“Lizard es un show para las redes y la televisión, pero mi vida privada no es así”, afirmó el notero y creador de contenido que ganó popularidad por su particular estilo frente a cámara. “Yo preservo la parte que no quiero que vean”, explicó en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infobae, al hablar sobre la exposición, los límites con el público y su decisión de mantener algunos aspectos de su vida lejos de la mirada ajena.

Lizard comenzó su recorrido en los medios en 2021, cuando, en plena pandemia, tuvo un programa en una radio local de Jesús María, Córdoba. Después comenzó a subir videos a las redes sociales, donde ganó popularidad con sus entrevistas callejeras y contenidos humorísticos. Su crecimiento fue progresivo y tuvo un fuerte impulso entre 2022 y 2025, hasta convertirse en una figura habitual de coberturas de espectáculos y eventos. En 2026 llegó a la televisión con Es mi sueño, el programa de Guido Kaczka en eltrece, una experiencia que definió como el momento en que sintió que estaba “para jugar en primera”.

A través de sus redes sociales, construyó una identidad marcada por el humor, la espontaneidad y la exposición, aunque sostiene un límite claro entre su personaje público y su intimidad. Durante la charla, habló del costo de la fama, el apoyo económico de su familia durante sus primeros años y el ultimátum que le dio su madre antes de que pudiera vivir de los medios. También contó la historia detrás de su reencuentro con Feliza, su novia, con quien volvió a estar en pareja después de cuatro años separados.

Ellos Lizard luli fernandez
Lizard inició su recorrido en los medios de comunicación en 2021 con un programa en una radio local de Jesús María. (Adrian Escandar)

— Si no te conozco, ¿cómo te definís? ¿Quién sos?

— Un apasionado, un romántico de todo lo que hago, de todo lo que me gusta, sobre todo del arte, de la música y de los medios de comunicación.

— ¿Cuándo decidiste que querías dedicarte a esto?

— Desde chico a mí siempre me gustó entretener. Para mí entretener a la gente es una forma de conectar con el mundo. Es algo que vos le das a la gente. Damos un servicio que se ve, ya sea en la televisión, en los medios tradicionales o en Instagram; y me parece muy interesante porque es en el momento libre de la gente. Siempre fui de entretener desde chico, incluso, en el cole.

— ¿Eras el entusiasta, el que quería participar de todos los actos?

— Sí, siempre fui muy payasesco. Siempre fui de hacer reír y eso me parece muy importante. Yo siempre leo todos los mensajes y es lindo cuando a veces te mandan: “Che, estaba en un momento medio triste y la verdad que me la re subís”. Esas cosas me gustan mucho.

— Cuando alguien de forma innata tiene esto, busca ser mirado y aceptado.

— Sí, a mí me encanta que me miren.

— ¿Por qué?

— Qué sé yo. Porque soy medio narciso. Todos los que estamos en los medios somos narcisos y tenemos el ego bastante alto, que a veces te juega muy en contra. Me gusta que me miren, pero hoy en día a veces es medio fiaca cuando, a la noche, a mí me gusta salir a bailar y tengo un personaje bastante muy de la noche, ¿no? Y la gente se confunde a veces con que sos muy buena onda y...

— Quedaste tildado como el pibe copado de la noche.

— Sí. A veces te gusta un poco más de privacidad. Ya siento que me conoce mucha gente ahora, lo cual agradezco un montón, pero a veces te sentís un poquito observado de más. No digo falta de respeto, pero sí la extrema confianza de la gente al tocarte.

— Y más en la noche, que están todos medio borrachines.

— Están todos cometeados, claro. A mí me encanta que en la calle se paren y me digan cosas. Me dicen cosas muy lindas, así como también me dicen cosas horribles en redes. Pero son los menos.

— En el cara a cara no te va a pasar nunca que te digan cosas feas como en redes.

— Es verdad. En la calle la gente es increíble. Pero de noche me rompe las bolas, sinceramente.

— ¿Te molesta a vos o a tu entorno? Porque a veces es más difícil para la pareja, los amigos.

— Para todos. Y es complicado ser mala onda también, ¿no? Porque un pibe que viene con todo el entusiasmo, toda la onda, con siete tragos arriba te dice: “¡¡¡Lizard!!!” o las minas que siempre vienen y me saludan. Y vos estás con tu pareja tomando algo en un boliche y te querés morir. La realidad es esa, pero también es cómo lidiás con eso.

