Todo comenzó con ese trapo pintado que desplegaron los jugadores argentinos en el partido contra Inglaterra en el Mundial. “Las Malvinas son argentinas”, rezaba. Lo vio medio mundo y acaso sea literal la expresión. Esa movida generó dos cosas.

Una: le dio una visibilidad global inédita al histórico conflicto por la soberanía de las islas entre Argentina y Reina Unido, que siempre ha sido algo más bien limitado a los países interesados. Al punto que hay registros de buscadores de internet como Google que muestran que en todo el mundo se activó la pregunta respecto a qué eran las Malvinas aquel día de la semifinal.

Dos: un reverdecer de cierto nacionalismo en la población argentina con una causa que, se admite en todo el mundo político, es totalmente transversal, acaso como ninguna otra. Atraviesa sectores sociales y políticos, de arriba a abajo y viceversa. Nadie objeta la certeza de que “las Malvinas son argentinas”.

Poca sintonía

La verdad, hasta ahora el gobierno de Javier Milei no había sintonizado con esa fibra nacional. Y hasta tuvo patinadas notables, discursivas, que involucraron al propio Presidente. Como cuando ponderó a Margaret Thatcher -es verdad, por ser liberal- y deslizó en alguna declaración sobre el respeto a la autodeterminación de los kelpers, los habitantes de las islas que quieren ser británicos y no argentinos, a contramano de la historia diplomática argentina para la que son usurpadores. Pero, como se dice ahora, Milei “la vio”. Y claramente fue cuando el presidente estadounidense Donald Trump, su amigo, admitió muy superficialmente que podría rever la postura histórica de su país sobre la neutralidad en el conflicto por la soberanía, que en los hechos es un respaldo a la postura británica.

El Presidente dijo en su mensaje del jueves que todo lo anunciado es producto de meses de elaboración. Nos permitimos dudar de eso. Suena más a que la Rosada aprovechó el momento de tensión de Trump con el gobierno laborista de Gran Bretaña, por cuestiones geopolíticas y gastos de defensa. Vio la oportunidad de retomar la iniciativa en la agenda pública con un tema de casi segura efectividad por el amplio consenso previo.

El gobierno, como todos los gobiernos, consume encuestas con fruición. Leen las propias y las ajenas. Trascendió un sondeo nacional realizado por la consultora Aresco en julio pasado, post Mundial, y exhibe que el tema Malvinas tiene niveles altísimos de consenso. Ante una de las preguntas, el 81,4% respondió que la Argentina debe continuar reclamando la soberanía sobre las islas. El 10,2% dijo que no debía hacerlo y el 8,5% no tomó posición.

De hecho, el discurso de Milei en términos conceptuales ayer tuvo buenas recepciones públicas en sectores de la oposición más dura. Aunque muchos no criticaron el contenido sino los motivos, a los que enlazaron con cierta lógica electoralista y de conveniencia política. Que por supuesto tuvo.

Le ha servido al presidente para recuperar protagonismo en la confección de la agenda pública con un tema que lo aleje de la cuestión económica, en el que claramente venía perdiendo.

También saca al oficialismo, al menos momentáneamente, de un lugar incómodo en el que había quedado en el debate perdido por la venta de tierras a extranjeros, que la oposición supo manejar mucho mejor (el gobierno quedó casi como entreguista y debió cambiar la pretensión inicial de la cantidad de superficie que pueden adquirir capitales foráneos) y reveló cierto entumecimiento de la estrategia oficial de presentación de ese mensaje, también un tema sensible para bastos sectores sociales y políticos.

la interna con la Vice

Un dato adicional es que Milei, de paso, eclipsa en esta cuestión a su odiada Vice Victoria Villarruel, que se había quedado casi como la hegemonizadora de este tema dentro del mundillo violeta y quien, se comenta mucho en la política, probablemente encabece un proyecto para enfrentar al actual mandatario en 2027, de corte nacionalista muy marcado.

Los anuncios de Milei, ya detallados en este diario y presentados por él bajo la categoría de “cuestión de seguridad nacional” y como defensa de “la causa más sagrada”, apuntan a profundizar cuestiones pre-existentes. Como las penalizaciones a empresas que pretenden explotar yacimientos petrolíferos en la zona de Malvinas sin autorización de la Argentina y con la venia de los kelpers (Sea Lion es el caso que nos ocupa) o el avance con la base naval en Tierra del Fuego, cuyo inicio se dio a paso de tortuga en el gobierno anterior y cuya construcción esta directamente parada desde 2024 por iniciativa de esta gestión.

La duda es si el tema, más allá de la coyuntura de los próximos días, tendrá la capacidad de generar conversación pública más allá del círculo rojo, entre la gente de a pie, en un contexto donde la ponderación de Milei ha caído en las encuestas.

“Si lo que se busca es un efecto robusto, potente, perdurable, yo no sé si sólo con este anuncio lo van a lograr. Salvo que haya un cambio real en la postura de Trump respecto al reclamo histórico que afecte a Gran Bretaña, porque esa sí sería toda de Milei. Pero por ahora sólo dijo que podría evaluarlo”, analiza el politólogo Gustavo Marangoni ante este cronista.

Lo dicho: inicialmente al Gobierno le dio cierto resultado porque, por ejemplo, recuperó protagonismo en las redes, ese mundo que obsesiona a la Rosada.

Un informe sobre el impacto digital de la cadena nacional por Malvinas elaborado por la consultora QSocial Big Data, especializada en el tema, arrojó que en apenas 14 horas se registraron 2.775 publicaciones, 1,4 millones de acciones y 17,4 millones de visualizaciones. El impacto fue muy concentrado: casi el 57% de las interacciones ocurrió en las tres horas posteriores al discurso de Milei y el 42% justo en la hora de emisión. Eso evidencia que fue un pico, no una conversación extendida, explica el estudio. Se vio también que la red conocida como “Las fuerzas del cielo”, que había tenido bajo impacto en el debate de tierras, se reactivó con mucha fuerza en esta única jornada. Generó en horas lo que no había producido en un mes. Se ve que se puso a trabajar la gente de Santiago Caputo, el estratega, a quien ayer atribuían la autoría intelectual de la movida malvinense Según la consultora, el informe mide la capacidad de instalación inicial, no el resultado final. Y esto último es clave: cómo sigue. Evidenciará la capacidad del oficialismo para apropiarse realmente del tema y hasta interpelar a la oposición peronista -recordar que Milei pidió unidad de espacios en este tema- o terminará exponiendo si sólo fue una gran venta de humo.

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