Mayra Rodríguez es técnica de laboratorio, un título que obtuvo después de llegar a Estados Unidos, a los 18 años. Su deseo era ser médico, y aunque no llegó hasta allá, creyó haber encontrado su lugar en uno de los centros de la organización Planned Parenthood, que tiene su base en Estados Unidos, con alcance internacional.

A la Feria del Libro de Guayaquil llega con su libro Mayra Rodríguez vs. Planned Parenthood, en el que relata el tiempo que trabajó en “la industria del aborto”, en una “empresa gigante”. El título suena a confrontación porque plantea su caso legal contra PP después de 17 años de relación laboral.

“Esta es la historia de cómo alguien católico que nació y creció en Ciudad de México, llega a EE. UU. como inmigrante a los 18 años, con visa de turista, como muchas historias que ya conocemos, y empieza a trabajar en este centro... por ayudar a las mujeres”. Su amiga la recomendó porque estaban buscando gente que hablara español. “Yo no tenía idea del aborto. Mi amiga nunca hablaba de eso, pues donde ella trabajaba no lo hacían. Hablaba de prevención, de papanicolaou, de exámenes de enfermedades de transmisión sexual, de anticonceptivos”.

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Ella cree que su perfil fue visto como útil por ser hispana. “Los latinos contamos un gran porcentaje de abortos a nivel global. En el estado donde radico, en Arizona, no somos ni el 18 % de la población, sin embargo, somos (la población) con 49 % de los abortos. A raíz de eso empecé a explicarme por qué los centros están en lugares para la gente pobre en Latinoamérica, y en Estados Unidos en lugares donde hay muchos hispanos o negros”.

Resalta que la organización, que tiene filiales en 145 países con el nombre de International Planned Parenthood Federation (IPPF), se promueve como una promotora de la salud sexual y reproductiva y de los derechos de las mujeres. “Yo entré ahí pensando que mi trabajo iba estar limitado a la prevención, y así fue por mucho tiempo, y yo defendía a capa y espada ese lado”. De allí pasó a ser, durante 10 meses, directora de un centro de abortos, hasta el día en que reportó a un cirujano por mala práctica y fue despedida.

“Encontré un abogado que me creyó, y entablé esta demanda en octubre de 2017; nos fuimos a juicio y ganamos en agosto de 2019. Fue más de un año y medio de estar visitando cortes, donde me amenazaban con deportarme por ser inmigrante. ‘Ella ni siquiera debería estar aquí, podría regresar a su país mañana’. Fueron momentos muy difíciles”.

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“Me volví una excelente vendedora de abortos”: Mayra Rodríguez y su paso por Planned Parenthood

Pero durante ese tiempo también estaba produciéndose lo que llama su conversión y regreso a la fe católica, después de haberse acostumbrado a pelear con los grupos provida que rezaban afuera de sus oficinas. “Obvio, no había sido una buena cristiana”, admite. “Yo creía que estaba salvando las vidas de muchos bebés, que las mujeres que llegaban por sus anticonceptivos no iban a tener abortos”.

¿Cuál fue el momento en que tuvo conciencia de lo que hacía? Fue gradual, pero hubo un momento decisivo. “Cuando llegaba una mujer embarazada, sabías que no estaba felizmente embarazada. Le decías: ‘Por amor a tus hijos, por amor al bebé en el vientre, no lo quieres traer a la misma situación en la que estás’. De esa forma les empiezas a sembrar a las mujeres que el aborto es compasión, que es amor, que es por el bienestar de toda su familia y el de ella. Me volví una excelente promotora y vendedora de abortos”, explica la mujer, que nunca experimentó uno.

Su momento de ruptura llegó durante el aborto practicado a una mujer de 19 años, a las 14 semanas de gestación. “Después de las 12 semanas se aplica la descuartización del bebé en el vientre. Es importante que la gente entienda que no es una pastilla. Se arma un rompecabezas en una bandeja de cristal y cuando se cuentan todas las piezas se considera que el aborto es completo. En este caso, el asistente no encontraba la cabeza. Y llegó a mi oficina y me dijo: ‘Mayra, él (cirujano) ya se va y yo no encuentro la cabeza del feto’. Entonces yo fui para atrás y discutí con él. ‘No encuentran la cabeza, ¿cómo que ya te vas?’ Y dijo: ‘Ah, búscala en la basura, no es mi problema’”.

