
Los plásticos se fragmentan en partículas tan pequeñas que el ojo humano no puede verlas, y ahora hay evidencia de que llegan al corazón.
Investigadores científicos de Italia, Estados Unidos y Mónaco encontraron que los pacientes con infarto agudo de miocardio tienen concentraciones de micro y nanoplásticos en la sangre de las arterias coronarias casi tres veces mayores que las personas con arterias sanas. El estudio fue publicado en European Heart Journal, la revista especializada de la Sociedad Europea de Cardiología.
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Los investigadores detectaron que la presencia de esos plásticos pequeñísimos se asoció con marcadores de inflamación elevados, mayor exposición a contaminación del aire y tabaquismo, aunque el estudio no establece una relación de causa y efecto.
El trabajo fue liderado por Pasquale Paolisso y Lucia Scisciola, de la Universidad de Campania “Luigi Vanvitelli” junto a investigadores del Hospital Universitario Sant’Andrea de la Universidad Sapienza de Roma, el Hospital Universitario Integrado de Verona, el IRCCS MultiMedica de Milán y la Universidad de Bolonia en Italia, entre otras instituciones. También contaron con expertos del Boston College de los Estados Unidos.
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La enfermedad coronaria consiste en un bloqueo de las arterias que llevan sangre al corazón. Es una de las principales causas de muerte en el mundo.
Durante años, los investigadores estudiaron factores de riesgo clásicos como el colesterol alto o la hipertensión, pero el papel de los contaminantes ambientales recibió menos atención.
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Los micro y nanoplásticos son fragmentos muy pequeños: los microplásticos miden menos de 5 milímetros y los nanoplásticos menos de un micrómetro (una milésima parte de un milímetro).
En estudios previos se había demostrado que esas partículas, al entrar al torrente sanguíneo, pueden provocar inflamación y daño vascular, que son procesos que aceleran el endurecimiento y obstrucción de las arterias.
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El conocimiento sobre la presencia de esos plásticos en la circulación coronaria era, hasta esta investigación, muy limitado.
El equipo de investigadores que publicó en la revista European Heart Journal se propuso medir la carga de micro y nanoplásticos en la sangre de las arterias coronarias de pacientes con distintos grados de enfermedad cardíaca.
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El objetivo fue determinar si esa carga era mayor en quienes sufrían un infarto agudo que en quienes tenían una enfermedad crónica o arterias normales.

Pusieron en marcha un estudio transversal multicéntrico que analizó a 61 pacientes en un momento determinado, sin seguirlos en el tiempo.
Los participantes se dividieron en tres grupos: 19 con infarto agudo con elevación del segmento ST (STEMI, la forma más grave), 20 con síndrome coronario crónico o cardiopatía isquémica crónica y 22 controles con arterias normales.
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Los investigadores tomaron muestras de sangre coronaria y periférica de los participantes, que fueron analizadas con tecnologías que identifican los tipos de plástico por composición química y que permiten ver la forma y el tamaño de las partículas.
Los micro y nanoplásticos se detectaron en el 84% de los pacientes con infarto agudo, frente al 40% en el grupo con enfermedad crónica y el 31,8% en los controles.
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El polímero más frecuente fue el polietileno (que es el plástico más común en envases y bolsas), presente en el 97% de los casos con partículas detectables.

Los pacientes con infarto agudo mostraron también los niveles más altos de interleucina-6 (IL-6) y factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), dos proteínas que el cuerpo libera ante la inflamación, especialmente en la sangre coronaria.
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En el análisis multivariable, el tabaquismo fue el único predictor independiente de la presencia de micro y nanoplásticos, con una probabilidad 5,69 veces mayor en fumadores.
A su vez, la detección de estos plásticos resultó ser un predictor independiente de enfermedad coronaria obstructiva, con una probabilidad 4,48 veces mayor respecto a quienes no tenían plásticos detectables.
Los investigadores concluyeron que los pacientes con infarto agudo presentaron una carga mayor y más diversa de micro y nanoplásticos que los pacientes con enfermedad crónica y los controles, y señalaron que estos hallazgos representan un llamado a la acción para reducir la exposición a los micro y nanoplásticos.
Entre las limitaciones, reconocieron que el tamaño reducido de la muestra obliga a considerar los resultados como exploratorios, y que el estudio no midió otras vías de exposición como la alimentación o el agua.
Como pasos futuros, los investigadores sugirieron que se hagan estudios para cuantificar la exposición individual a los plásticos, evaluar la carga combinada de distintos contaminantes e incorporar evaluaciones del exposoma, que es el conjunto total de exposiciones ambientales a lo largo de la vida, que integren inhalación, ingestión y otras fuentes posibles.

El estudio no prueba que los plásticos causen infartos, pero muestra que su presencia en la sangre del corazón es mayor en quienes los sufren.
Ria Devereux, investigadora en materia medioambiental de la Universidad de East London en el Reino Unido, opinó en diálogo con SMC: “El estudio es interesante y, aunque no demuestra que los micro y nanoplásticos provoquen infartos, sí pone de manifiesto las dificultades que entraña trasladar los estudios sobre microplásticos —que investigan su impacto en el cuerpo humano— de un entorno de laboratorio extremadamente controlado a poblaciones humanas del mundo real, donde los estudios se complican debido a múltiples factores, como la genética, el estilo de vida, la exposición y otros elementos que influyen en el riesgo de enfermedad”.
En tanto, en diálogo con Infobae, el médico cardiólogo y magíster en epidemiología clínica Fernando Botto, consultor de investigación clínica del ICBA en Argentina, consideró: “La hipótesis de los autores del estudio tiene sentido biológico: los plásticos que respiramos e ingerimos llegan a la circulación coronaria y podrían participar en la inflamación que desestabiliza una placa de aterosclerosis. El hallazgo de más nanoplásticos en el infarto que en la enfermedad crónica es real e interesante”.
Sin embargo, el doctor Botto puntualizó: “El problema es que con 61 pacientes y diseño transversal no podemos concluir mucho más que eso. Mostrar que algo está ahí no es lo mismo que decir que es la causa. Y el único predictor independiente observado fue el tabaquismo, lo que nos deja la duda razonable de si los plásticos no son simplemente otro marcador de exposición ambiental en el fumador, y no un predictor independiente”.
Si se hacen estudios prospectivos más grandes y confirman los resultados -expresó el cardiólogo- “habría que empezar a tratar la contaminación por plásticos como un factor de riesgo cardiovascular modificable. Por ahora es solo una señal que merece investigación seria”.