— ¿Todavía no sabés cómo lidiar con eso?

— Trato de ser buena onda. Por algo existen lugares en los boliches donde estás un poquito más tranquilo. En la ciudad de Buenos Aires pasa menos, me parece, porque hay mucha gente. Pero yo viajo mucho por lo que hago y en el interior pasa más.

— ¿Con quién lo charlás esto? ¿A quién le pedís el consejo?

— En eso no pido consejo, sinceramente. Pido consejo en otras cosas.

— ¿Y a quién?

— A mi psicóloga, mi terapeuta. Ahora arranqué con una nueva y estoy feliz.

— Cuando una persona ingresa a los medios y empieza a ser conocida, atraviesa un proceso de transición complejo: pasás de ser alguien a quien conocen solo tus amigos a que, de repente, te conozca muchísima gente. ¿Cómo hiciste ese proceso de adaptación?

— Es que en realidad no fue de golpe, fue de a poco. Yo estoy contento con mi crecimiento en este mundo. Arranqué en 2021 en una radio local de Jesús María, en plena pandemia. Siempre tuve un amor por los medios, sobre todo por la radio.

— ¿Y siempre te gustó estar adelante del micrófono o también en producción?

— Adelante. La producción me gusta, no lo descarto. Pero me gusta hablar. En esa época yo era todo, porque a mí un tipo, Gon Rivadero, que tenía una radio local, me dijo: “Che, ¿querés tener un programa de radio?”. Le dije: “Vamos, claro”. Operábamos con dos amigos y teníamos un programa los jueves. Se llamaba Lagarto a la noche. Y hablábamos pavadas, lo que había pasado la semana y poníamos música, a mí me gusta mucho la música. Y ahí hacía todo: producía, buscaba las noticias. Era muy divertido, pero no me conocía nadie. Después empecé con los videos y ahí me iban identificando. Pero desde el 2022 en adelante ahí empiezo a pegarla un poco más. Y ya 2025 sí siento que fue como un boom. Pero no me parece que haya sido de golpe. Porque sí puede pasar que “che, pegué dos o tres virales en TikTok” y es lo único que hago.

— No, claro. El tema es mantenerlo en el tiempo también. ¿En qué momento sentís que dijiste: “Estoy para jugar en primera”?

— Yo creo que ahora, que estoy en eltrece y la verdad que estoy chocho con eso. Me di cuenta de que me gusta mucho la televisión y me encantaría conducir un programa de televisión, de juegos o algo como lo que hace Guido (Kaczka).

— Si hoy viniese el genio de la lámpara y te dice: “Lizard, pedí tres deseos”, ¿cuáles son?

— Sobre todo tener buena salud, que todos mis seres queridos la tengan y conducir un programa de TV, un big show.

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En diálogo con Luli, el creador de contenido señaló que mantiene una distinción entre su personaje de redes y su vida privada. (Adrian Escandar)

— Volvamos un poco a Jesús María. ¿Tenés padres allá?

— Sí, mamá y papá que los adoro.

— ¿Qué dijeron tus padres cuando les dijiste: “Che, me parece que va por acá con mi carrera”?

— Yo antes era DJ. Ahora toco de vez en cuando, pero mi carrera era DJ. Lo que pasa es que me había cansado de tanta noche. En ese momento iba, por ejemplo, a Kuarzo, la productora, a buscar laburo. Yo siempre escuché radio y quería laburar de eso. Escucho varias radios, pero una de las que más me gusta es Urbana Play. Lo escuchaba a Andy Kusnetzoff a la mañana y yo iba a esperarlo afuera. Lo encontré tres o cuatro veces. “Che, Andy, no necesitas alguien que te barra el piso, que te haga el café”. Y un día me dice: “¿Vos qué hacés?” Y ahí le mostré y me dice: “Pero no estás para barrer el piso”. Nunca me dio laburo, en fin. ¿Por qué me iba a dar laburo si no era nadie? Pero yo creo que si en ese momento me daban un espacio, no estaba preparado. Fui a Olga también...

— O sea, has ido a tocar puertas como en la vieja época.

