Foto de archivo de un hombre protegiéndose del calor por las calles de Sevilla, a de mayo de 2026 (María José López / Europa Press)

Foto de archivo de un hombre protegiéndose del calor por las calles de Sevilla, a de mayo de 2026 (María José López / Europa Press)

Un fantasma recorre Europa. Los veranos con temperatura extremas, como el que estamos viviendo este 2026, “podrían convertirse en la norma”, según ha alertado la propia Comisión Europea. Desde las juntas de los raíles derretidas por el calor en Leipzig (Alemania) hasta los 40 grados alcanzados en países como Austria o República Checa, las sofocantes temperaturas están llevando al límite a un continente que se calienta a una velocidad de vértigo.

Durante la ola de calor de junio, Francia registró su día más caluroso desde que existen datos, mientras que Alemania ha cifrado en más de 5.000 las muertes en ese momento. En España, el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) contabiliza en 1.667 las defunciones vinculadas al exceso de temperatura desde el inicio del periodo estival, que este sistema sitúa en el 15 de mayo, coincidiendo con la activación del Plan Calor por parte del Ministerio de Sanidad.

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El sistema MoMo, desarrollado por la Unidad de Vigilancia de la Mortalidad diaria del Centro Nacional de Epidemiología (CNE), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, no es un registro de muertes reales, sino que elabora una proyección estadística cruzando las temperaturas y la mortalidad diaria observada con la esperada para ese periodo de tiempo (lo que se conoce como ‘sobremortalidad’).

La gente se refresca en la fuente del Trocadero, frente a la Torre Eiffel, mientras las temperaturas suben en París durante una ola de calor que afecta a gran parte de Francia, 23 de junio de 2026. (REUTERS/Abdul Saboor)
La gente se refresca en la fuente del Trocadero, frente a la Torre Eiffel, mientras las temperaturas suben en París durante una ola de calor que afecta a gran parte de Francia, 23 de junio de 2026. (REUTERS/Abdul Saboor)

El golpe de calor es un aumento incontrolado de la temperatura debido a un fallo de los mecanismos termorreguladores del cuerpo. “La mortalidad supera el 10-30 %, incluso con un tratamiento adecuado, por lo que es importante la rapidez en identificarlo y en iniciar el tratamiento”, relata a este medio la doctora María Filomena Alonso Morales, médica de familia y miembro del Urgencias y Atención Continuada (GUAC) de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

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Sin embargo, estas alarmantes cifras de muertes no se deben, en su mayoría, a los golpes de calor. Es decir, que no se explican de forma directa por las altas temperaturas, sino que “el mayor impacto atribuible a las olas de calor se relaciona con el agravamiento de otras patologías ya existentes, fundamentalmente cardiovasculares y respiratorias”, explica para Infobae la doctora Cristina Linares Gil, investigadora científica y Codirectora del Departamento de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano de la Escuela Nacional de Sanidad en el Instituto de Salud Carlos III.

Según explica Linares, los efectos del calor ocurren normalmente a muy corto plazo, desde el mismo día que se produce la ola de calor hasta 4 o 5 días después. Además, “se ha encontrado asociación entre el incremento de las temperaturas y el número de partos que se producen, así como con el número de nacidos con bajo peso y partos prematuros”. Por esta razón, las mujeres embarazadas deben considerarse también un grupo de especial riesgo en olas de calor, así como quienes trabajan en el exterior o las personas que realizan ejercicio al aire libre durante las horas más calurosas del día.

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Sin embargo, el grupo más susceptible a estas temperaturas extremas son las personas mayores de 65 años, en especial las mujeres mayores de 75 años, y las personas que ya padecen una enfermedad. De todos ellos, “la población anciana que fisiológicamente ya padece una peor termorregulación y además se encuentran polimedicadas en la mayoría de los casos” se encuentran en especial riesgo.

Foto de archivo de una mujer refugiándose del sol con un paraguas, a 6 de julio de 2026, en Madrid (Jesús Hellín / Europa Press)
Foto de archivo de una mujer refugiándose del sol con un paraguas, a 6 de julio de 2026, en Madrid (Jesús Hellín / Europa Press)

No todos los organismos ni todas las enfermedades responden de igual forma cuando el mercurio alcanza o sobrepasa los 40 grados. La diabetes u otras patologías endocrinas; la hipertensión e insuficiencia cardiaca; el asma o EPOC; la insuficiencia renal y cálculos renales; la enfermedad de Parkinson, epilepsia, demencia y depresión; las enfermedades agudas como diarrea; las discapacidades físicas o cognitivas o la obesidad son condiciones de salud preexistentes que deben atenderse con especial cuidado cuando llegan los meses calurosos del año.

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Además de las personas de riesgo (ancianos, personas con enfermedades crónicas, niños pequeños, embarazadas), la experta del Instituto de Salud Carlos III recuerda que “las personas mayores o enfermas que viven solas deben ser visitadas de forma diaria”.

“Si una persona utiliza o requiere medicamentos, debe además consultar con su médico sobre los efectos del calor extremo y de los medicamentos”. Ciertos fármacos, como los diuréticos, los anticolinérgicos, antipsicóticos, anticonvulsionantes, antidepresivos… pueden reaccionar a las altas temperaturas y empeorar la dolencia que pretenden tratar.

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Cómo combaten la ola de calor quienes trabajan bajo el sol

Cuando nuestro organismo detecta un exceso de temperatura, el hipotálamo, como si de una especie de termostato central se tratase, activa una serie de mecanismos para perder calor. Es entonces cuando se produce la vasodilatación: “Los vasos sanguíneos de la piel se dilatan, el flujo de sangre hacia la superficie aumenta y el calor se disipa al exterior”.

A ello se suma la sudoración gracias a la acción de las glándulas sudoríparas, por las que el agua se evapora sobre la piel; “este proceso enfría el cuerpo eficazmente”. Además, el “el ritmo respiratorio aumenta ligeramente, se expulsa aire caliente y húmedo y se inhala aire más fresco”.

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Tanto para prevenir el golpe de calor como el empeoramiento de condiciones de salud preexistentes, la doctora Alonso Morales recuerda llevar una hidratación regular, evitar la actividad física en las horas de más calor, usar ropa ligera y transpirable y buscar ambientes frescos. Para las personas mayores, propone “mantener una hidratación programada, aunque tenga que ponerle una alarma”.

En el caso de pacientes con enfermedades cardiovasculares es crucial ”consultar posibles ajustes de la medicación para evitar bajadas de tensión y deshidratación“, así como para los pacientes con enfermedad renal, que han de “mantener el equilibrio entre hidratación y así evitar la sobrecarga de agua en el organismo por sus problemas al eliminarla por el riñón”.

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