10 de septiembre, 2026 - 06h30
El nombre en español de dichas islas proviene de una adaptación del término francés iles Malouines, en honor a los marinos de la ciudad portuaria de Saint Malo, ubicada en la región francesa de Bretaña, al pie del canal de la Mancha, de la cual eran originarios quienes acompañaron en su viaje al explorador francés Louis Antoine de Bougainville, quien fundó en 1764 el primer establecimiento permanente de Port Louis en aquellas distantes islas del Atlántico sur.
Cuando España en 1767 asumió el control de las islas, adoptó el nombre españolizado de islas Malvinas. Francia cedió la soberanía de las islas a España, como consecuencia de la protesta formal española, por considerar que ese archipiélago le pertenecía como parte integral de sus dominios americanos y eran parte de la Patagonia y sus rutas hacia el Pacífico por cabo de Hornos.
Francia decidió no litigar ni confrontar con España; ambas naciones estaban gobernadas por miembros de la Casa de los Borbones y existía el Tercer Pacto de Familia de 1761. El traspaso efectivo ocurrió el 2 de abril de 1767, cuando España rebautizó Port Saint Louis con el nombre de Puerto Soledad, bajo jurisdicción administrativa del Virreinato del Río de la Plata.
Previamente, en 1690, el navegante inglés John Strong las había bautizado como Falkland Islands, en honor de Anthony Cary, vizconde de Falkland. En el siglo XVIII, tanto Francia como Gran Bretaña establecieron asentamientos remotos en estas islas. En 1774, Gran Bretaña retiró su pequeña guarnición, por su lejanía y razones económicas; le resultaba muy complejo y costoso mantener su control.
En 1820, Argentina –ya independiente– tomó posesión de las islas y creó una comandancia política y militar bajo su jurisdicción. No obstante, en enero de 1833, una fuerza naval británica reconsideró y expulsó por las armas a las autoridades argentinas, retomando el control del archipiélago. Desde esa fecha ha retenido su control, mayormente por razones geopolíticas.
En 1982 se produjo la guerra de Argentina contra Inglaterra por lograr el control de las islas, llevando la peor parte el país sudamericano. Desde el fin de esa guerra, el Reino Unido reforzó la defensa militar de ellas. Previamente, la ONU habría aprobado la Resolución 2065, reconociendo la existencia de una disputa de soberanía e invitó a ambos Gobiernos a negociar una solución pacífica, sin que hasta la fecha haya sido posible conseguirlo.
Si consideramos que la fuerza no da la razón a quien la ejerce, Inglaterra no la tuvo, tampoco justificación cuando se apoderó por las armas de dichas islas. Considerando que hoy habitan cerca de 3.600 personas que gozan de nacionalidad británica, un arreglo amistoso debiera ser que la soberanía sea compartida entre ambas naciones, que sus ciudadanos tengan derecho a portar ambos pasaportes a su elección y a residir con iguales derechos en ellas. Un terreno neutral, donde todos puedan colaborar, convivir y desarrollar en paz todos sus recursos, en especial explotar el potencial ganadero, turístico y petrolero, que será cada vez más importante en esa región. (O)