— Sí, a los productores. Por ahí me daban un espacio y capaz que me iba a ir bien. Pero yo ahora veo que me puedo sentar en una mesa de Olga o de dónde sea. Pero está bueno buscar porque ahora me estoy yendo a Kuarzo después de acá a grabar, ¿entendés?

— Y te cruzás con algunos que capaz en su momento te vieron llegar a tocar la puerta.

— Sí, y para mí es bárbaro. Meses atrás me fui a cubrir el Mundial y cuando llego al hotel donde grababa DirecTV GO estaba el Pollo Álvarez, Andy y yo llego al mismo hotel donde están grabando, me instalo ahí y...

— ¿Andy te reconoció?

— Claro. Yo, pillo, veo que estaban grabando el programa y me acerco. Ya me conocen todos los productores en los medios, lo cual está bueno eso. Y me dice: “Che, Lizard, sentate acá, a ver”. Faltaba alguien en la mesa ese día. A mí me shippean mucho con Andy por el tipo de nota que hago con las mujeres.

— De la vieja época de Andy en CQC.

— Exactamente. Él es como un profe para mí, como todos los noteros de CQC y de VideoMatch. Entonces, el loco se levanta y me dice: “Che, ¿vos sos?”. No se acordaba ni en pedo de aquellos pedidos de trabajo, pero me tenía de hoy en día. Y dijo: “Sentemos a Lizard en la mesa”.

— ¿Qué sentiste ahí?

— Ahora con la psicóloga estoy tratando un poco eso de la gratitud. Siento como que las cosas que ya llegan, llegan y no les doy tanto valor.

— No les das esa parte emocional de decir: “Llegué a eso que antes fui a tocar la puerta”.

— Exactamente. Me encantaría verlo más así.

— ¿Y será parte de la vorágine en la que hoy estás envuelto de tanto laburo y tantas emociones?

— Sí y me da fiaca que no lo sienta así porque digo: “Che, loco, estoy con Andy, con el Pollo, que son gente que yo admiro y que admiraba mucho antes”. No sé si está bien verlos de igual a igual. O sea, con toda su trayectoria que tienen, pero...

— Sentados en una misma mesa.

— Claro. A mí lo que me pasa mucho es que cuando me invitan, me dejan ser parte. Por ahí me dicen: “Che, viene de invitado Lizard”. Me hacen dos o tres preguntas y después me quedo. “Sigamos el programa. ¿Lizard, te querés quedar?”, me dicen y yo acepto. La otra vez fui a lo de Moria a hacer unas cositas a la mañana y me dicen: “Che Lizard, ¿te querés quedar a opinar todo el programa de lo que hablemos?”

— ¿Qué queda del pibe que arrancó en Jesús María hace cinco o seis años en esa radio al que tenemos hoy acá sentado?

— Un montón de cosas. Sobre todo el querer ver a mis amigos de toda la vida, a mis viejos, el tener la misma novia que tenía en ese momento, que en realidad volví...

— Contame eso.

— Yo salía con Feli, que es mi novia actual, en el 2022 y cortamos cuatro años, y en esos cuatro años fue todo lo que pasó con esto de Lizard. Y ahora volvimos.

— ¿Cómo fue esa vuelta? ¿Quién contactó a quién?

— ¿Querés que te cuente todo?

— ¡Sí! Ya que me dijiste que sos romántico...

— Yo digo romántico a la persona que busca el helado en el desierto, ¿me entendés? Esa búsqueda constante que te hace ser un ser romántico. No hablo de poner Luis Miguel a la luz de las velas, que me encanta igual. Amo Luis Miguel, amo la luz de las velas, pero yo hablo de otro tipo de romanticismo. Con Feli, la verdad que el año pasado empezamos a coquetear un poquito por Instagram.

— O sea, había quedado todo bien cuando se separaron.

— Sí, nos separamos en buenos términos. Ella después estuvo de novia, convivió con su pareja, yo también tuve mi pareja, pero siempre la extrañé. La verdad que siempre la quise, pero también respeté que ella esté de novia. Yo nunca me metí ahí porque se la veía bárbara. Ni loco le mando un mensaje. Sí para el cumple y esas cosas, pero ni loco vuelvo a buscar a alguien que está en pareja. No es mi onda, no soy buitre. Pero yo siempre tuve mucha onda con la hermana, como amigos. En un momento me dice: “Che, la Feli anda medio mal, venite al bar”. Y yo fui.

