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Las cataratas de Reichenbach, en la ciudad suiza de Meiringen, son unas de las más altas de los Alpes. Se trata de una sucesión de cascadas, la más impresionante de las cuales tiene 250 metros de caída. Una belleza de la naturaleza.
Sin embargo, es más que posible que este enorme escalón del río Aar no hubiera sido más que uno de los muchísimos atractivos paisajísticos del país helvético de no ser porque a sir Arthur Conan Doyle le hubiera dado por poner el dedo sobre su nombre en un mapa. Allí fue donde el escritor británico imaginó una feroz pelea entre el más afamado de los detectives de la literatura mundial, Sherlock Holmes, y su despreciable némesis, el profesor James Moriarty, en el relato El problema final.
El pasaje final del libro presenta a los desolados lectores cómo Holmes y Moriarty, fruto de un enconado combate, caen desde lo alto de las cataratas y mueren. Así quiso el escritor acabar con las andanzas de unos personajes de los que ya estaba harto. Sin embargo, la reacción de sus lectores fue tan furibunda que se vio obligado a rectificar y, en La casa deshabitada, hacerlo reaparecer, aclarando que no había fallecido, sino que había aprovechado para tomarse unos años sabáticos y darse una vueltecita por el Tíbet.
Miles los peregrinos que cada año acuden a Reichenbach para ver in situ dónde (falsamente) murió
La potencia del personaje de Sherlock Holmes, sin embargo, es de tal magnitud que son miles los peregrinos que cada año acuden a Reichenbach para ver in situ dónde (falsamente) murió su (falso) investigador preferido. Y, por supuesto, nadie se resiste a hacerse un selfie junto a la estatua de Holmes, tocado con su característico sombrero deerstalker, fumando su pipa y con las piernas cruzadas, pensativo.

El monumento está —sorpresa— frente al Museo Sherlock Holmes de la ciudad de Meiringen, término al que pertenecen las cataratas. La sala, a falta de otros elementos, se centra en poner en contexto histórico cómo era la delincuencia en el Londres de finales del siglo XIX y principios del XX y cómo todavía Scotland Yard utiliza algunos de los métodos deductivos del sagaz Holmes.
Sin embargo, Holmes, como Moriarty ya sabía, es invencible y sigue siendo el principal imán para los visitantes, que desean subir hasta las cataratas e incluso intentar adivinar desde qué punto exacto cayeron el detective y Moriarty y cómo podrían haber sobrevivido, algo tan improbable como todo lo demás. Pero para eso es literatura de ficción.
No hay que ser tan perspicaz como Sherlock para adivinar a qué hacen referencia prácticamente todos los souvenirs que se encuentran en las tiendas de Meiringen.
Meiringen, situada muy cerca del lago Brienz, se halla a 50 km de Lucerna y a 100 de Zúrich, en un corto viaje por las eficaces carreteras suizas. Desde ambas ciudades también se puede acceder en una combinación de tren y autobús, ambos igualmente impecables. Para llegar a las cataratas de Reichenbach se puede utilizar el venerable funicular, que funciona desde 1899, o bien seguir a pie un empinado sendero.
Es imprescindible llevar chubasquero, pues los saltos de agua generan mucho espray en el ambiente.