Seis candidatos que compiten por dirigir la ONU participaron de un debate televisado

Seis candidatos que compiten por dirigir la ONU participaron de un debate televisado

La ONU celebró su primer debate público entre los seis candidatos a suceder a Antonio Guterres al frente de la Secretaría General en un momento de profunda crisis de confianza en el multilateralismo, con conflictos sin resolver, un Consejo de Seguridad bloqueado y el reloj del mandato portugués corriendo hacia su fin el 31 de diciembre de 2026.

El encuentro se celebró este jueves en la Asamblea General y reunió por primera vez en formato abierto a los aspirantes al cargo: la expresidenta de Chile Michelle Bachelet; el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi; la exministra de Exteriores de Ecuador María Fernanda Espinosa; la secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), Rebeca Grynspan; la embajadora de Barbados ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, y el expresidente de Senegal Macky Sall.

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La cita forma parte de los esfuerzos por dotar de mayor transparencia al proceso de selección, una práctica instaurada en 2016 que busca que las posiciones de los aspirantes sean conocidas antes de que el Consejo de Seguridad inicie sus consultas internas.

La elección del secretario general sigue un mecanismo en el que la Asamblea General nombra al candidato recomendado por el Consejo. La decisión final está condicionada por los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido—, que tienen poder de veto.

Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Rafael Grossi, Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues Birkett y Macky Sall durante el evento "UN Town Hall: The Next Secretary-General", en Nueva York (REUTERS/Eduardo Munoz)
Michelle Bachelet, María Fernanda Espinosa, Rafael Grossi, Rebeca Grynspan, Carolyn Rodrigues Birkett y Macky Sall durante el evento “UN Town Hall: The Next Secretary-General”, en Nueva York (REUTERS/Eduardo Munoz)

Tras los diálogos públicos, los candidatos deberán afrontar los llamados straw polls, sondeos informales a puerta cerrada que miden el nivel de apoyo de cada aspirante y permiten detectar posibles vetos. Fuentes diplomáticas apuntan a que la decisión podría conocerse a principios de octubre, como ocurrió con la primera elección de Guterres el 13 de octubre de 2016.

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Esas mismas fuentes descartan una extensión del mandato del portugués. Varios países han defendido además que el próximo secretario general sea mujer y proceda de América Latina y el Caribe, región que no ocupa el cargo desde hace más de tres décadas y a la que correspondería el turno según la norma no escrita de rotación regional.

El diagnóstico compartido por los seis candidatos fue contundente: la ONU ha perdido protagonismo en la resolución de los conflictos más serios. Grossi lo formuló con mayor crudeza al señalar que “el mundo registra el mayor número de conflictos armados en los últimos cuarenta años” y que la organización está “ausente de la resolución de los conflictos más graves”.

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Para el director del OIEA, la imparcialidad no equivale a indiferencia. “Es la capacidad de proponer soluciones concretas, escuchar sin condenar, estar presente para resolver un problema”, afirmó, y citó como prueba de que el multilateralismo puede funcionar la presencia de inspectores del organismo en la central nuclear de Zaporizhzhia, en plena zona de guerra en Ucrania.

El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, participa como candidato a la Secretaría General de la ONU (REUTERS/Eduardo Munoz)
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, participa como candidato a la Secretaría General de la ONU (REUTERS/Eduardo Munoz)

Grynspan, por su parte, recurrió a su experiencia en la negociación del acuerdo del Mar Negro para ilustrar que el bloqueo del Consejo de Seguridad no paraliza al secretario general, sino que marca exactamente el punto en que su trabajo debe comenzar. “Precisamente es abrir las posibilidades para el acuerdo el trabajo del secretario general”, sostuvo.

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Bachelet subrayó que el secretario general debe usar todos los instrumentos que le otorga la Carta de la ONU: buenos oficios, enviados especiales, mediación y trabajo conjunto con agrupaciones regionales. “El secretario general no puede rendirse. Tiene que insistir y probar distintas estrategias”, señaló, y añadió que la Asamblea General puede jugar un papel relevante cuando el Consejo está paralizado, a través del mecanismo de Unión pro Paz.

Sall aportó un testimonio directo: tras el inicio de la guerra en Ucrania, viajó a Moscú y a Kiev en representación de la Unión Africana para defender los intereses de un continente de 1.500 millones de habitantes afectado por el bloqueo del puerto de Odesa y la escasez de fertilizantes. “El contacto debe mantenerse de forma permanente, cualesquiera que sean las tensiones”, afirmó.

