Vienen vientos de tormenta para los gobiernos de izquierda de Latinoamérica. El presidente Trump considera una desgracia y una calamidad esa ideología. Está en su agenda evitarlos y combatirlos. América para los americanos.
La nueva Doctrina Monroe, actualizada en su versión Trump, incluye en su agenda el combate a los gobiernos de izquierda, los cárteles de la droga y los narcopolíticos. Venezuela, Colombia y Perú ya recibieron la «ayuda» del presidente Trump.
Marco Rubio, por indicaciones de su jefe, está convocando a una cumbre mundial de cancilleres para tratar y combatir el narcotráfico y los gobiernos de izquierda ligados a él que, según ellos, son los promotores de esa actividad ilícita. Se afirma que más de 60 países participarán en el gran evento que se realizará en el país vecino. Seguro que en las resoluciones que se tomen condenarán a las naciones involucradas en estas prácticas, dando a Estados Unidos autoridad y mayor libertad de acción.
Es posible esperar una embestida fuerte en contra de estos gobiernos. Podrían incluso declarar organizaciones criminales a los movimientos políticos que los impulsan y los mantienen en el poder, cerrándoles la puerta de su operación política.
Esta postura del gobierno norteamericano es muy delicada. Nuestro país está en la mira. La confrontación está al canto y la relación bilateral, muy ríspida y a punto de tomar un giro de intervención directa. México es un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. Nuestra vecindad es estratégica y neurálgica. Nuestra colindancia, tanto al norte como al sur, representa para los vecinos lugares de supuestos peligros que tienen que cuidar.
Vamos a tener sacudidas fuertes. La soberanía que está manejando el gobierno está fuera de base y carece de sustento. Nuestra debilidad es la inseguridad, la corrupción, el narcotráfico y los supuestos narcopolíticos. Este síndrome de descomposición hace fuerte y le da razón de ser a la queja del vecino y a la necesidad de actuar con energía.
En fin, los problemas ahí están; no los podemos ocultar. Se deben afrontar con inteligencia y determinación. Me da la impresión de que, para el nivel de los asuntos de la agenda bilateral y el grado de conflicto, se requieren interlocutores de mayor rango y de acreditada capacidad política.