La Reserva Federal de Estados Unidos subió este miércoles su tasa de interés de referencia un cuarto de punto porcentual, hasta un rango de entre el 3,75% y el 4,00%, en la primera decisión de política monetaria bajo el mando de Kevin Warsh, el nuevo presidente del banco central designado por Donald Trump con la expectativa de que impulsara recortes. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) votó por unanimidad a favor del incremento, el primero desde julio de 2023.
La medida llega en momentos en que la inflación se mantiene por encima del objetivo del 2% fijado por la Fed, presionada por los aranceles comerciales de Trump, la crisis energética derivada de la guerra en Irán y el gasto vinculado al desarrollo de centros de datos para inteligencia artificial. El banco central tomó la decisión para frenar una inflación que persiste por encima del 3% y que, según sus propias proyecciones, no volverá a la meta del 2% hasta 2029.
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En su comunicado tras concluir una reunión de dos días, la Fed sostuvo: “La medida de política monetaria de hoy favorecerá un retorno más rápido al objetivo del 2% del Comité”. El texto describió una economía en expansión sólida, con crecimiento robusto de la productividad y la inversión de capital, y un mercado laboral que “ha mantenido el ritmo con la fuerza de trabajo”, mientras el desempleo se mostró prácticamente sin cambios.
Las nuevas proyecciones difundidas mostraron que 16 de los 18 funcionarios que presentaron pronósticos esperan al menos una subida adicional de un cuarto de punto antes de que termine el año, frente a los seis que en junio anticipaban dos aumentos. Solo dos integrantes del comité consideran que las tasas se mantendrán estables desde ahora.
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El pronóstico mediano para fines de 2026 subió a 4,1%, desde el 3,8% previo, lo que refleja un respaldo creciente a una serie de aumentos. Para 2027 la mediana no contempla nuevas subidas, aunque ocho responsables de política monetaria se inclinan por otro cuarto de punto adicional hacia fines de ese año. Como ya había ocurrido en junio, Warsh volvió a no presentar su propia proyección de tasas, por lo que el ejercicio incluyó a 18 de los 19 miembros del organismo.
El comunicado también omitió una referencia previa que atribuía la inflación elevada a “perturbaciones en la oferta”, en particular del sector energético, un cambio que refleja la preocupación de varios funcionarios, entre ellos Warsh, de que las presiones sobre los precios son demasiado generalizadas para dar tranquilidad.
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La decisión desafía abiertamente los reclamos de Trump, quien había prometido bajar los precios durante su mandato y presionó de forma reiterada para que la Fed redujera las tasas.
Warsh, de 56 años, ya había sido gobernador de la Fed entre 2006 y 2011 y regresó a la entidad en mayo, tras un año en el que Trump presionó al banco central de maneras sin precedentes recientes. El mandatario criticó en reiteradas ocasiones al antecesor de Warsh, Jerome Powell, por negarse a bajar las tasas; intentó destituir a la gobernadora Lisa Cook; y respaldó una investigación penal del Departamento de Justicia contra Powell, que finalmente fue cerrada. Trump había elegido a Warsh en enero para ocupar la presidencia que dejaba Powell, quien continúa en la Fed como gobernador.
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El nuevo titular del banco central prometió fijar las tasas sin considerar factores políticos y anunció que dejará de lado la práctica de anticipar sus próximos pasos, con el argumento de que no quiere que la entidad quede atada antes del momento de decidir. Aun así, muchos inversores interpretaron un discurso que dio el mes pasado en Jackson Hole, Wyoming, como una señal de que se aproximaba una subida.
La suba de esta semana llegó después de que la Fed mantuviera las tasas sin cambios durante cinco reuniones consecutivas este año, mientras esperaba una lectura más clara sobre el comportamiento de la inflación en distintos sectores de la economía. El respaldo a un ajuste se fue consolidando de manera gradual dentro del organismo.
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En la reunión de julio, los responsables de política monetaria habían dejado las tasas sin variantes, pero tres presidentes de bancos regionales de la Fed (Lorie Logan, de Dallas; Beth Hammack, de Cleveland, y Neel Kashkari, de Minneapolis) votaron en disidencia a favor de un incremento. Las minutas de ese encuentro mostraron que varios funcionarios ya consideraban necesario un endurecimiento si la inflación no cedía.
El dato que terminó de inclinar la balanza fue el informe de la Oficina de Estadísticas Laborales difundido la semana pasada, que mostró que la inflación núcleo se aceleró en agosto por encima de lo previsto. Ese resultado alimentó la preocupación de que las presiones inflacionarias se estén expandiendo más allá del efecto temporal de los aranceles y del impacto de la guerra en Irán sobre los precios de la energía. Warsh ya había advertido el mes pasado que la inflación no mostraba una desaceleración significativa, lo que abrió la puerta a este ajuste.
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Antes de la reunión, los inversores asignaban una probabilidad superior al 90% a que la Fed subiera las tasas, según los precios de los futuros sobre fondos federales, y ya proyectaban un nuevo incremento antes de que termine el año. Warsh tenía previsto ofrecer una conferencia de prensa a las 14.30 en Washington tras el anuncio.