3 de septiembre de 202603:005'minutos de lectura
A fines de la pandemia, la suspensión de eventos y la cancelación de fechas reservadas dejaron a Sebastián, un graduado en producción audiovisual, sin su fuente de ingresos de trabajo. Ante la incertidumbre de no saber qué pasaría con su futuro, armó la mochila con su equipo de grabación y, junto a dos amigos, decidió emprender un viaje hacia Bariloche.
El grupo instaló un campamento a orillas del lago Nahuel Huapi, un punto seguro al que regresaban tras subir montañas o explorar El Bolsón, y que con el tiempo se convirtió en refugio de paso para otros viajeros. Hasta que un día se cruzaron con una joven y su gata. Nadie sospechaba que el animal estaba a punto de dar a luz a cuatro cachorros.
“Yo tenía una carpa muy grande. La gata se instaló dentro y tuvo gatitos ahí mismo”, recuerda Sebastián sobre aquel rincón donde los pequeños pasaron entre tres y cinco meses creciendo y alimentándose.
Al principio, el propio borde del cierre de la lona de la carpa les impedía salir, pero al crecer comenzaron a explorar el entorno con absoluta libertad. Entre aquellos cuatro cachorros estaba Orión.
Para garantizar la salud y el futuro de la familia felina, la aparición de una ayuda clave fue determinante. Andrea, referente de la organización Pancitas Felices de Bariloche, cruzó caminando a Sebastián por la calle con los animales, se interesó por su situación y articuló la atención con la veterinaria Percario.
De a un gato por vez, los cinco recibieron revisiones, desparasitación y vacunación. Gracias a donaciones de alimento y bolsos de traslado, tres de los michis consiguieron hogares responsables donde hoy viven contenidos. Orión, en cambio, eligió quedarse al lado de Sebastián.
El vínculo entre ambos se afianzó de manera natural. Mientras Sebastián producía pulseras en la carpa o tomaba mates en la costa del lago, Orión aparecía para dormir una siesta a su lado o sumarse a la carpa por las noches.
Tras una etapa inicial como mochileros entre Bariloche, El Bolsón y Olavarría —la ciudad natal de Sebastián—, el cruce con cicloviajeros motivó la transición hacia las dos ruedas.
“A Orión no se lo sacó de su lugar, no es que se crió en una casa y después salimos a viajar. Desde el primer momento estuvo en contacto con la naturaleza, entonces fuimos buscando las maneras de mantener esa libertad”, explica Sebastián. Adoptar la bicicleta le pareció una interesante manera de explorar la autonomía logística que ofrecía y la posibilidad de llevar todo lo necesario para subsistir el día a día.
La bicicleta no solo les dio independencia, sino que convirtió el trayecto en una experiencia contemplativa: “En la aventura, el camino también forma parte; no es solo ir de un punto A a un punto B, sino que en la bici todo el trayecto es la aventura”.
La convivencia con el gato le enseñó a Sebastián una lección de vida profunda: “Lo más lindo que tiene Orión es que me ha enseñado sobre el momento presente. Siempre parece despreocupado, simplemente olfateando o mirando una florcita, un pajarito o el paisaje mismo... Él contempla. Y eso te hace vivir el ahora”.
Viajar con un felino de manera itinerante exige ciertas medidas de cuidado. Para el cruce de fronteras y traslados internacionales, la dupla realiza revisiones integrales, certificaciones de Senasa y completó el esquema de vacunación indicado para la edad del gato. La alimentación de Orión combina alimento balanceado de alta gama con raciones de carne o pollo hervido de las sopas del día.
En materia de seguridad en la vía pública, Orión lleva una pechera con chapita identificatoria y un bolsillo trasero con un rastreador GPS vinculado al celular de su humano.
Aunque no le agrada la correa, la utilizan preventivamente en zonas urbanas o de alto tráfico por el riesgo que representan los ruidos o los perros sueltos. En espacios abiertos, parques o placitas seguras, camina suelto al lado de su compañero, con un ritmo particular que llama la atención de quienes los cruzan.
“Me han dicho que camina como perrito. En los paseos hay como una negociación. Los gatitos manejan otros tiempos: si él se quiere quedar paradito olfateando una flor, tengo que estar yo atrás esperándolo con paciencia, tranqui, y cuando decida seguir caminando, seguimos”.
Tras casi cinco años de itinerario, más de 14 mil kilómetros recorridos y pasos complejos por las rutas de Argentina y Perú, la dupla no cree en planes rígidos ni en estructuras a largo plazo. Con su equipo a cuestas y la mirada puesta en el horizonte, Orión y Sebastián continúan pedaleando a su propio ritmo, guiados por la simple premisa de confiar el uno en el otro y disfrutar del camino.
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Por Jimena Barrionuevo