la migración también en clave de clases sociales, ya que el rechazo hacia los migrantes está vinculado a su posición social marginal. Finalmente, hay que plantear que la verdadera interculturalidad no requiere mezcla ni asimilación forzada, sino simetría, respeto mutuo y normas de convivencia compartidas, superando la mera tolerancia pasiva.