02/08/2026 a las 23:45h.
Estamos ya en una democracia 'madura', término que antiguamente se utilizaba para los 'maduros interesantes' y ahora se utiliza también para las democracias maduritas, interesantes ... o interesadas, que no es lo mismo pero a veces van de la mano. La nuestra nació en 1978, así pues va frisando los 50 años pero aún no llega. Muy bien. En la parte buena deberíamos situar que se supone que contamos ya con mecanismos democráticos consolidados y una cultura participativa y ciudadana asentada. Muy bien, también. En el apartado de sombras, ocurre que cuando la democracia madura, aquellos vicios que no se han corregido, se acentúan. Es como las personas, que las manías están ahí si no te las trabajas. Una peculiaridad de las democracias, y no solo de las maduras, es que la participación política incluye a gente que hace cosas que la existencia de mecanismos políticos sanos permite que se fiscalicen. Durante las primeras décadas democráticas nos encontrábamos con desajustes y situaciones singulares vinculadas con la colocación de cuñados, maridos, mujeres y hermanos. Los dirigentes aquellos tenían una edad que rondaban los 40 años y buscaban acomodo a gente de su confianza, muchos de ellos aún en edad de merecer. El tiempo ha ido pasando, y además de continuar haciendo hueco a los coetáneos, el abanico se abre. Ahora la carne política, madura como la democracia, también se intenta encontrar sitio para hijos, sobrinos y nietos. En la democracia madura, los políticos no se van (a pesar de que «en el sector privado ganaría el doble o el triple», dicen muchos) y además pelean por dejarnos como legado a sus herederos. Cosanguinidad al poder. El relevo generacional. Tenemos ejemplos de toda índole. Últimamente se ha sabido que los esfuerzos y diseños de las hijas de Zapatero han sido muy fecundos. El embajador Ximo Puig ha incorporado a la nómina de su oficina de expresident un chófer que próximamente será su sobrino político, a la sazón familia de la exconsellera Bravo. En Compromís ha faltado tiempo para preguntar por este asunto, ya que Ximo Puig continúa siendo uno de sus personajes políticos preferidos. Y la exconsellera, también. O quizá, hasta más. En la coalición se preguntan quién está usando ese vehículo oficial a disposición de un embajador de España en la OCDE que, en teoría, está en Paris de manera constante, a ver si es que el transporte personalizado (y familiar) no es para él. En el PP no se lo preguntan tanto porque en el Consell están ocupados en resolver lo del kilometraje de Camps. La madurez nos debe aportar sabiduría, y no solo la constatación de que el ser humano tropieza dos veces (o más) con la misma piedra.