Hay jugadores que todavía tienen el don de sorprender. Y resulta aún más insólito que lo hagan con cierto sentido del humor al prestar su imagen a la publicidad. Es el caso de Marc Casadó: poco más de veinticuatro horas después de hacerse oficial su traspaso al deportivo, TV3 ya emitía durante sus pausas publicitarias un anuncio protagonizado por el futbolista. El mérito de la inmediatez.

Casadó aparece en un salón vacío rodeado de las cajas de cartón típicas de una mudanza. El futbolista, con la expresión compungida y en catalán, explica al espectador: “Soy muy joven, pero ya he aprendido que en la vida todo puede cambiar en un minuto. Hoy toca marcharme”. Una de las cajas todavía no está precintada y se ve lo que hay dentro: una bandera catalana. Casadó coge la senyera y, con firmeza, sigue su discurso: “Pero hay cosas que no son negociables. Vaya donde vaya, siempre llevaré conmigo mi tierra. Así es como soy”. Y remata contundente: “Som Terra. Som orgull. Som així”. El anuncio se cierra con el nombre de la marca catalana de telefonía y el eslogan: “Ets dels nostres”. De fondo suena la suave melodía de una canción tradicional catalana muy popular, terriblemente melancólica y triste: ‘Rossinyol que vas a França’. Es una canción que habla de la nostalgia, de la separación del lugar de origen y del sentimiento de pérdida. La letra hace referencia a una chica que habla con un pájaro para que se convierta en su mensajero. Le pide que mande sus palabras a su madre después de que haya sido arrancada de su hogar contra su voluntad para ser llevada lejos, donde se siente atrapada. La canción habla del vínculo con los orígenes y la añoranza de la tierra amada.

Casadó se está especializando en anuncios donde el lugar de nacimiento tiene un peso específico en el relato. En sus spots de agua envasada ya hablaba de la importancia de las raíces y la identidad. Cada futbolista sabe cómo explotar su potencial narrativo. La campaña exprime al máximo lo subliminal. El jugador asegura que hay cosas que no son negociables después de haber sido objeto de una negociación. Es una forma de despedirse de la afición, esperando que el espectador lea entrelíneas. No hace referencia al club, no expresa decepción ni tristeza, pero su discurso pretende transmitir cierta voluntad de subrayar su fidelidad y su identidad. Lo más gracioso es que Casadó haya unido esfuerzos con una empresa de telefonía para tocar la fibra.