“Perdón, tengo fragmentación cognitiva. Mi marido ha muerto hace poco. Siento que todo está fuera de lugar: la casa, la cama y mi cuerpo”
En tan sólo 384 páginas, Siri Hustvedt, por medio de correos electrónicos, entradas a sus diarios, cartas, y algo parecido a la confesión, intenta contener un tiempo que no cesa de transformarse. Historias de fantasmas (Seix Barral, 2026) es una suerte de despedida y también un homenaje a su esposo, el famoso escritor Paul Auster, quien murió de cáncer en abril del 2024. Desde entonces, ella vive entre fantasmas, el de Paul, quien le dijo que deseaba volver convertido en uno para visitarla, pero también el fantasma de ellos dos, el “nosotros” que construyeron durante cuarenta y tres años, desde aquella noche del bar cuando ella lo vio y pidió que se lo presentaran, el taxi que compartieron y la primera noche que pasaron juntos, la nota que él dejó, la llamada telefónica, el departamento sucio de Paul, quien estaba separado de su mujer y tenía un hijo pequeño, Daniel, y ya escribía La invención de la soledad. Siri tenía 26 años y había dejado su pueblo en Minnesota, para vivir en Nueva York. También reconstruirá el tiempo que estuvieron separados, tan solo unos días, decisivos, en los que ella le escribió dos cartas con las que él volvió y le pidió vivir juntos, y ella dijo que sí, pero tenían que casarse. “¿Y si no te hubiera conocido?” pregunta él. Y si no es una forma de retar al destino. Se conocieron y tuvieron una hija, Sophie, que sería cantante, se casaría con Spencer y tendrían a Miles, quien nacería unos meses antes de que Paul muriera.
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Crédito: Seix Barral
Entre la noche del bar y el día en que Paul muere en su biblioteca acompañado por su hija, su yerno y su mujer, quien le dice nos hemos divertido mucho mientras le sostiene la cabeza aún caliente —porque la cabeza es la última parte del cuerpo que se enfría— están los días, las palabras, la complicidad, los sillones verdes donde se leyeron en voz alta uno al otro cada uno de sus libros, están las casas en que vivieron, sus ideas políticas, los amigos como Salman Rishdie y Don DeLillo, quienes se fueron a despedir de Paul cuando su muerte ya era inminente. Está la niñez de Sophie y Daniel, la historia de cada uno. La tristeza de Paul por su hijo, quien murió en el 2022 de una sobredosis a los 44 años, un mes después de que muriera su hija de diez meses de la misma forma. Está el ataque a las Torres Gemelas, la pandemia de covid, el presidente 45, como ellos le llaman, las recientes guerras: Ucrania, Gaza. Los libros que Paul escribió, más de treinta, está Siri, quien tuvo que deshacerse de la sombra de su esposo y encontrar un lugar como escritora en el mundo literario. Están las noches que se quisieron, la complicidad, el léxico familiar (del que hablaba Natalia Ginzburg), ese lenguaje propio de aquellos que son muy cercanos. Está la enfermedad de Paul, cada día desde que comenzaron las fiebres, el tumor: su casi desaparición, su regreso, la metástasis. La esperanza, el desencanto, la aceptación y el duelo. Siri debe vivir sin él.
El día del funeral, ella decide dormir un poco y él vuelve como prometió. Ella lo sabe, no hay nada que explicar. También hay un olor a tabaco y un recuerdo en cada parte de la casa, de la calle, del tiempo. “Los muertos no están en el tiempo”, dice Siri, quien debe vivir entre todos los tiempos y sus formas. Con las transformaciones de quienes mueren y en esa muerte no dejan de revelarse.
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Cuando muere alguien tan cercano, el mundo deja de parecerse a sí mismo. De pronto todo está en el mismo sitio: el pasado, es decir, la historia que se impone, y también el presente: la ausencia que lo abarca todo, del mismo tamaño que el pasado y el dolor: El duelo es la imposibilidad y el deseo de que vuelva quien desapareció: “Quiero que vuelvas”, grita Siri a Paul al encontrar los arañazos sobre el piso de la cocina que él hizo al arrastrar la silla y a ella tanto molestaba. En el presente son parte del fantasma de Paul, como las palabras y los gestos heredados. El duelo también es la conciencia de todos los NO. Después de la muerte de su esposo, ella hace un viaje fuera de Nueva York para recibir un premio, al regreso, ya en el taxi comienza a decirse a sí misma que Paul no la va a estar esperando en alguna habitación, que ella no le contará que cenó con tal, del viaje, de los otros. Eso es que muera alguien, saber de manera dolorosa que ya no existirán las pequeñas cosas que construyen la cotidianidad de ese “nosotros”. No se irán juntos a la cama, no sentirá el calor de su cuerpo, no lo escuchará escribir, andar por la casa, no la buscará más para decirle que tiene que leerle lo que lleva escrito porque si no, no puede continuar. No habŕa otra cita en los sillones verdes.
Siri habla de un libro donde el autor compara la muerte de un ser querido con la amputación de un miembro. Ella es una Siri amputada de Paul, que sin embargo está en ella, que se integra, de la misma manera que ella está un poco muerta. Pero la parte que él asumió de Siri está ya algunos metros bajo tierra.
El libro va de un lugar a otro e intenta recuperar los detalles que conformaron a su esposo y la historia de ambos. ¿Quién era Paul Auster? El esposo cariñoso, que la respetaba y admiraba, el padre de Sophie, de Daniel, el abuelo de Ruby y de Miles, el suegro de Spencer. El escritor famoso, el amante del beisbol. ¿Quienes somos al morir? Los recuerdos que otros tengan de nosotros, las frases que ellos salven y repitan, el relleno para el pavo que tanto le gustaba a Paul, el gorro encontrado en un cajón, el que cubrió la calvicie de Paul durante el tratamiento, las novelas, todas esas letras e invenciones, las notas que les escribió a los otros, las cartas al nieto, donde además de contarle cómo va el mundo, está ahí, invisible, el deseo de no morir. Somos otra forma del tiempo.
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Hace unos días, el 4 de junio, se dio la noticia de la muerte de Marjane Satrapi, autora de Persépolis, Bordados, Pollo con ciruelas… Murió un año después que su esposo. La familia dijo que murió de tristeza. El padecimiento se relaciona con el síndrome del corazón roto (miocardiopatía por estrés), causada por un dolor emocional o físico muy fuerte.
Un año después de la muerte de Paul, Siri encontró la forma de “recordar hacia delante” y llevarlo con ella en “el centro de su corazón” mientras siga viva.