23/09/2026
Actualizado a las 09:26h.
María Corina Machado lleva meses escuchando que puede regresar a Venezuela cuando quiera. Esta semana, en Panamá, ABC pudo comprobar que hacerlo es bastante más complicado. Este diario había viajado hasta allí para acompañarla en una travesía que debía terminar en Venezuela, primero por mar y, cuando esa posibilidad se frustró, por aire a través de las islas neerlandesas del Caribe. En menos de 24 horas se cerraron sucesivamente la salida en barco desde Panamá y los intentos de volar a Aruba y Curaçao. Eran los intentos quinto, sexto y séptimo de regresar a su país desde que salió clandestinamente de él nueve meses antes.
La sucesión permite reconstruir ahora por primera vez la dimensión completa de un regreso que se ha intentado por aire, tierra y mar. Algunos episodios ya eran conocidos, como el avión que tuvo que regresar a Virginia cuando se dirigía a Curaçao el 26 de junio o el intento, dos días después, de tomar un vuelo comercial desde Panamá a Caracas. Otros no habían trascendido hasta ahora. Entre aquellos dos episodios y lo ocurrido esta semana hubo otros dos planes, uno de ellos por tierra, que tampoco prosperaron. Después llegaron los tres intentos de Panamá que ABC conoció directamente: el barco, Aruba y de nuevo Curaçao.
El quinto era probablemente el más elaborado. Durante días se había preparado una travesía marítima desde Panamá que pretendía llevar a Machado de regreso a Venezuela reduciendo al mínimo la dependencia de autorizaciones de terceros países. Una pequeña embarcación de recreo debía cruzar el Canal de Panamá el 21 de septiembre para situarse en el Caribe. La operación estaba avanzada hasta el punto de que se habían realizado los trámites para el zarpe, presentado la documentación de algunos de los pasajeros y organizado una navegación de aproximadamente dos días. ABC iba a viajar a bordo para contar aquella última etapa.
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La salida estaba prevista para la noche del lunes al martes. Quienes íbamos a embarcar habíamos preparado ya nuestro equipaje para varios días en el mar cuando llegó la noticia de que no habría viaje. La empresa que había proporcionado la embarcación comunicó una avería importante en uno de los motores, relacionada con dos cilindros, según la explicación trasladada a los organizadores. No planteó esperar a una reparación ni ofreció inmediatamente otra embarcación: canceló el servicio y comunicó que devolvería el dinero.
No existe ningún elemento que permita afirmar que la avería no fuera real y esa fue la explicación proporcionada por la compañía. Pero la cancelación se produjo cuando faltaban apenas unas horas para la salida y cuando los preparativos administrativos estaban prácticamente terminados. Para quienes llevaban días organizando la operación, una ruta preparada durante tiempo desaparecía de repente y obligaba a comenzar de nuevo.
Machado decidió hacerlo aquella misma noche. En lugar de esperar a que pudiera resolverse el problema mecánico, su equipo comenzó a buscar un avión que permitiera aproximarse a Venezuela a través de alguna de las islas neerlandesas situadas frente a su costa y completar desde allí el último tramo. En cuestión de horas, una operación marítima se convirtió en aérea. Se consiguió un primer aparato para salir a primera hora del martes hacia Aruba.
Panamá expidió unpasaporte diplomático especial por razones humanitarias que «no implica que se le dé la ciudadanía panameña»
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Aquella alternativa introducía además un elemento que hasta ahora no se conocía: la documentación con la que Machado podía viajar. Venezuela no le había expedido un nuevo pasaporte y el suyo llevaba años vencido. En las semanas anteriores, algunos países habían alegado precisamente la ausencia de un documento vigente para permitirle hacer escala. Ante ese obstáculo, Machado solicitó a Panamá una solución documental que le permitiera desplazarse.
Panamá le expidió un pasaporte diplomático especial por razones humanitarias que, en estas circunstancias, debía funcionar como un salvoconducto para sus desplazamientos. Según fuentes diplomáticas panameñas, la medida está amparada por la legislación del país, que permite conceder este tipo de documentación a ciudadanos extranjeros de reconocida trayectoria. «Ello no implica que se le dé la ciudadanía panameña o cargo diplomático», explicaron a ABC esas fuentes.
