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Al principio no parecía que ocurriera nada demasiado extraordinario. Las madres primerizas seguían recomendando prudencia, forrando libros y muebles y ajustando barandillas en desniveles y escaleras. Los médicos pautaban, como siempre, protección al sol e irritantes visitas periódicas hasta la adolescencia. Los ingenieros seguían desconfiando de los puentes que habían levantado otros ingenieros. Y los coachs, bombardeándonos con sus tratados sobre el temor sin levantar el culo de la silla. Y todos tan felices...

Pero con el tiempo (y con el miedo justo, conocido, antiguo y bíblico) comenzamos a tomar el sol como si lo del melanoma fuera una leyenda medieval. A negociar con curvas y rectas libres de peajes entre camioneros y sus bestias de cuarenta toneladas con una soltura que habría escandalizado a Newton. Y a exprimir la vida y las tarjetas de crédito sin levantar la vista del móvil ni pensar demasiado en el mañana. Y nos pasamos de frenada...
Donde antes hubo divinidad, hoy hay mercados, algoritmos y gurús raritos
Seguro que Nietzche, que creyó asistir al entierro de Dios, se debe de estar partiendo de la risa viendo cómo el infierno ha perdido su reputación para siempre y sin embargo hemos ido encontrando sustitutos para nuestro horror al vacío. Donde antes hubo divinidad, hoy hay mercados, algoritmos, gurús raritos, expertos en longevidad y demasiada gente dispuesta a cederte el secreto definitivo de la existencia a cambio de una suscripción mensual. No es que el lobo haya dimitido y con él, nuestro apego al miedo. Lo que pasa es que ha puesto al día su negocio. Esperar inmóvil tras un árbol hasta atrapar a Caperucita era una estrategia impecable para los hermanos Grimm, pero en este rápido siglo XXI resulta una performance extraordinariamente ineficiente.
Y el lobo astuto se ha dividido en miles de pequeñas bestias y ha asignado a cada una de ellas una preocupación distinta para colonizar nuestras cabezas. Una se ocupa del cuerpo. Otra, del dinero. Algunas, del planeta. Otras, de los padres y de los hijos, de los abuelos y de las tías viejas... La más veterana, de la reputación y otra, quizá la más trabajadora de todas, de convencernos de que siempre deberíamos estar haciendo algo diferente de lo que nos ocupa. Es el mismo miedo multiplicado en miniversiones hasta el infinito. Un lobo transformer de cien mil cabezas que nos hace temblar como nunca. Nos agota.

Margarita Puig (Barcelona). Empezó su carrera profesional en el Diari de Barcelona . Desde entonces la hemos visto y escuchado en programas tan variados como Gol a Gol ; Tot l’esport ; Bonic vespre ; Versió Original; El club; Catalunya, parada i fonda ; Senyores i senyors , en el programa de Toni Clapés Versió RAC1 ; en Els matins de Josep Cuní , en TV3; en 8 al dia , de 8TV; Escletxes en BTV y Blanc sobre Blanc , en el Canal 33. Conocedora de los rincones más recomendables e insólitos de Barcelona, también es autora de guías como Restaurantes de Barcelona donde nunca te han llevado