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La candidata Rebeca Grynspan Mayufis interviene ante representantes diplomáticos durante un foro sobre la elección del próximo secretario general de la ONU (REUTERS/Eduardo Munoz)
La candidata Rebeca Grynspan Mayufis interviene ante representantes diplomáticos durante un foro sobre la elección del próximo secretario general de la ONU (REUTERS/Eduardo Munoz)

Rodrigues-Birkett, que integró la delegación de Barbados en el Consejo de Seguridad durante dos años, fue directa: “El secretario general no tiene el lujo de no intentarlo”, y se comprometió a presentar propuestas al Consejo incluso cuando sus herramientas no sean suficientes.

Todos los candidatos coincidieron en la necesidad de una organización más ágil y eficiente, aunque con énfasis distintos. Grynspan situó el núcleo de la reforma en el terreno, lejos de las dinámicas de las sedes centrales, y reclamó una ONU impulsada por la demanda de los países y no por la oferta de los organismos.

Bachelet apostó por una institución “más delgada pero musculosa”: con menos estructura, pero con mayor capacidad de respuesta. Rodrigues-Birkett subrayó que reformar la ONU debe ir acompañado de movimientos paralelos en las instituciones financieras internacionales, con avances incrementales que amplíen el acceso a financiación concesional para los países en desarrollo.

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Carolyn Rodrigues-Birkett defendió que la reforma de la ONU debe avanzar de forma paralela a cambios en las instituciones financieras internacionales (REUTERS/Eduardo Munoz)
Carolyn Rodrigues-Birkett defendió que la reforma de la ONU debe avanzar de forma paralela a cambios en las instituciones financieras internacionales (REUTERS/Eduardo Munoz)

Sall planteó la necesidad de reformar la arquitectura financiera internacional y combinar financiación pública, inversión privada, filantropía y sociedad civil para crear condiciones de prosperidad compartida. Grossi advirtió que la asistencia oficial al desarrollo cae “a un ritmo dramático” y que ciertos enfoques verticales e ideológicos no están funcionando.

Espinosa definió el cambio climático no como el problema en sí, sino como síntoma de una falta de armonía entre los patrones de producción y consumo. Señaló que la comunidad internacional se aproxima a su 31ª Conferencia de las Partes (COP) con las emisiones todavía en aumento y las naciones insulares y comunidades costeras sin protección suficiente. Su diagnóstico: “Tenemos el conocimiento, las tecnologías y los acuerdos. Lo que falta es implementación”.

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Michelle Bachelet defendió una ONU más cercana a los problemas de las personas y representativa de todos sus Estados miembros (REUTERS/Eduardo Munoz)
Michelle Bachelet defendió una ONU más cercana a los problemas de las personas y representativa de todos sus Estados miembros (REUTERS/Eduardo Munoz)

Grynspan vinculó el clima directamente con la paz y la seguridad, al señalar que la mayoría de los desplazamientos forzados actuales tienen causas climáticas, lo que desestabiliza países y regiones enteras.

En materia de inteligencia artificial, los seis aspirantes rechazaron una regulación vertical impuesta desde arriba. Grossi, desde su experiencia al frente de un organismo técnico, advirtió contra “el optimismo ingenuo y los miedos injustificados” y propuso una plataforma colaborativa para definir reglas de conducta sin frenar la innovación. Espinosa reclamó que “la dignidad humana sea el código fuente de todas las nuevas tecnologías”.

Rodrigues-Birkett señaló que los jóvenes temen que la IA elimine sus empleos y destruya su creatividad, y llamó a aprovechar la sabiduría colectiva de los 193 Estados miembros para construir un marco de gobernanza que equilibre innovación y protección.

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Bachelet describió el objetivo como una ONU que genere confianza porque está más cerca de los problemas reales de la gente y representa genuinamente a todos sus miembros, “los poderosos y los menos poderosos”.

Grynspan quiere ver a la organización de vuelta en la mesa de los conflictos, con una confianza reconstruida y traducida en resultados concretos sobre el terreno.

Michelle Bachelet expone su propuesta para liderar la ONU durante un encuentro con los aspirantes al cargo, en Nueva York (REUTERS/Eduardo Munoz)
Michelle Bachelet expone su propuesta para liderar la ONU durante un encuentro con los aspirantes al cargo, en Nueva York (REUTERS/Eduardo Munoz)

Sall convocó a la generación actual de dirigentes a trabajar “mano a mano” para que la ONU recupere el centro del escenario mundial en el marco de un multilateralismo renovado, con especial atención a los casi 4.000 millones de jóvenes que necesitan educación, formación y empleo.

Grynspan resumió la apuesta de fondo del debate: “En un mundo multipolar, si no tenemos multilateralismo, caminaremos hacia la fragmentación”.