— Como el día que te dijeron en la mesa: “Che, faltó uno, entrá”. Vos siempre listo, con los botines puestos (risas).

— Claro. Yo estaba en Córdoba en ese momento haciendo una cobertura con no sé qué cosa y tenía dos horas entre medio de otra cobertura. Y fue justo. Estaba comiendo con un amigo a las diez de la noche y me mandó ese mensaje la hermana: “Che, venite a este bar que está Feli mal”. Agarré un taxi y me fui. Caí, estaba trajeado encima, porque a veces el laburo de traje...

— Todo pituco.

— Sí. Y ahí hubo un súper reencuentro.

— ¿Cómo fue cuando la viste? Viste que uno se da cuenta en el momento si ella también me extrañó.

— Recontra. Yo tenía ese miedo de a ver si me extrañó o no. Yo estaba re nervioso. Y mirá que se me ponen personalidades enfrente y yo voy, pero cuando es alguien que realmente querés... Ahí charlamos un montón de la vida, de qué pasó en todo ese tiempo y reconectamos. Ella ahí se fue de viaje a Europa y ahí entro yo...

— Arrancaste.

— Ya había terminado con su pareja. Entonces, yo dije: “Es el momento”. Nos empezamos a escribir, yo le mandaba música. Ella estaba en Italia y yo le decía: “Pone este tema”, porque ella también se dedica a las redes y me preguntaba: “¿Qué tema pongo acá?”. Había un coqueteo ahí con la música. Cuando vuelve, nos vemos en Buenos Aires una mañana, estamos juntos, desayunamos. Pero se va y perdemos conexión de vuelta por...

— ¡No! ¿otra vez?

— Sí. Yo tampoco quería tirarme tanto a la pileta, ¿viste? Era una chica que me dejó en su momento y yo estaba bárbaro, soltero, disfrutando la soltería. Tampoco me quería enroscar mucho.

— Tampoco poner la cabeza para que me la corten.

— El 23 de diciembre voy a la casa a hacer una noche previa a Nochebuena y ahí comemos con la abuela y familia.

— Porque se conocían de hace años.

— Sí, claro. Y charlamos un montón. Pero me dice: “Che, quiero que seamos amigos”. “No, yo amigo tuyo no voy a ser”, le dije. Corta. “No estoy para esta”. Dormimos juntos esa noche, pero no pasa nada ni un beso.

— ¿Y vos tenías el corazón roto o estabas sobrellevándolo bien?

— Yo quería seguir bien, ¿me entendés? Ahí pasa Navidad, me voy a hacer temporada a Punta del Este. Ella se va con su familia a Aruba y cero contacto. Vuelvo de Punta y nos encontramos en el festival de Jesús María. Por medio de una amiga, le digo: “Che, que venga”. Yo quería verla de nuevo y ahí bomba. Nos vimos una noche en el festival y nos enamoramos mal, y estuvimos toda la noche juntos. Ya de ahí fue como nos dimos cuenta de que estábamos recontra enganchados de nuevo y empezamos a andar. Para mi cumple, hice un gran festejo, para mis 30, invité a mis seres más queridos a La Cumbre. Nos fuimos a una fiesta, hicimos todo un finde ahí y la invité a ella, su hermana y algunas amigas de ella. Y bueno, ahí nos pusimos...

— ¿Y ahí volvieron con todo?

— Ahí no, pero...

— Se fue gestando. Se cocinaron de nuevo a fuego lento.

— Fue divino. Ella vive en Córdoba y en marzo me dice: “Quiero ir a probar suerte a Buenos. ¿Me alojás 10 o 12 días?”. “Pero obvio que sí”. Y ahí está en casa (risas).

— ¡¿Todavía?! ¿Desde ese momento?

— Se mudó y después se vino acá otra vez. Ahora estamos viendo de irnos a vivir juntos.

— Vuelvo a la pregunta de antes: ¿qué queda de aquel Lizard de la radio de Jesús María en el que sos hoy? Me hablaste del amor por tus amigos, por tu familia y de esta historia. ¿Cuánto sentís que importa sostener ese ladrillo tan sólido que construiste alrededor de tus valores y de lo que realmente es importante para vos, de cara a tu proyección y crecimiento en los medios?

