Actualizado Domingo, 27 septiembre 2026 - 01:16
Hubo un tiempo, no tan lejano en el calendario pero ya remoto en la memoria política, en el que Ciudadanos estaba en el centro del poder madrileño. Las siglas naranjas llegaron a ocupar la Vicepresidencia de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la capital y a gobernar junto al Partido Popular en ambas instituciones. El partido que aspiraba a convertirse en la gran fuerza de centro llegó a tener concejales, diputados y cargos de gobierno repartidos por buena parte de la región. Ahora queda mucho menos. Ciudadanos conserva una estructura municipal mínima y una representación reducida a un puñado de cargos que afrontan una pregunta incómoda de cara a 2027: seguir bajo unas siglas que han perdido buena parte de su peso electoral o intentar sobrevivir al margen de ellas.
La respuesta a esa pregunta puede encontrarse a más de 60 kilómetros de Madrid, en la parte occidental de la Sierra de Guadarrama. Allí, entre pinares y carreteras que conducen hacia Ávila, Francisco Palomo sigue gobernando Santa María de la Alameda. Es el único alcalde de Ciudadanos que queda en toda la comunidad.
Entre llamadas y asuntos municipales, intenta sacar adelante un Ayuntamiento de nueve concejales mientras decide si dentro de unos meses volverá a presentarse a unas elecciones bajo las mismas siglas que le llevaron hasta la política.
Esta vez, llegó a la Alcaldía en unas circunstancias poco convencionales. En las últimas elecciones municipales, el Partido Popular obtuvo la mayoría relativa, pero la falta de acuerdos terminó provocando un bloqueo institucional. El 12 de diciembre, Palomo presentó una moción de censura con el respaldo de dos concejales procedentes del propio PP y se hizo con el bastón de mando. "Los del PP no presentaban ni presupuestos y estábamos paralizados, sin subvenciones ni nada. Vinieron a buscarme", explica.
El alcalde habla de la política local con la distancia de quien ha dejado de esperar demasiado de su partido político. El desencanto aparece cuando se le pregunta por Ciudadanos. "Cuando digo que soy alcalde de Ciudadanos, la gente directamente me pregunta si Ciudadanos sigue existiendo. Soy lo poco que queda", cuenta. Recuerda cómo llegó a la formación en 2019. "Me presentaron a este partido como si me vendieran un Ferrari. Me hablaban de una estructura moderna, de un proyecto ganador". Ahora la imagen ha cambiado: "No paro de llamar a la sede para decirles: 'Oye, que el Ferrari no arranca'".
En Santa María de la Alameda, esa falta de estructura no es una cuestión abstracta. El municipio depende en buena medida de las ayudas y subvenciones de otras administraciones y necesita asesoramiento técnico y jurídico para afrontar buena parte de su actividad. El alcalde asegura que ese respaldo ha desaparecido. "Ciudadanos no me da soporte legal ni de ningún tipo. La gente no agradece nada y desde el partido no te dan nada. Lo mejor del partido son los amigos que me llevo para siempre, concejales de municipios vecinos, alcaldes, cuando todavía éramos más", lamenta.
Cuenta que en diciembre habló con la dirección para disponer de asesoramiento jurídico en caso de presentar la moción de censura. "Me dijo: 'Avísame cuando presentes la moción de censura'. Le avisé y aquí sigo esperando. La última reunión fue en noviembre y ya no más". El alcalde no sabe todavía qué hará en 2027.
Sí sabe que volver a presentarse bajo las siglas de Ciudadanos no es una decisión sencilla. "Me quería presentar, pero después de este verano ya no sé. No sé si me volveré a presentar, ni si lo haría por Ciudadanos. Presentarte por Ciudadanos hoy en día es un lastre". La alternativa que empieza a ganar peso es una candidatura independiente. No sería una excepción en el mapa municipal madrileño. En los pequeños municipios, donde el conocimiento personal de los candidatos puede pesar más que la marca nacional, las plataformas locales ofrecen una vía para mantener estructuras y candidatos sin arrastrar el desgaste de unas siglas.
Palomo contempla esa posibilidad mientras recuerda lo que ocurrió en la sierra en las últimas elecciones. "Se llevan equivocando desde hace un montón de tiempo. De cara al 27, tendremos que ver si nos presentamos como independientes. Antes había alcaldes y concejales de Ciudadanos por todos lados, en las últimas elecciones vino el 'efecto Ayuso' y fuimos todos a la mierda. Yo incluido. Ahora esoy más solo que la una". Su historia resume una de las principales dificultades que afronta Ciudadanos en Madrid: algunos de sus cargos conservan poder local, pero la marca que los llevó hasta allí se ha convertido en un problema que ellos mismos tienen que decidir si quieren seguir llevando en la papeleta.
Desde la dirección autonómica intentan evitar esa ruptura. Alexis Ortega, coordinador de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid y primer teniente de alcalde de Guadalix de la Sierra, reconoce que la prioridad ahora es mantener la estructura que queda. "Lo que queremos es estar, da igual cómo. Nuestra función principal es dar soporte a nuestros concejales y al alcalde que nos queda, y trabajar para la campaña de las siguientes elecciones", explica. Ortega defiende que todavía existe un espacio para una opción de centro.
"Somos conscientes de la situación. Si nuestros concejales quieren crear una plataforma independiente porque piensan que les perjudica son libres. La evolución pasa por dar alternativas", afirma Ortega. Es una forma de mantener el vínculo con los cargos locales aunque desaparezca el nombre de Ciudadanos de la papeleta. En la práctica, la organización funciona cada vez más como una red de concejales que como un partido con una implantación territorial propia.
El mapa de la formación en Madrid ilustra el retroceso. Ciudadanos cuenta actualmente con 17 concejales distribuidos en 13 municipios, concentrados en su mayoría en pequeños núcleos rurales y candidaturas de carácter local. Muy lejos queda el momento en que la formación tenía una presencia relevante en las principales instituciones de la Comunidad. Ortega asegura que, pese a todo, todavía hay militantes que mantienen la actividad. Habla de un "pequeño repunte" de afiliación y participación durante los últimos meses. "Nos reunimos una vez al mes en la sede de Príncipe de Vergara los jueves por la tarde y vienen 20 o 30 personas", cuenta.
Una actividad que convive con un escenario mucho más incierto de cara a 2027. Parte de los ediles que todavía conserva Ciudadanos estudian otras opciones políticas, candidaturas independientes o, directamente, abandonar la política municipal. La transformación también puede observarse en la propia sede del partido. Durante sus años de mayor expansión, Ciudadanos ocupó un edificio de varias plantas en la calle Alcalá, convertido en uno de los escenarios habituales de sus noches electorales. Tras el descalabro de 2021, la organización se trasladó a un piso en la calle Príncipe de Vergara.
Ahora ocupa todavía menos espacio. Ha abandonado la entreplanta y se ha instalado en un piso notablemente más pequeño de la primera planta. La mudanza responde a una realidad económica muy distinta a la de aquellos años: menos afiliados, menos representación institucional y menos subvenciones después de desaparecer de la Asamblea de Madrid y del Ayuntamiento de la capital. "Se han reducido los espacios y todo muchísimo", lamenta Alexis. Y es que la historia de Ciudadanos también puede medirse así: en escaños, en concejales y en metros cuadrados.