Actualizado Miércoles, 16 septiembre 2026 - 20:08

Sin sorpresas. La Reserva Federal de Estados Unidos ha anunciado hoy su decisión de subir los tipos de interés un cuarto de punto, dejando el precio del dinero en un rango entre el 3,75% y el 4% y manteniendo la puerta abierta a una nueva subida antes de que termine el año. Se trata del primer incremento en tres años y el primero con el nuevo presidente de la Fed en el cargo, un Kevin Warsh que llegaba señalado como el hombre de Donald Trump para acometer una rápida bajada de tipos de interés y que se ha visto obligado a hacer todo lo contrario.

"La inflación se mantiene elevada", señalaron desde la Fed en un breve comunicado posterior a la reunión. "La medida de política adoptada hoy favorecerá un retorno más rápido al objetivo del 2% fijado por el Comité. El Comité garantizará la estabilidad de precios".

Wall Street reaccionó con un repunte de sus principales valores tras una semana de altibajos en el mercado. Era, sin duda, una noticia esperada y digerida desde hacía tiempo por el parqué neoyorquino por el estado actual de la inflación (3,4%), muy lejos aún del 2% que se ha marcado como objetivo el banco central estadounidense. Jerome Powell, el antecesor de Warsh al frente de la Fed, había logrado acometer el tan cacareado aterrizaje suave (soft landing, inglés) de la economía, es decir, frenar la inflación subiendo los tipos de interés sin provocar una recesión.

Hasta seis veces rebajó Powell el precio del dinero en sus últimos años de gestión, pero el conflicto en Oriente Próximo de EEUU e Israel con Irán y las extravagantes políticas arancelarias de Trump han descarrilado por completo el plan. Con el precio del barril por encima de los 100 dólares y los precios de la gasolina disparados en Estados Unidos, Warsh se ha visto obligado a subir los tipos para evitar males mayores a corto y medio plazo. Según escribió Michael Gapen, economista jefe de Morgan Stanley en Estados Unidos, no haberlo hecho habría conllevado "el riesgo de perder credibilidad y de un posible aumento de las primas de riesgo a largo plazo".

La decisión es un golpe para los opciones del Partido Republicano de cara a las elecciones de medio mandato en noviembre, donde se dirime el control del Congreso. Casi la mitad de los estadounidenses considera que el estado de la economía es "malo" y el descontento con los precios de la canasta básica familiar y la gasolina es generalizado. En estados como California se paga una media de seis dólares por galón y el diésel ha subido hasta los ocho dólares, lo que está teniendo un efecto directo en los precios de los alimentos.

Una subida de tipos de interés se traduce directamente en hipotecas más elevadas —con los préstamos a 30 años por encima del 7% actualmente—, o en pagos de tarjeta de crédito más caros, por ejemplo, añadiendo aún más presión sobre una clase media cada vez más debilitada financieramente.

El otro caballo de batalla para el Gobierno de Trump son los bonos, cuyo mercado vive su momento más tenso en casi dos décadas. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años tocó el martes un máximo intradía del 5,03% —niveles que no se veían desde 2007, el año previo al colapso de Lehman Brothers—, mientras el bono a 30 años rozaba el 5,35% y la referencia a dos años, mucho más sensible a la política monetaria inmediata, escalaba hasta el 4,69%, su nivel más alto desde julio de 2024. Trump, a través del secretario del Tesoro Scott Bessent, ha intentado frenar la escalada con un arma poco habitual fuera de tiempos de crisis: la recompra de deuda pública a largo plazo.

Las críticas desde el Partido Demócrata han sido constantes en los últimos días ante el panorama económico actual. Elizabeth Warren, la senadora demócrata por Massachussets, acusó a Trump de estar "provocando un aumento de los costos tan grande que incluso su títere en la Reserva Federal podría subir las tasas de interés. Si Trump pusiera fin a su guerra con Irán y revirtiera sus caóticos aranceles, la inflación no sería tan alta como hoy, y la Reserva Federal podría estar planteándose incluso bajar las tasas".

Warsh ya había dado una pista en agosto sobre sus intenciones durante el simposio económico anual de Jackson Hole, en Wyoming. Entonces expresó su preocupación por los altos niveles de inflación y dejó la puerta abierta a una intervención si era necesario. "Debemos tener la certeza de que la inflación subyacente se dirige hacia nuestro objetivo, de forma clara y a un ritmo suficiente. De lo contrario, tenemos trabajo pendiente", indicó. "Esa es nuestra labor, nuestro mandato y nuestra responsabilidad".