— 100%. Hay que estar presente en las cosas que a uno le gustan, en las cosas que hacía por placer y no por dinero, que es algo con lo que quiero reconectar también. Por ejemplo, con tocar el piano. Yo estudié cinco años música clásica en la UCA, por eso me vine a Buenos Aires y siento que últimamente perdí mucho el eje en ese sentido. Yo antes estudiaba obras de piano, Bach, Mozart, porque me hacían estudiar en la facu y yo amaba estudiar una obra que te lleva cuatro meses, capaz, hasta que te sale bien, para la nada misma, por el amor al arte. Y es algo que ya no hago.

— Es algo que no lo hacés y que no lo mostrás tampoco. O al menos no es un costado que se sepa tanto de vos.

— No, pero tampoco me interesa mostrarlo tanto. Sí, a veces cuando hay un piano, tocamos un tema y cantamos. Pero estudiar una obra clásica que te lleva tiempo antes lo disfrutaba mucho. Si bien estudié y me recibí, pensé que iba a vivir de la música, pero hoy en día la veo como un hobby, una cosa que amás, pero ya sabés que no te vas a dedicar a eso.

— Cuando uno empieza a trabajar de esto hay muchas miradas ajenas. No me refiero al hate de las redes, sino a ese familiar que, con la mejor intención, te dice: “¿Pero te parece hacer los videítos?” Como si relativizara o banalizara lo que hacés, sobre todo si sos un tipo culto, al que le gustan la música y el arte. ¿Te cruzaste mucho con eso?

— Nunca les di bola, entonces no me acuerdo (risas). A esa gente yo no le doy mucha cabida, ¿viste?

— ¿No te enoja?

— No. Porque sé que si uno hace las cosas con amor y con pasión, en algún momento te va bien. También tuve la suerte de tener una familia que me acompañó económicamente durante muchos años, que no es menor, porque no es fácil hasta que empezás a generar dinero con esto. Hoy tengo la suerte de poder vivir de los medios y me va bien, puedo viajar. Pero durante muchos años no y ese apoyo económico es un privilegio.

— ¿Sentiste en algún momento esa presión? Porque sería natural que tus viejos te dijeran: “Che, gordi, todo bien, pero ya es hora”.

— Es que fue justo, porque mi vieja me dijo...

— ¿Te puso un deadline?

— Sí, me puso un deadline. Porque ellos me bancaban casi todo. Si bien yo tocaba como DJ y siempre laburé, siempre toqué música, no era lo mismo. Mi vieja confió en mí porque me veía que yo le metía, aunque no ganara plata y eso es importante. Pero en 2024, me dijo: “Bueno, te dejo para hacer plata y fijate vos cómo hacés, si no te vas a tener que volver a Córdoba”. Y yo antes muerto.

— No te querías volver.

— No, ni loco me vuelvo. Con todo el amor que le tengo a Córdoba, mi ciudad es Buenos Aires. Hace nueve años que vivo acá. No me veo viviendo en otro lado porque lo mío funciona acá. No puedo vivir sin los ingresos que me da esta ciudad.

— ¿Tuviste miedo cuando tu madre te dijo eso?

— ¿Sabés que no? No tengo esos miedos porque sé que va a llegar.

— Pero había una fecha de vencimiento ya. Uno puede estar convencido de lo que quiere, hacia dónde va y cómo va, pero después hay circunstancias que nos trascienden.

— No, pero en eso no tengo miedo.

— ¿Dijiste: “Mamá, quedate tranquila, que antes de eso voy a llegar, voy a poder pagar la luz, la expensa”?

— Sí, me la han cortado varias veces la luz.

— ¿Y ahí tampoco tuviste miedo?

— Un poco a la oscuridad sí (risas).

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La madre de Lizard estableció un límite temporal en 2024 para que lograra la independencia económica en Buenos Aires. (Adrian Escandar)

— ¿Nunca te replanteaste: “Che, capaz esto no me sale por más de que lo tengo adentro”?

— No. Porque lo bueno de los medios de hoy, que son las redes, por más que no ganes alguna repercusión tenés. Yo creo que es muy diferente a antes. En otro momento era muy difícil hacer algo casero. Hoy en día está bárbaro que lo puedas hacer.

— Sí, hoy te podés autogestionar tu canal de comunicación. Es otra historia.

— Todos los streamers que ponen una compu y de repente son multimillonarios.