Ella sabía que los restos se iban a la basura hospitalaria. Pero escucharlo entonces la enojó. Peleó con el cirujano. Hicieron otro ultrasonido. “Se encontró la cabeza arriba de un dispositivo intrauterino que él ya había insertado”. Dice que no es un caso aislado.

“Las personas luego dicen: ‘Bueno, pero por eso hay que legalizar el aborto. No, mi historia habla de un centro legal de Estados Unidos. No de un centro clandestino. Tenemos que ser muy conscientes en lo que está pasando con esta industria”. Por eso se reafirma en que no existe una forma de aborto seguro. “Esa ha sido la falacia más grande de la industria del aborto. No existe el aborto seguro, no hay una forma de hacerlo. Primero que nada, siempre va a morir alguien, que es el bebé en el vientre, y segundo, la mujer siempre va a salir de ahí dañada. Ninguna mujer sale ilesa de ese aborto, ya sea por daños emocionales o daños físicos”.

Cuando le abres la puerta al aborto, no va a parar en el primer trimestre

¿Entonces la anticoncepción no evita los abortos? “Cuando me volví directora del centro de abortos, me di cuenta de que las mujeres que iban por un aborto ya venían con anticonceptivos. Lo que ya sabíamos, no es ciento por ciento seguro y falla más de lo que nos quieren dejar saber”.

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En 2022, la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó, en el fallo del Caso Dobbs vs. Jackson que la Constitución de ese país no otorga el derecho al aborto. “A veces hablo muy pesimista al respecto, pero hoy voy a hablar muy optimista: así como muchos estados que lo pusieron como un derecho, lo hace que una ley nacional no pueda detenerlos, otros estados (14) han logrado prohibir el aborto. Lo cual se nos olvida porque otros se han ido al extremo y el aborto es legal hasta los 9 meses. Porque cuando tú le abres la puerta al aborto, no va a parar en el primer trimestre, ni en el segundo, ni en el tercero”.

¿Hace Rodríguez alguna excepción, en el caso de las menores de edad o de violación? “No, no existe excepción, muchas veces tratan de poner los casos de las niñas abusadas o violadas. En primer lugar, el aborto no les va a quitar el trauma de la violación, sino al revés. Segundo, yo he conocido niñas de 14 años a las que les han tenido que hacer una histerectomía por un aborto mal practicado. También conozco niñas que decidieron darle la vida a ese bebé y mucha gente odia escuchar que ellas dicen: ‘Amo a ese bebé’. No es normal que les digamos a las mujeres: ‘Tienes que odiar al bebé en el vientre’. El único que merece ajusticiamiento es el violador”.

¿Qué hay de las mujeres que realmente no quieren criar a ese bebé? “Si es por violación y ellas no provocaron quedar embarazadas, darlo en adopción, creo que deberían estar demandando mejores sistemas de adopción. Pero hablemos de las mujeres que quedan embarazadas porque consintieron. Hoy hasta un niño de 10, 11 años sabe cómo queda alguien embarazada. Podías prevenirlo, podías no tener sexo. Y a los hombres que dicen: ‘No, yo no tengo voz ni voto’, sí, tenías”.

Rodríguez publica con la editorial Cristo Misionero, que cuenta con una fundación que atiende a personas que están en la calle y a jóvenes en adicciones y tiene programas espirituales para mujeres como El viñedo de Raquel. “Ellos me han ayudado a llevar mi libro y yo podré llevar su misión a nivel global”.

La mexicana estará mañana a las 12:00 con la conferencia ¿Y si todo lo que creías fuera puesto a prueba?, en el Salón Vicente Rocafuerte del Centro de Convenciones Simón Bolívar (sala 1). (I)