El coreógrafo Arturo Chumbe reveló en el programa de streaming ‘La Capilla’, conducido por Andrea Llosa, los mecanismos internos que definían quién ganaba y quién perdía en el reality de baile más visto del Perú durante más de una década.
Detrás de las lentejuelas, los puntajes del jurado y los aplausos del público, ‘El Gran Show’ escondía una maquinaria que iba mucho más allá del talento en la pista. Así lo aseguró Chumbe, quien fue durante varios años uno de los coreógrafos más influyentes del programa de Gisela Valcárcel en América Televisión, y que participó en reuniones internas donde se tomaban decisiones que el televidente nunca vio.
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La revelación más contundente de la entrevista llegó cuando Chumbe abordó el sistema de votaciones. El coreógrafo afirmó que las llamadas del público no eran el único factor que determinaba quién avanzaba en el concurso. “Hay gente que te ayuda”, sostuvo, y fue más lejos: alcaldes enviaban sobres con dinero para financiar la compra de tarjetas de votación a cambio de que los artistas beneficiados luego apoyaran sus campañas políticas.
“A mí me ha llegado un sobre con dinero para que pueda comprar tarjetas para que votaran por mi equipo. Ahora ya lo puedo decir, pues ya pasaron diez años”, afirmó Chumbe en ‘La Capilla’. El coreógrafo no reveló nombres, pero fue enfático en que el intercambio era claro: votos por presencia en actos de campaña. “Después, no sé, Chumbe y sus artistas vienen y me bailan y me animan a la gente”, describió.
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Llosa le preguntó si las votaciones también podían ser manipuladas “a dedo” por la producción, sin pasar por el voto ciudadano. Chumbe no descartó ninguna posibilidad y señaló que la producción tenía herramientas propias para intervenir en los resultados: “Si das rating, ellos se inventan todo para que tú te quedes”.
Como ejemplo, recordó el caso de Melissa Paredes, a quien la producción rescató con un comodín oculto bajo un cojín del set cuando ya había perdido. “Detrás del asiento de la persona, vean que hay un cojín, comodín, salvada. Melissa”, relató.
Yahaira Plasencia, un caso que ilustra cómo el escándalo movía el tablero
Para Chumbe, el caso de Yahaira Plasencia resume con precisión cómo funcionaba la lógica del programa en sus últimas temporadas. La cantante ingresó a ‘El Gran Show’ en medio de la tormenta mediática que generó su relación con el futbolista Jefferson Farfán y las revelaciones de una infidelidad que ocuparon semanas de cobertura en la prensa de espectáculos peruana. Ese escándalo, lejos de perjudicarla, la convirtió en el centro de atención del programa.
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“La traen en una temporada ya comenzada, porque descubren lo que pasaba con Farfán y se vuelve estrella. La traen, le dan privilegios, la ponen como una estrella, un buen sueldo, todo. Y ganó y no debió de haber ganado”, declaró Chumbe. Para el coreógrafo, Plasencia no ganó por mérito en la pista de baile, sino por el valor mediático que traía consigo.
La cantante, que en 2025 reconoció públicamente haberle sido infiel a Farfán —“Sí, claro, lo fui a nivel nacional. ¿No lo viste? No te hagas pues", dijo en una entrevista con el periodista Giancarlo Granda—, se convirtió en aquella temporada en uno de los personajes más seguidos del programa. Su historia personal alimentó el morbo y el rating, dos variables que, según Chumbe, pesaban más que cualquier coreografía.
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Otro de los mecanismos que Chumbe expuso fue el proceso de formación de parejas entre famosos y soñadores. Lejos de ser una decisión aleatoria, las duplas se armaban en reuniones internas donde la producción evaluaba factores como la química potencial, el perfil de cada participante y hasta la posibilidad de que surgiera un romance en cámara.
“Cuando arman las parejas, me citaron en una oficina. Estaba Gisela, el productor de ese momento”, recordó Chumbe. En esas reuniones se analizaba quién podría coquetearle a quién, quién podría enamorarse de su pareja. El coreógrafo recordó el caso de la propia Andrea Llosa, a quien emparejaron con el bailarín Italo Calvo con un razonamiento que la conductora escuchó por primera vez en esa entrevista: “Dijeron: Andrea con Italo, porque Italo le gusta a la ama de casa y Andrea es ama de casa”.
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Chumbe también reveló que Cristian Domínguez era el participante al que la producción emparejaba con cualquier soñadora con la certeza de que el coqueteo iba a funcionar. “Con Cristian Domínguez cualquiera. Nunca había pierde”, afirmó Llosa, y el coreógrafo lo confirmó sin dudar.
El criterio detrás de cada pareja también tenía una lógica de contraste: un bailarín talentoso junto a una figura que bailara mal generaba una narrativa de superación que, en las primeras temporadas del formato, era el motor del programa. “El primer año del ‘Bailando por un sueño’, todo era confraternidad”, recordó Chumbe. Pero con el paso de los años, esa fórmula cambió. “Ya no importaba si bailabas mal y mejorabas. Era qué me dabas en el show”, señaló.
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El coreógrafo, que acumula 30 años de carrera en la industria del entretenimiento peruano y que participó en programas como ‘María Pía y Timoteo’, ‘Habacilar’ con Raúl Romero y ‘Esto es guerra’, habló desde la distancia que le da no estar actualmente vinculado a ninguna producción televisiva. Hoy conduce su propio show de entretenimiento bajo el personaje Jackie Ford y ofrece clases privadas de baile en su estudio en Lima.