— Recién dijiste algo así como “le tengo un poco de miedo a la oscuridad”.

— Sí, le tengo miedo a la oscuridad. A la oscuridad interna, sobre todo.

— Viste que cuando uno está bajo tanto reflector, también aprende a darse muy rápido cuenta del contraste con la oscuridad.

— Olvidate. Mirá todas las luces que hay acá. Este mundo está lleno de luces, pero creo que esto oscurece mucho a veces. Porque en algún momento no sabés diferenciar la luz de la realidad. Digo esta luz artística, no la luz real. Entonces diferenciar esta luz que tenemos acá de la luz real, que no sé si es la de Dios o en quien vos creas. Yo creo en Dios. Hay que valorar los momentos que uno se tiene que dar íntimamente para uno mismo o para su pareja, su familia. Estar presente sobre todo. Esa es la luz que importa porque estas luces de los medios te pueden cegar mucho. Hay que ser muy inteligente.

— ¿Y pudiste darte cuenta en esos momentos en donde estas luces te empezaron a cegar un poquito? A veces son momentos, no significa que uno entre en una etapa.

— Ahora me di cuenta. Esto de pensar ¿hace cuánto que no hago algo por mí? Porque viste que con las redes podés estar haciendo cosas todo el día y siempre hay trabajo, por suerte, gracias a Dios. Soy un afortunado, pero a veces no sabés decir: “Che, me voy a Mendoza un fin de semana”. Porque si quiero encuentro trabajo en Mendoza. Le hablo a una bodega: “Che, ¿querés que hagamos contenido?”. Y saco plata. Pero ahí es donde tenés que empezar a ver hasta dónde vale ganar tanto dinero y hasta dónde vale decir: “Che, me voy un fin de semana a Mendoza sin celular o usándolo simplemente para hacer un mensaje”, en vez de estar pendiente de hacer contenido para generar dinero.

— Es como la rueda del hámster, ¿viste?

— Exactamente. Y ahí es donde te empezás a perder, porque ya no estás disfrutando realmente tanto. Y lo económico está bárbaro, pero...

— ¿Por qué Lizard? Y no me cuentes esas historias que inventás en el aire (risas).

— Yo era muy fanático de Jim Morrison, el cantante de The Doors. Y cuando tenía 18, 19 años, tenía el pelo largo y me gustaba todo ese rock and roll que él generaba. Y mi mejor amigo, Goti, que es mi socio y una compañía de toda la vida, él siempre estuvo abocado a lo creativo, porque yo soy muy creativo, pero a veces me falta que alguien me lo diga, ¿viste? A Jim Morrison le decían Lizard, Lizard King. Él se hacía llamar el Rey Lagarto porque tenía una conexión con los reptiles y no sé qué historia. Un poeta de locos, más allá de músico. Escribía una poesía terriblemente buena y le decían Lizard. Y como yo era fan, mi amigo me dijo: “Ponete Lizard”, porque ahí empecé a ser DJ.

— Entonces necesitabas como un pseudónimo.

— Necesitaba un nombre artístico. Eso fue a los 18, 19 años, o sea que ya tiene más de 10 años. Yo lo siento mucho a Lizard.

— De siempre sos Lizard. Es tu identidad.

— Siempre no. Yo trato de diferenciar un poco, porque si bien es parte mía también...

— ¿Tu mamá cómo te dice?

— Me dice por mi nombre.

— Que no lo decís, sos como las mujeres con la edad.

— No, no importa (risas).

— Me llama mucho la atención y me genera mucha curiosidad cuánto te preservás.

— Porque es bárbaro preservar la vida privada.

— Sos gracioso, divertido, pero hay muchas cosas en donde es como que te escondés detrás de tu personaje. ¿Lo advertís, eso?

— Sos buena, ¿eh? Me ponés un poco nervioso. Mirá que yo no me pongo nervioso en cámara (risas).

— En realidad lo que te estoy preguntando es por qué te escondés o de qué te escondés.

— Es lo que me pregunta mi psicóloga.

— ¿Viste, querido? Y yo no te cobro nada (risas).

— Terrible, porque me pregunta lo mismo: ¿De qué le huís? Bueno, un poco a la realidad también, pero ¿por qué le huyo a la realidad? Los medios, el espectáculo...

— El lugar que añorás, que anhelás, que te gusta.

— ¿Es realidad o no es realidad?