Este diario pudo examinar personalmente el documento en Panamá. No acredita que Machado haya adquirido la nacionalidad panameña ni, por tanto, que haya renunciado a la venezolana. El documento recoge que nació en Venezuela y le proporciona documentación diplomática para viajar, pero no establece en ningún lugar que haya adquirido la ciudadanía de Panamá. La distinción es importante porque, mientras todavía se intentaba organizar la salida, comenzaron a circular copias de un manifiesto de vuelo acompañadas de la afirmación de que Machado había obtenido la nacionalidad panameña.
Documento de vuelo para el trayecto finalmente denegado de María Corina Machado a Curaçao.
(ABC)
No era lo que decía el documento que ABC tuvo delante. La concesión respondía a un problema mucho más concreto: Machado necesitaba documentación vigente para desplazarse por terceros países después de que Venezuela no le hubiera proporcionado un nuevo pasaporte. Panamá había decidido resolver ese obstáculo por razones humanitarias, no naturalizarla.
El primer avión debía salir hacia Aruba a primera hora del martes, pero apareció entonces un problema administrativo sobre la naturaleza del vuelo. Había sido comunicado inicialmente como privado y surgieron objeciones sobre su consideración como operación comercial, lo que obligaba a nuevos trámites y plazos. Aquella primera salida quedó frustrada, pero el equipo no abandonó el plan: consiguió otro aparato y comenzó a preparar una segunda salida para más tarde.
Aruba, Bonaire o Curaçao
Para entonces ya era evidente que la operación había dejado de ser conocida únicamente por quienes participaban en ella. Los movimientos en el aeropuerto, los trámites y los planes de vuelo habían puesto en marcha consultas entre distintas autoridades. El planteamiento del equipo de Machado era que ella disponía de documentación válida, no estaba sometida a ninguna restricción de salida en Panamá y pretendía viajar legalmente hasta una de las islas. La decisión sobre permitirle aterrizar correspondía, por tanto, a las autoridades neerlandesas.
Aruba terminó comunicando que el avión no podría aterrizar. El sexto intento acababa de fracasar antes del despegue, pero todavía quedaban alternativas y durante las horas siguientes se prepararon planes de vuelo hacia Curaçao y Bonaire. Los tres destinos llegaron a estar sobre la mesa mientras se sucedían las gestiones y conversaciones.
Curaçao tenía además un significado especial. Era precisamente la isla a la que Machado había conseguido llegar después de abandonar clandestinamente Venezuela en diciembre y también el destino del avión que había tenido que regresar a Virginia el 26 de junio. Durante unas horas volvió a aparecer como una posibilidad. Finalmente, tampoco se autorizó el aterrizaje y Bonaire quedó descartada en el mismo proceso.
ABC pudo comprobar durante esas horas que no se trataba simplemente de rutas discutidas como hipótesis. Había aviones, horarios, documentación y planes de vuelo. Algunos pasaportes habían sido ya sellados para la salida y los preparativos continuaban mientras llegaban respuestas y se buscaban nuevas alternativas. Los planes hacia las tres islas permanecieron formalmente abiertos durante algún tiempo, pero ninguna de las opciones podía ejecutarse. El séptimo intento había terminado.
Siete intentos fallidos
La historia había comenzado casi tres meses antes. El 26 de junio, después de los terremotos que devastaron parte de Venezuela, Machado decidió que no podía continuar esperando indefinidamente fuera del país. Salió de Manassas, Virginia, en un avión privado rumbo a Curaçao, desde donde pretendía continuar hacia Venezuela. El aparato estaba ya en vuelo cuando el piloto recibió instrucciones de regresar al aeropuerto de origen.
Según la explicación recibida entonces por quienes viajaban con Machado, la compañía para la que trabajaba el piloto había recibido una comunicación estadounidense. Se estudiaron incluso aeropuertos alternativos en Estados Unidos, pero el piloto comunicó que sus instrucciones eran regresar a Manassas y que no estaba autorizado a aterrizar en otro lugar. El avión dio media vuelta. Fue el primero de los siete intentos.
Dos días después llegó el segundo. Machado viajó a Panamá y compró un billete de Copa Airlines con destino a Caracas. Según la reconstrucción realizada por su equipo, la compañía recibió desde Venezuela la advertencia de que transportar a Machado podía afectar a sus permisos para operar en el país. La dirigente opositora no consiguió embarcar y aquella segunda ruta quedó también cerrada.
