
En los últimos años, la figura de Simone Weil ha vivido una suerte de redescubrimiento, especialmente entre las nuevas generaciones. Incluso Rosalía se ha declarado su fan. Tanto que parte de Lux, su último disco publicado a finales del año pasado, está inspirado en Weil. Meses antes, ya mostró en sus redes La gravedad y la gracia, una de las recopilaciones póstumas más conocidas de la filósofa.
Nacida en París en 1909, fue filósofa, profesora, activista política y, durante la última etapa de su vida, una pensadora profundamente interesada por el misticismo y la experiencia religiosa. Su filosofía resulta difícil de separar de su propia biografía: trabajó en fábricas para conocer las condiciones de los obreros y en 1936 viajó a España, donde participó brevemente en la Guerra Civil uniéndose a la Columna Durruti en el Frente de Aragón.
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Esa preocupación por mirar verdaderamente al otro atraviesa buena parte de su pensamiento. De hecho, está detrás de una de sus frases más conocidas: “La atención es la forma más rara y pura de generosidad”.
Weil la escribió el 13 de abril de 1942 en una carta dirigida al poeta francés Joë Bousquet, quien había quedado paralizado después de recibir un disparo durante la Primera Guerra Mundial. En la misiva, la filósofa manda a su amigo casi todo el tercer acto de una obra de teatro que estaba escribiendo, Venecia salvada.

Ante el temor que le daba morir —falleció un año después, a los 34, por tuberculosis—, le pidió a Bousquet que guardara este trabajo. “No sé si existe algún interés en que estas cosas permanezcan. No quisiera dejarme llevar hasta creerlo. Pero, por si acaso, quiero haber hecho lo necesario. Naturalmente, no le pido nada más respecto a ellas que guardarlas en su casa”, le escribió.
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Así, Weil le agradece la atención que había prestado a unas páginas que le había enseñado anteriormente. “Me ha conmovido mucho comprobar que verdaderamente había prestado atención a las pocas páginas que le mostré. No deduzco de ello que merezcan atención. Considero esa atención como un don gratuito y generoso por su parte”. Y así es como introduce la frase citada: “La atención es la forma más rara y más pura de la generosidad”. La correspondencia entre ambos fue publicada posteriormente y la frase aparece recogida en Correspondance, editada por L’Âge d’Homme en 1982.
Su vida, sin embargo, estaba ya cerca del final. En 1942 abandonó Francia junto a su familia rumbo a Estados Unidos, aunque pocos meses después regresó a Europa para instalarse en Londres y colaborar con la Francia Libre. Su salud, deteriorada desde hacía tiempo, empeoró rápidamente. Murió el 24 de agosto de 1943, con apenas 34 años. Buena parte de la obra por la que hoy es conocida apareció de forma póstuma: La gravedad y la gracia se publicó en 1947 y Echar raíces en 1949. Sus cuadernos, cartas y ensayos terminaron consolidando a Weil como una de las voces filosóficas más singulares del siglo XX.
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