08/08/2026 a las 01:14h.
Hay una imagen familiar para cualquiera que conviva con un gato: encuentra un rincón tranquilo, se acomoda y dedica varios minutos a acicalarse con absoluta concentración. Es una conducta tan habitual que apenas reparamos en ella, pero detrás de ese gesto se esconde mucho más que una cuestión de higiene.
Los gatos invierten entre el 30 y el 50 % de su tiempo despiertos en acicalarse. Este comportamiento les ayuda a mantener el pelaje en buen estado, regular la temperatura corporal y eliminar suciedad y parásitos. También tiene un efecto calmante: el lamido forma parte de su repertorio natural para reducir el estrés y recuperar la tranquilidad después de una situación que les genera tensión.
Su rutina de cuidado tiene otra característica interesante: es constante. No esperan a necesitar una intervención puntual, sino que incorporan el aseo a su actividad diaria. Del mismo modo, alternan periodos de actividad con largos momentos de descanso. No se trata de pereza, sino de una gestión inteligente de la energía, una estrategia propia de un depredador que, incluso viviendo en casa, conserva muchos de sus comportamientos naturales.
También resulta llamativa la forma en que respetan sus propios ritmos. Un gato suele comer cuando tiene hambre, descansar cuando lo necesita y buscar o evitar el contacto según cómo se encuentre. Esa capacidad para responder a sus necesidades sin forzarlas forma parte de su equilibrio cotidiano.
El cuidado, además, tiene una dimensión social. Cuando dos gatos mantienen una buena relación es frecuente que se acicalen mutuamente, un comportamiento conocido como allogrooming. Más que una cuestión de limpieza, es una forma de reforzar el vínculo y generar confianza entre ellos.
Quienes conviven con gatos pueden trasladar esa idea a los cuidados cotidianos que estos requieren. Revisar el estado de los ojos y los oídos, mantener el pelaje limpio o proteger las almohadillas cuando es necesario son gestos sencillos que contribuyen a su bienestar. Conviene también revisar el estado de la piel, apartando el pelo para comprobar que no hay rojeces, costras ni zonas irritadas, ya que es la mejor forma de detectar a tiempo pequeñas alteraciones antes de que se conviertan en un problema.
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Para ello existen productos formulados específicamente para la piel y el pelaje felinos, como limpiadores para ojos y oídos, champús en seco o bálsamos para almohadillas. Marcas como PSH han desarrollado gamas específicas para gatos con formulaciones adaptadas a sus necesidades y con ingredientes respetuosos con su piel. La marca cuenta, además, con una línea diseñada especialmente para problemas dérmicos, uno de los motivos más frecuentes de consulta veterinaria. Se trata, en todos los casos, de productos testados por veterinarios y formulados junto a ellos, lo que avala su eficacia y ofrece una garantía añadida de seguridad.
Quizá esa sea la principal enseñanza que nos ofrecen los gatos: el cuidado no suele depender de grandes acciones, sino de pequeños hábitos repetidos cada día. En ellos forma parte de su comportamiento natural; en nosotros, muchas veces, requiere un esfuerzo consciente.
El Día Internacional del Gato es una buena ocasión para recordar la importancia de esos cuidados cotidianos, tanto los que ellos se dedican instintivamente como los que nosotros podemos proporcionarles para contribuir a su bienestar.