Lo que no había trascendido hasta ahora es que los preparativos continuaron durante los meses siguientes. ABC ha podido confirmar que hubo un tercer intento que contemplaba regresar por tierra. El plan dependía de autorizaciones y gestiones con otro país y finalmente no llegó a ejecutarse. Algunos detalles de aquella ruta se mantienen reservados porque las personas que participaron en su preparación consideran que podría seguir siendo utilizada en el futuro.
Hubo después un cuarto intento mediante otra combinación de rutas para aproximarse a Venezuela y completar la última etapa del viaje. Tampoco prosperó. Los responsables de la operación han pedido igualmente preservar los detalles de esa vía. Lo relevante para reconstruir la secuencia es que entre finales de junio y septiembre no hubo una espera pasiva. Se estudiaron y prepararon sucesivamente alternativas terrestres, aéreas y marítimas hasta desembocar en la operación que esta semana llevó a ABC a Panamá.
En menos de tres meses, Machado había tratado de regresar mediante un avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá. Ninguna de esas vías había conseguido llevarla hasta Venezuela.
En menos de tres meses, la presidenta electa trató de volver en avión privado, un vuelo comercial, una ruta terrestre, diferentes combinaciones de aire y mar y finalmente una navegación de aproximadamente dos días desde Panamá
La sucesión resulta especialmente significativa porque durante estos meses distintos responsables estadounidenses han sostenido públicamente que Machado es libre de regresar a su país. El propio Donald Trump negó el 8 de julio estar impidiéndoselo. «Yo no le dije que no regresara. Creo que es una buena persona», dijo a los periodistas a bordo del Air Force One después de asistir a la cumbre de la OTAN en Turquía.
Los hechos de esta semana no permiten atribuir todos los obstáculos a una única decisión ni a un único Gobierno. En Panamá hubo una avería comunicada por una empresa privada. En Aruba y Curaçao fueron las autoridades neerlandesas las que finalmente no permitieron las operaciones. En junio hubo decisiones procedentes de Venezuela y comunicaciones estadounidenses. Colocados uno detrás de otro, sin embargo, los siete episodios dibujan una realidad bastante más compleja que la aparente sencillez de afirmar que Machado puede regresar cuando quiera.
Reunión en Nueva York
Todo esto sucedía, además, mientras Delcy Rodríguez se encontraba en Nueva York con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas. El contraste resultaba inevitable. La dirigente que heredó buena parte de las estructuras de poder después de la captura de Maduro podía desplazarse hasta Estados Unidos mientras Machado, premio Nobel de la Paz y principal figura de la oposición, pasaba el martes en Panamá buscando sucesivamente un barco y después un avión que le permitieran recorrer el camino contrario.
La escena ayuda también a entender la Venezuela surgida después del 3 de enero. Estados Unidos capturó a Maduro y lo trasladó a Nueva York, pero optó por conservar buena parte de las estructuras estatales y militares que habían funcionado bajo el chavismo. Rodríguez se convirtió en la interlocutora para administrar esa transición y Washington ha construido desde entonces con su Gobierno una relación basada en el petróleo, la seguridad, las deportaciones y la estabilidad institucional.
La paradoja es que salir de Venezuela había resultado posible en circunstancias aparentemente mucho más difíciles. La noche del 8 de diciembre de 2025, con Maduro todavía en Miraflores y los servicios de seguridad buscándola, Machado abandonó clandestinamente el país, llegó hasta la costa y se internó en el Caribe en una pequeña embarcación. Después de una navegación accidentada consiguió alcanzar Curaçao y desde allí comenzó el viaje que acabaría llevándola a Oslo para recibir el Nobel.
Nueve meses después, Maduro está preso en Nueva York y Machado ha recibido el Nobel de la Paz, ha entrado dos veces en la Casa Blanca y ha visto cómo Estados Unidos adquiría sobre Venezuela una capacidad de influencia que parecía inimaginable cuando tuvo que escapar. Pero regresar ha resultado hasta ahora más difícil que salir. Esta semana, quienes íbamos a acompañarla pudimos comprobarlo mientras una posibilidad desaparecía detrás de otra.
Han sido siete intentos por aire, tierra y mar. Los tres últimos se concentraron en menos de 24 horas: primero una embarcación que no pudo zarpar, después un avión hacia Aruba y finalmente una nueva tentativa a través de Curaçao, con Bonaire como última alternativa. Todos terminaron de la misma manera. Machado pudo completar la primera travesía del Caribe cuando Maduro todavía gobernaba Venezuela; la segunda, concebida para devolverla a casa después de su caída, sigue pendiente.
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