— Es parte de la realidad.

— Okey, pero es un show. Es algo que uno va a ver y se acaba. Yo lo tomo como un show en mi vida. Después está mi vida privada, que no tiene que ser un show, por eso no la muestro tanto.

— Eso es de la vieja escuela, de los artistas de antes. Hoy la mayoría de las personas que están en los medios, sea autogestionados o en las redes, tienen una necesidad de contar todo, todo el tiempo, a un nivel que es exasperante.

— No, yo no. No me gusta.

— Y lo que a mí me llama mucho la atención de vos es eso: preservás, reservás y respetás mucho tu voluntad de cuidar esa parte tuya que no querés que se sepa, que se vea o que se conozca. Y eso genera una intriga que, en unos años, puede que sea lo más interesante de vos.

— Sí, yo preservo la parte que no quiero que vean porque no me interesa que lo vean. No me interesa que vean un momento crítico o un problema. Lizard es un show para las redes, para la televisión y listo. Tiene que funcionar bien, que estar con una sonrisa, pero ese soy yo también. En un asado puedo ser Lizard, con mi pareja hacemos contenido juntos, pero después no hace falta mostrar todo. Viste que hay gente que dice: “Hoy me peleé con...”. Yo nunca lo voy a contar. El descargo más heavy que hice o más personal fue cuando se murió mi abuelo hace dos años. Ahí dije: “Che, estoy triste”. Fue el único momento y lo hice porque lo sentí.

— ¿Fue el único momento que te expusiste, que abriste tu corazón?

— Sí, dije: “Che, la estoy pasando mal”. También uno tiene un público. Hace dos años no tenía ni la mitad del público que tengo ahora, pero ya tenía un público y la gente mandaba mensajes para ver qué pasaba. Pero a mí no me gusta mucho esa exposición. Hay gente que le gusta y no la juzgo. Hay gente que se hace famosa por estar triste.

— Y por contarlo, en realidad.

— Sí. Hoy se habla mucho de la depresión y todo eso, que está muy bien que se tome conciencia de la salud mental. Pero no es mi palo. Mi palo es divertir a la gente y me divierte mucho que la gente crea que también soy eso. Me amigué con esas versiones que dicen: “Che, Lizard está todo el día drogado y borracho”.

— ¿Nunca te molestó?

— No, porque sé que no es así. Me divierte que la gente piense eso. La gente puede ser muy tarada si piensa eso. Yo creo que alguien que está generando contenido todo el tiempo y que edita sus videos...

— Si algo no puede estar es drogado o borracho.

— Pero gusta que la gente piense esas estupideces de mí, porque hace al personaje.

— Y cuando recibís por ahí ese hate en redes, ¿cuánto tiempo te llevó el no engancharte, el impermeabilizarte y que de verdad no te haga mal?

— Es que no me hace mal. Al contrario, me divierte. No me gusta el hate feo, obvio. Ese lo bloqueo directamente. A veces me engancho, les contesto y después digo ¿qué hago bardeándome con un imbécil por red social? Pero bueno, a veces uno anda enroscado y te descargás con un bolud*.

— ¿Y en algún momento te ha tocado pedir disculpas?

— Sí, miles. Vivo pidiendo perdón (risas).

— Cuando te toca pedir disculpas, ¿no tenés problema?

— Yo pido perdón rápidamente cuando sé que estuve mal, al toque. Cuando hay un problema con la pareja también, al toque te pido disculpas. Por ahí la otra persona no tiene ganas de charlarlo o sigue enojada, yo lo entiendo. Pero yo acepto el error muy rápido y al toque me hago cargo.

— Si tuvieses que tomarte un mate con ese Lizard de antes de que le propusieran lo de la radio, ¿qué te dirías?

— Estaría bueno charlar con ese Lizard. Le diría que cuide a la gente cercana y los momentos, que pase más tiempo con la familia, porque de un momento para otro por ahí no están más. Y me lo digo en este momento también. Me digo lo mismo que me diría ahora, porque no me veo tan lejano a ese Lizard. Que tenga cuidado con la noche también, que sepa cuidarse.

— ¿Qué te emociona?

— ¿Sabés que las películas más tontas me emocionan a veces? La música me emociona, el buen cine, ver que a un amigo le va bien.

— ¿Y de qué te arrepentís?

— De nada.