
El hallazgo de la tortuga marina Lucky en las costas de Nueva Escocia sorprendió tanto a residentes como a científicos. La pequeña Kemp’s ridley, la especie más amenazada del mundo, fue encontrada viva en octubre por Michelle Pope, vecina del lugar, pese a las bajas temperaturas del Atlántico canadiense.
Diversos especialistas, consultados por la revista National Geographic, señalan que la presencia de ejemplares tan al norte, lejos de su hábitat habitual en el Golfo de México, es inusual. Lucky fue la única sobreviviente entre nueve tortugas documentadas en la región durante la temporada 2025–2026.
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Expertos como Brian Stacy, del Programa Nacional de Tortugas Marinas de la NOAA, consideran intrigante la frecuencia y regularidad crecientes de estos episodios de aturdimiento por frío. Según Kathleen Martin, directora de la red canadiense Canadian Sea Turtle Network, estos casos seguirán en aumento a medida que las tortugas aparecen más allá de su límite septentrional histórico.

En la última temporada, más de 770 tortugas marinas quedaron aturdidas en el noreste de Estados Unidos y Canadá, la mayoría juveniles de Kemp’s ridley. El fenómeno plantea desafíos para la conservación de la especie.
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Las tortugas marinas como la Kemp’s ridley dependen de la temperatura ambiental para regular su metabolismo. Cuando la temperatura del agua desciende por debajo de los 10 ℃, se vuelven vulnerables a la hipotermia, fenómeno conocido como cold-stunning.
En ese estado, la temperatura interna cae, los músculos fallan y el corazón late más lento, quedando incapacitadas para nadar o sumergirse. Las corrientes y mareas pueden entonces arrastrarlas hasta la orilla, donde quedan varadas.
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Especialistas consultados por National Geographic explican que la combinación de océanos más cálidos y corrientes cambiantes desplaza a los juveniles al norte, donde el frío repentino los sorprende. Tradicionalmente, estos eventos se concentraban en Cape Cod, Massachusetts, pero en los últimos años ya se documentan en Canadá.
En solo dos décadas, los casos en Massachusetts pasaron de 140 a más de 700 tortugas al año, y en Canadá crecieron a 17 en 2023–2024 y nueve en 2025–2026. La expansión geográfica del fenómeno evidencia riesgos para la especie.
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El rescate de Lucky inició una carrera contra el tiempo. Al ser hallada, la tortuga fue entregada a la red canadiense Canadian Sea Turtle Network, que le administró líquidos, antibióticos y un proceso de calentamiento gradual, pasos claves para estabilizar a un ejemplar en ese estado. Una vez estabilizada, fue trasladada al Atlantic Veterinary College bajo la supervisión de la doctora Lara Cusack para continuar su recuperación.

Según la doctora Cusack, Lucky llegó muy delgada, con el caparazón cubierto de lesiones y una infección bacteriana confirmada. El mayor reto inicial fue lograr que comiera, ya que la negativa a alimentarse es señal de estrés grave.
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Poco a poco, Lucky comenzó a ganar peso y mejoró su apetito, primero con calamar y luego con camarones. Tras meses de cuidados, fue apta para ser liberada en aguas cálidas en las Bahamas, tras pasar por una última etapa de cuarentena y observación.
El cambio climático, al provocar el calentamiento de los océanos, está alterando las rutas migratorias de las tortugas marinas. El mar más cálido empuja a los juveniles hacia el norte, donde quedan atrapados por el frío repentino al llegar el otoño. Margaret Lamont, bióloga del Servicio Geológico de Estados Unidos (US Geological Survey), señala que este fenómeno es complejo y no puede explicarse solo por la temperatura. Influyen también sistemas meteorológicos y corrientes oceánicas.
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Kathleen Martin anticipa que cada año se documentan casos más al norte del límite histórico de la especie. La última estimación de la población de Kemp’s ridley, realizada en 2019, era de unos 22.000 ejemplares, aunque el número actual se desconoce. Para una especie vulnerable, la pérdida de cientos de individuos cada cinco años puede ser grave. El cambio climático aparece como un factor central en el aumento de estos episodios.
El caso de Lucky refleja la necesidad de una respuesta coordinada entre la comunidad local y los científicos. Cuando una tortuga marina aturdida por el frío es hallada, devolverla al mar puede ser fatal, ya que requiere un proceso de calentamiento controlado y atención veterinaria. La actuación de Michelle Pope, quien contactó a rescatistas en vez de devolver a Lucky al agua, fue decisiva para su supervivencia.
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La investigación sobre las causas y los patrones de desplazamiento de estas tortugas depende de la colaboración entre redes de rescate, centros veterinarios y biólogos. Científicos como Margaret Lamont están combinando herramientas de seguimiento satelital y análisis genético para comprender mejor el trayecto y el origen de los ejemplares varados. El rastreo de juveniles en aguas abiertas sigue siendo un reto para la ciencia actual.